Una mañana aparentemente rutinaria terminó con el secreto que había protegido durante 25 meses a Ana Frank y otras siete personas. El 4 de agosto de 1944, agentes alemanes y neerlandeses ingresaron al edificio de Prinsengracht 263, en Ámsterdam, revisaron las oficinas y encontraron la estantería giratoria que ocultaba el acceso a la Casa de Atrás.
Dentro estaban Ana, de 15 años; sus padres, Otto y Edith; su hermana Margot; Hermann, Auguste y Peter van Pels; y el dentista Fritz Pfeffer. También fueron detenidos dos de sus protectores, Johannes Kleiman y Victor Kugler.
El operativo estuvo dirigido por el oficial austríaco Karl Silberbauer. Los escondidos debieron entregar sus objetos de valor y fueron trasladados para ser interrogados. Durante el registro, papeles, cuadernos y hojas escritas por Ana quedaron esparcidos en el refugio.

La gran pregunta nunca obtuvo una respuesta definitiva: ¿alguien los denunció? Durante décadas aparecieron sospechosos y teorías, pero ninguna investigación logró demostrar con certeza cómo las autoridades llegaron hasta el escondite.
También se contempla la posibilidad de que el lugar haya sido descubierto durante una pesquisa relacionada con trabajo ilegal o fraude con cupones de alimentos.
Cuatro días después del arresto, el grupo fue enviado al campo de tránsito de Westerbork. El 3 de septiembre partió hacia Auschwitz-Birkenau en el último transporte de deportados desde ese lugar. Viajaron encerrados en vagones junto a más de mil personas.

Ana y Margot fueron separadas de su padre y, meses más tarde, trasladadas a Bergen-Belsen. Allí padecieron hambre, frío, hacinamiento y enfermedades.
Ambas murieron de tifus probablemente en febrero de 1945, pocas semanas antes de que tropas británicas liberaran el campo. Otto Frank fue el único de los ocho escondidos que sobrevivió.
Después de la redada, Miep Gies y Bep Voskuijl regresaron a la Casa de Atrás y recogieron los escritos de Ana. Miep los guardó sin leerlos, con la esperanza de devolvérselos cuando terminara la guerra.
Al conocer la muerte de sus hijas, Otto recibió aquellos papeles y descubrió que Ana soñaba con convertirse en periodista y publicar un libro sobre la vida en el refugio. El diario apareció en neerlandés en 1947 y posteriormente fue traducido a más de 75 idiomas.
A 82 años del arresto, la historia continúa atravesando generaciones. El escondite de Ámsterdam se convirtió en un lugar de memoria, mientras las palabras de una adolescente siguen recordando el costo humano de la persecución, el antisemitismo y la indiferencia.