Paraguay y Ecuador convirtieron la visita oficial de Santiago Peña a Quito en una agenda bilateral orientada a resultados. Los gobiernos firmaron acuerdos sobre seguridad, extradición, conectividad aérea, licencias de conducir, desarrollo económico femenino y recuperación del patrimonio histórico, bajo una lógica de cooperación práctica entre dos países que buscan ampliar su presencia regional.
El acercamiento entre Peña y Daniel Noboa también posee una dimensión política. Ambos gobiernos comparten la necesidad de fortalecer las instituciones frente al crimen transnacional y de atraer capital privado como motor del desarrollo. La relación deja así de limitarse a los gestos diplomáticos y comienza a incorporar mecanismos concretos de coordinación estatal, movilidad e inversión.
El acuerdo de seguridad prevé intercambio de información, inteligencia y mecanismos de coordinación frente a amenazas comunes. Este punto resulta especialmente relevante porque las organizaciones criminales operan a través de varios países, aprovechan las diferencias legales y trasladan dinero, armas y miembros entre distintas jurisdicciones.
El convenio de extradición busca cerrar esos espacios de impunidad al facilitar la entrega de personas requeridas por la Justicia. A esta cooperación se suma el acuerdo de cielos abiertos, concebido para ampliar la conectividad, favorecer nuevas rutas y crear oportunidades para las aerolíneas privadas, además del reconocimiento recíproco de licencias de conducir.

La agenda económica avanzará en septiembre con la visita a Paraguay del canciller ecuatoriano y una misión empresarial. Durante el encuentro con unos treinta empresarios en Quito se anunció un proyecto superior a USD 200 millones para desarrollar en Asunción un complejo inmobiliario y hotelero de alta gama, una señal del interés privado que comienza a acompañar la aproximación política.

Los acuerdos también contemplan cooperación para impulsar empresas dirigidas por mujeres y recuperar el centro histórico de Asunción mediante la experiencia acumulada por Quito y Cuenca. Paraguay y Ecuador construyen así una alianza integral: seguridad para proteger sus instituciones, conectividad para acercar sus mercados e inversión para transformar la afinidad política en crecimiento económico.