04/08/2026 - Edición Nº1274

Economía

Alarma para el Gobierno

La pobreza dejó de bajar: las tarifas y el empleo precario frenan la mejora, según la UCA

04/08/2026 | El informe advierte que, tras tocar un piso de 26,9%, la pobreza volvió al 30% y muestra señales de estancamiento por el deterioro de los ingresos familiares.



La reducción de la pobreza comenzó a perder fuerza y entró en una etapa de estancamiento.

Así lo advirtió el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), que señaló que la mejora registrada durante 2024 y buena parte de 2025 comenzó a agotarse como consecuencia del deterioro de los ingresos, el crecimiento del empleo precario y el fuerte peso que volvieron a tener los gastos fijos sobre el presupuesto de los hogares.

Si bien la pobreza aún se ubica por debajo de los niveles de un año atrás, el informe advierte que la tendencia cambió. Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026 pasó de 31,4% a 30%, mientras que la indigencia descendió de 6,9% a 6,5%.

Sin embargo, al comparar el primer trimestre de 2026 con el tercer trimestre de 2025 —una medición que elimina el efecto estacional del aguinaldo— la pobreza volvió a subir de 26,9% a 30%, mientras que la indigencia pasó de 6% a 6,5%.

Para los investigadores, ese movimiento refleja el agotamiento del proceso de mejora observado durante el año pasado.


Evolución trimestral de las tasas de indigencia y pobreza urbana a partir de datos del INDEC 

Las seis razones que explican el freno

El trabajo, elaborado por el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), Agustín Salvia, identifica seis factores que ayudan a explicar por qué la pobreza dejó de bajar y comenzó a mostrar señales de estancamiento.

La primera razón es que los salarios dejaron de crecer por encima del costo de la canasta básica. Durante el primer trimestre de 2026, la Canasta Básica Alimentaria aumentó 11,6% y la Canasta Básica Total 9,6%, mientras que los salarios avanzaron 8,6% y los registrados apenas 7%. En otras palabras, los ingresos volvieron a perder capacidad para sostener el poder de compra de los hogares.

A eso se sumó un mercado laboral más frágil. Aunque el empleo total prácticamente no varió, crecieron la subocupación y la informalidad, que ya alcanza al 44,2% de las personas ocupadas. Según el informe, el problema dejó de ser únicamente la cantidad de empleo y pasó a ser, cada vez más, la calidad de esos puestos de trabajo y su capacidad para sostener los ingresos familiares.

El estudio también señala que la recuperación de los ingresos fue desigual. Si bien el ingreso promedio aumentó por encima de las canastas respecto de un año atrás, esa mejora no llegó de la misma manera a todos los sectores. El incremento de la desigualdad hizo que muchos hogares cercanos a la línea de pobreza volvieran a quedar por debajo de ese umbral.

El peso de las tarifas y los servicios

Uno de los puntos centrales del informe es el creciente impacto que tienen los gastos fijos sobre la economía de las familias. La recomposición de las tarifas de energía, el transporte, los alquileres y otros servicios avanzó por encima del nivel general de precios y de la evolución de los salarios.

Como se trata de gastos que difícilmente puedan reducirse, cada vez absorben una mayor parte del presupuesto mensual y dejan menos recursos disponibles para alimentos, vestimenta y otros consumos básicos. Para Salvia, ese fenómeno explica buena parte del freno que registró la reducción de la pobreza durante los últimos meses.

A ese escenario se suma una economía que continúa creciendo, pero a un ritmo menor y de forma muy heterogénea entre sectores. El informe señala que esa desaceleración limitó la capacidad de generar una mejora generalizada de los ingresos laborales, mientras que las jubilaciones, pensiones y asignaciones sociales también perdieron capacidad de protección al actualizarse con rezago frente a la inflación.

Un cambio de tendencia

Para Agustín Salvia, los datos todavía no muestran un aumento interanual de la pobreza, pero sí un cambio claro en la tendencia que predominó durante gran parte de 2024 y comienzos de 2025.

Una vez moderado el impacto positivo de la desaceleración inflacionaria, volvieron a quedar expuestos problemas estructurales como la debilidad distributiva, la informalidad laboral, la subocupación y la insuficiente recuperación de los ingresos.

El informe concluye que una inflación más baja, por sí sola, ya no alcanza para seguir reduciendo la pobreza. Sin una recuperación sostenida del poder adquisitivo, empleo de mayor calidad y una mejora en la capacidad de respuesta de las políticas sociales frente al aumento del costo de vida, será difícil retomar una trayectoria descendente en los próximos meses