Cada vez son más los argentinos que tienen dificultades para cumplir con el pago de un préstamo personal, la tarjeta de crédito o un crédito hipotecario.
El problema ya comenzó a reflejarse en los indicadores de morosidad y responde, principalmente, a una combinación de ingresos que perdieron capacidad de compra y un costo del financiamiento que continúa siendo elevado.
En ese escenario, los especialistas recomiendan no esperar a que la deuda siga creciendo. Antes de caer en mora, es importante comunicarse con la entidad financiera para conocer las alternativas disponibles y demostrar voluntad de pago. En la mayoría de los casos, los bancos cuentan con mecanismos de refinanciación para evitar que el cliente agrave su situación.

En términos generales, una deuda comienza a ser considerada en mora cuando el atraso supera los 90 días, aunque la clasificación puede variar según el producto y la entidad financiera.
A partir de ese momento, el deudor puede quedar registrado con una situación crediticia más riesgosa en la Central de Deudores del Banco Central, lo que dificulta el acceso a nuevos créditos y puede encarecer el financiamiento futuro.
Frente al aumento de la morosidad, las entidades financieras comenzaron a ofrecer distintos esquemas de refinanciación.
Entre ellos se encuentran:
El Banco Nación, por ejemplo, ofrece alternativas tanto a tasa fija como mediante préstamos ajustados por UVA para clientes que necesitan reorganizar sus deudas.

No existe una respuesta única. La decisión depende del costo financiero de cada alternativa y de las expectativas sobre la evolución de la inflación.
Actualmente, la tasa nominal anual de los préstamos personales ronda el 66%, mientras que el costo financiero total (CFT) de muchas líneas supera ampliamente el 100% e incluso el 170% anual, dependiendo del banco y del producto.
En cambio, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta una inflación cercana al 22,3% para los próximos doce meses.
Por ese motivo, cuando el costo financiero de un préstamo a tasa fija resulta muy superior a la inflación esperada, una refinanciación ajustada por UVA puede terminar siendo más conveniente desde el punto de vista económico.
Sin embargo, esa opción también implica que las cuotas se actualizarán todos los meses según la evolución de los precios, por lo que cada caso debe analizarse de manera individual.

Especialistas coinciden en que el aumento de la morosidad tiene menos relación con un exceso de endeudamiento que con el deterioro del ingreso disponible de las familias.
El incremento de los gastos fijos —como servicios, alquileres, expensas y alimentos— redujo el margen para afrontar las cuotas de préstamos y tarjetas.
Además, cambió una dinámica que durante años alivió parcialmente a los deudores. En períodos de alta inflación, muchas deudas personales tendían a licuarse con el paso de los meses, mientras los salarios acompañaban, al menos parcialmente, el aumento de los precios. Con una inflación más baja, ese efecto prácticamente desapareció, pero las tasas de interés continúan en niveles elevados.
Después de 19 meses consecutivos de aumentos, la morosidad registró en junio una leve baja, según estimaciones de la consultora 1816, elaboradas a partir de la Central de Deudores del Banco Central.

La mora total del sector privado pasó del 7,7% al 7,6%, mientras que la correspondiente a las familias descendió del 12,8% al 12,7%. En el caso de las empresas, el indicador se mantuvo estable en 3,5%.
Aunque se trata de una mejora marginal, representa la primera interrupción en la tendencia ascendente que se mantenía desde octubre de 2024 y podría marcar un primer alivio para un problema que afecta a millones de hogares.