Cada 1 de agosto, millones de argentinos repiten un ritual que combina agradecimiento, protección y esperanza. Sin embargo, detrás de esa costumbre que parece indivisible conviven dos tradiciones ancestrales con orígenes muy diferentes.
Mientras la celebración de la Pachamama pertenece a los pueblos andinos, la caña con ruda nació entre las comunidades guaraníes del litoral y Paraguay, dando lugar con el paso del tiempo a un fenómeno cultural único.
La celebración de la Pachamama tiene sus raíces en las culturas inca, quechua y aymara. Su nombre surge de la unión de los términos Pacha que representa el universo, el mundo y el tiempo y Mama, que significa madre. Agosto marca el final de la estación seca y el comienzo de un nuevo ciclo agrícola, motivo por el cual las comunidades agradecen a la naturaleza por las cosechas obtenidas y piden prosperidad para la nueva siembra.

La ceremonia central es la tradicional corpachada, un acto de reciprocidad con la tierra. Para realizarla se cava un pozo donde se depositan ofrendas como hojas de coca, maíz, chicha y distintos alimentos. El gesto simboliza el agradecimiento por la abundancia, la protección de los animales y el deseo de un año fértil y favorable.
Muy lejos de la cordillera, en la región del litoral y la Mesopotamia, los pueblos guaraníes desarrollaron otra costumbre con un objetivo diferente. Agosto era considerado el mes más difícil del año debido al frío, las lluvias y las enfermedades que afectaban tanto a las personas como al ganado. Frente a ese escenario nació la preparación de caña con ruda, una mezcla entre medicina natural y creencias populares.
La bebida se elabora con ruda macho macerada en aguardiente de caña. Tradicionalmente se toma en ayunas el 1 de agosto para alejar las enfermedades, espantar el mal de ojo, protegerse de la envidia y atraer la buena salud. Según la costumbre familiar, puede beberse en tres tragos, siete sorbos o un único trago largo.
🌎 Cada 1 de agosto se celebra el Día de la #Pachamama
— Billiken (@BillikenOnline) August 1, 2026
🌱 Una tradición ancestral de los pueblos andinos para agradecer a la #MadreTierra por sus frutos y pedir prosperidad para el nuevo ciclo.
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Con el paso de los siglos, ambas prácticas terminaron fusionándose en la cultura argentina. Hoy es habitual que quienes toman caña con ruda también derramen un pequeño chorro sobre la tierra o en una maceta como ofrenda a la Pachamama, combinando en un mismo gesto la protección personal con el agradecimiento a la naturaleza.
Así, dos tradiciones nacidas en pueblos y territorios diferentes confluyen cada 1 de agosto en una celebración que atraviesa generaciones y mantiene vivas las raíces indígenas que forman parte de la identidad cultural del país.