El terremoto de magnitud 4,7 que sacudió el viernes los alrededores de Nápoles no quedó reducido a un episodio sísmico más dentro de una zona acostumbrada a temblar. Su ubicación, en plena caldera de los Campos Flégreos, volvió a instalar una pregunta que inquieta desde hace años: ¿puede esta actividad anticipar una erupción?

El movimiento se produjo a solo tres kilómetros de profundidad y tuvo su epicentro cerca de Pozzuoli, el municipio más afectado. El balance actualizado incluye 26 heridos, cinco de ellos todavía hospitalizados pero en recuperación, además de 144 familias evacuadas. Diez edificios y siete comercios fueron declarados inhabitables mientras continúan las inspecciones.
También se registraron desprendimientos de rocas, daños sobre vehículos, cortes eléctricos y alteraciones en trenes, metro y servicios marítimos. El enjambre iniciado con la sacudida principal reunió preliminarmente 189 terremotos y terminó oficialmente durante el domingo.
La magnitud alcanzada fue la mayor de la actual crisis de bradisismo, el fenómeno que eleva y hunde lentamente el terreno debido a cambios de presión bajo la superficie. La escasa profundidad intensificó el impacto y provocó movimientos excepcionalmente fuertes en algunos puntos.
Los Campos Flégreos no forman una montaña visible como el Vesubio. Se trata de una enorme caldera sobre la que fueron construidos barrios, rutas, puertos y ciudades enteras. Desde 2005 atraviesa una nueva etapa de elevación: hasta marzo de 2026, el suelo de Rione Terra, en Pozzuoli, había subido aproximadamente 1,63 metros, con más de 25 centímetros acumulados desde comienzos de 2025.

Ese proceso está relacionado con fluidos, gases y presiones procedentes del sistema volcánico profundo. Sin embargo, los especialistas remarcaron que un terremoto aislado, incluso de esta intensidad, no prueba una erupción cercana. Para determinar un cambio real deben analizarse en conjunto la sismicidad, la deformación del terreno y las emisiones gaseosas.
Por ahora, el nivel oficial continúa en amarillo, correspondiente a una situación de atención reforzada. No se anunció una fase preeruptiva ni una evacuación general.

El temor también responde a la historia. Durante la crisis bradisísmica de 1982 a 1984, miles de personas debieron abandonar sus viviendas en el centro de Pozzuoli. La última erupción ocurrió en 1538 y formó el cono de Monte Nuovo.
La novedad, entonces, no es una erupción inminente, sino que el sismo expuso el alcance de la crisis actual. Aunque el enjambre terminó, permanecen los evacuados, los edificios cerrados y una población que volvió a preguntarse cuánto tiempo podrá convivir con un suelo en permanente transformación.