05/08/2026 - Edición Nº1275

Política

"Sin solución"

Acampó 48 horas en IOMA, explotó con su olla y cuenta su drama: "Desarmada"

05/08/2026 | Su hija se llama Brenda y lleva varios meses reclamando. Asegura que recibió una insólita propuesta en IOMA. El video de su estallido en la sede de La Plata.



Marcela llegó desde San Miguel hasta La Plata con una decisión tomada: no volvería a su casa sin una respuesta concreta de IOMA.

Su hija Brenda tiene un recurso de amparo y necesita acompañamiento terapéutico y otros tratamientos vinculados con su discapacidad y sus condiciones de salud. Pero, según relata a NewsDigitales, la prestadora que acompaña a la joven no cobra desde marzo y la situación se volvió insostenible.

Estoy desarmada. Fuimos dos días a acampar en IOMA”, cuenta Marcela al reconstruir las horas que pasó frente a la sede de la obra social.

El reclamo no fue solamente por una deuda: detrás de cada factura sin pagar, explica, existe el riesgo de que los profesionales dejen de prestar servicios y que las familias tengan que asumir costos que no pueden afrontar.

Sede de IOMA en La Plata

Una prestación que dejó de cobrarse en marzo

Brenda es hija de Marcela y cuenta con un recurso de amparo para garantizar determinadas prestaciones. Según el relato de su madre, la acompañante terapéutica que trabaja con ella cobró por última vez en marzo de este año. Desde entonces, las facturaciones quedaron sin movimiento.

Marcela asegura que intentó comunicarse reiteradamente con IOMA antes de decidir viajar hasta La Plata. Al no obtener respuestas, organizó el viaje y se encontró allí con otras familias que atravesaban situaciones similares.

La situación, para ella, excede largamente una cuestión administrativa. Brenda tiene retraso madurativo, trastorno del lenguaje y del habla, dificultades en la marcha y prótesis en ambas caderas. Además, recientemente fue diagnosticada con artritis reumatoidea. “Las dos tenemos una enfermedad autoinmune”, cuenta Marcela.

Protesta de afiliados de IOMA

El acampe frente a IOMA y una espera que se hizo interminable

El jueves de la semana pasada, Marcela llegó alrededor de las 10 de la mañana a la sede de IOMA. El objetivo era conseguir que algún funcionario pudiera atenderlas y brindarles una fecha concreta para el pago a los prestadores.

“Pedíamos que nos pudieran atender a alguien. No bajó nunca nadie”, recuerda.

Según su relato, desde el sector de Finanzas enviaron a una secretaria para informarles que los amparos serían abonados hacia fines de agosto.

Nos dijeron que había que continuar esperando, que los amparos se iban a abonar a fines de agosto”, relata.

Para Marcela, la respuesta resultaba imposible de aceptar: “Nosotros le dijimos que no podían estar 120 días los prestadores sin cobrar, que ya a esa fecha llevaban 90 días”.

A partir de ese momento tomó una decisión extrema: “Ahí fue cuando yo le dije que de ahí no me iba a mover hasta que no tuviera una solución concreta de qué día le iban a depositar al prestador”, relata.

La jornada terminó sin respuestas. Cerca de las 18, según cuenta, la Policía las obligó a salir del edificio y el reclamo continuó en la vereda, en medio de una noche particularmente fría.

“Nos tuvimos que quedar afuera en la vereda. Hacía muchísimo frío, mucho frío”, recuerda.

Amparo judicial que consiguió Marcela en el 2010

Dos familias, un auto y una noche a la intemperie

El reclamo tuvo también una dimensión humana que Marcela no olvida. Entre quienes participaban había una mujer de aproximadamente 70 años que había llegado desde Mar del Plata junto a su hija de unos 40, quien tiene hemiplejia y necesita que su acompañante terapéutico cobre.

“Nos quedamos todas las noches sentadas en el auto mío, en el auto en el que viajé yo”, relata.

La situación de la mujer mayor y su hija fue especialmente difícil. “A la señora mayor con la hija la mandamos a un hotel a la vuelta”, explica. Y agrega: “Hicimos un video que se hizo viral y la gente empezó a donar dinero para que mandáramos a la señora a dormir a un hotel y no pasara frío ahí con nosotros”.

Al día siguiente regresaron a la puerta de IOMA. Y, según su testimonio, la falta de respuestas continuó. En medio de la espera, Marcela decidió hacer visible el reclamo de otra manera. “A las 12 y pico del mediodía fue cuando me agarró la locura y empecé con una tapa de olla que tenía en la cartera guardada a hacer ruido”.

La propuesta que encendió todavía más el conflicto

Alrededor de las 15, finalmente salió una funcionaria de la Dirección de Jurídica, según cuenta Marcela, y posteriormente fue recibida en una oficina.

Allí, asegura, recibió una propuesta que rechazó de plano: que la acompañante terapéutica redujera el valor de su hora para que IOMA pudiera pagarle a la brevedad.

“Ahí le dije que eso era ilegal, que lo que me estaba proponiendo no era así, que me iba a comunicar con mi abogado y me retiré del lugar”, señala. La respuesta que esperaba, asegura, nunca llegó. “Sin solución”, resume.

El costo de una prestación que Brenda necesita todos los días

Marcela explica que la acompañante terapéutica trabaja seis horas diarias y que el costo aproximado de la prestación ronda los $20.000 por hora. Según su cálculo, el monto mensual llega a unos $3 millones y la profesional trabaja de lunes a lunes.

El problema, sostiene, no termina en la falta de pago. También afecta la posibilidad de conseguir y mantener profesionales dispuestos a trabajar bajo esas condiciones.

Siempre digo esto: tenés que buscarte un prestador que no estudie, que no viaje, que no genere gastos mensuales, porque con IOMA no podés contar”, cuestiona.

Y agrega: “Es todo muy triste. No es solo que ellos cobren, sino todo lo que genera. Es muy triste que vengan a trabajar todos los días y que IOMA no les esté pagando”.

Por otro lado, contó que “las personas con las que hablamos de IOMA nos hicieron hincapié en que un acompañante terapéutico no podía ganar más que ellos”.

La frase la indignó y cuestionó el modo en que, según su percepción, se referían a los profesionales. “No sé por qué se refieren tan despectivamente. Pero obviamente que ganan más que un acompañante”, sostiene.

“En el acampe de esos dos días veíamos los autos en que llegaban, la ropa que tienen, las carteras que usan. Es impresionante”, contrasta.

Para Marcela, detrás de los expedientes, las facturas y los plazos administrativos hay una cuestión mucho más concreta: la continuidad de los tratamientos que su hija necesita y la posibilidad de que los profesionales puedan sostener su trabajo.

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