Una multitud avanzó sobre las calles de Daca, ingresó al Parlamento y ocupó la residencia oficial mientras Sheikh Hasina abandonaba Bangladesh en helicóptero rumbo a India. Después de quince años consecutivos en el poder, la dirigente que había dominado la política nacional quedó desplazada por una rebelión encabezada por jóvenes.
La caída ocurrió el 5 de agosto de 2024 y cerró de manera abrupta una etapa marcada por el crecimiento económico, pero también por denuncias de autoritarismo, persecución opositora, desapariciones y restricciones a la libertad de expresión.
El conflicto había comenzado por un sistema de cupos en los empleos públicos que reservaba parte de los cargos para familiares de combatientes de la independencia de 1971. En un país con dificultades para generar puestos de calidad, esas vacantes eran especialmente valoradas por los graduados universitarios.

Las movilizaciones crecieron cuando las fuerzas de seguridad intentaron detenerlas mediante disparos, detenciones masivas, cortes de internet y toques de queda. La demanda dejó de concentrarse en los cupos y pasó a exigir la renuncia del Gobierno.
La represión causó una de las mayores crisis de violencia política de la historia reciente del país. Una investigación internacional calculó que hasta 1.400 personas pudieron morir entre julio y agosto, muchas de ellas jóvenes alcanzados por disparos.
Tres días después de la salida de Hasina, el economista y premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus asumió al frente de una administración interina. Su misión consistía en restaurar el orden, impulsar reformas institucionales y preparar elecciones consideradas confiables.

Los comicios se realizaron en febrero de 2026 y dieron una amplia victoria al Partido Nacionalista de Bangladesh. Su líder, Tarique Rahman, regresado tras diecisiete años de exilio, asumió como primer ministro y terminó con el período de transición.
La antigua mandataria permaneció refugiada en India. En noviembre de 2025 fue condenada a muerte en ausencia por su responsabilidad en la represión. Ella rechazó el fallo, sostuvo que el proceso fue político y negó haber ordenado ataques contra manifestantes.
Su partido, la Liga Awami, quedó apartado de la actividad política, mientras numerosos dirigentes fueron detenidos, investigados o se marcharon del país. En julio de 2026, Hasina anunció que pretende regresar en diciembre junto con colaboradores para entregarse ante las autoridades, incluso ante el riesgo de ser encarcelada o ejecutada.
Dos años después del levantamiento, Bangladesh cuenta nuevamente con un gobierno electo, pero continúa dividido. La exclusión de la antigua fuerza gobernante, los reclamos de justicia de las víctimas y el peso histórico de los militares siguen condicionando una democracia que todavía busca estabilidad.