La crisis migratoria registrada en Ceuta volvió a tensar el debate sobre la seguridad de las fronteras europeas y el funcionamiento del Espacio Schengen, uno de los pilares de la integración de la Unión Europea. En ese contexto, Italia analiza reforzar los controles sobre los movimientos de personas dentro del bloque, en línea con otros países que ya mantienen inspecciones temporales en sus fronteras interiores.
Aunque algunos gobiernos europeos endurecieron las verificaciones, no significa el fin del Acuerdo de Schengen ni la imposición de visas entre países miembros. Lo que se restablece de manera excepcional son controles de identidad en determinados pasos terrestres, puertos y aeropuertos por motivos de seguridad o gestión migratoria.
La decisión se produce en un escenario de creciente preocupación por los llamados movimientos secundarios, es decir, el traslado de migrantes desde el país de primera entrada hacia otros Estados de la Unión Europea.
El Código de Fronteras Schengen permite que los Estados miembros restablezcan temporalmente controles en sus fronteras interiores cuando consideran que existe una amenaza para el orden público o la seguridad nacional.
Entre los países que actualmente aplican este tipo de medidas figuran:
Alemania, con controles en sus fronteras con Francia, Austria, Suiza, Polonia, República Checa, Luxemburgo, Bélgica, Países Bajos y Dinamarca.
Francia, que mantiene inspecciones reforzadas en sus fronteras terrestres, especialmente con España e Italia.
Austria, con controles vinculados a la denominada ruta migratoria de los Balcanes.
También aplican medidas temporales otros países europeos como Italia, Dinamarca, Suecia, Noruega, Eslovenia, Países Bajos, Bulgaria y Eslovaquia, entre otros.
Estas restricciones no eliminan la libre circulación, pero sí implican controles adicionales para quienes cruzan determinadas fronteras.
El Espacio Schengen reúne a 29 países europeos y permite la libre circulación sin controles sistemáticos en las fronteras interiores.
Cuando un Estado reactiva controles temporales, los viajeros pueden encontrar:
obligación de presentar DNI o pasaporte;
mayores tiempos de espera en aeropuertos, puertos y pasos terrestres;
inspecciones aleatorias de identidad y equipaje.
En cambio, no cambia el derecho de residencia o trabajo dentro de la Unión Europea, ni se exige una visa para desplazarse entre países Schengen a quienes ya tienen ese derecho.
Mientras varios gobiernos endurecen los controles internos, la Unión Europea avanza con dos herramientas destinadas a reforzar la vigilancia en las fronteras exteriores.
El Sistema de Entradas y Salidas (EES) reemplazará el sellado manual de pasaportes mediante un registro digital con datos biométricos de ciudadanos extracomunitarios.
A su vez, el ETIAS será una autorización electrónica obligatoria para ciudadanos de países que actualmente no necesitan visa para ingresar al espacio Schengen, entre ellos Argentina, Chile, México y Estados Unidos. El permiso se tramitará de forma digital, tendrá un costo reducido y una vigencia de tres años.
Los ciudadanos con pasaporte de un país de la Unión Europea estarán exentos de este requisito.

La Comisión Europea insiste en que los controles internos deben ser excepcionales y temporales. Sin embargo, la presión migratoria, los riesgos vinculados a la seguridad y las diferencias entre los Estados miembros han provocado que cada vez más gobiernos recurran a esta herramienta.
La situación en Ceuta volvió a poner sobre la mesa un debate que atraviesa a toda Europa: cómo preservar uno de los mayores logros de la integración europea, la libre circulación, sin renunciar al control de las fronteras y a la gestión de los flujos migratorios.