05/08/2026 - Edición Nº1275

Internacionales

Carrera atómica

Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares: el pacto que aún protege

05/08/2026 | Washington, Moscú y Londres acordaron detener explosiones aéreas, submarinas y espaciales; su legado vuelve a ser clave ante arsenales crecientes.



El 5 de agosto de 1963, Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido firmaron en Moscú el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares. El acuerdo impidió las detonaciones en la atmósfera, bajo el agua y en el espacio exterior, aunque permitió que continuaran bajo tierra.

Una amenaza invisible

La decisión llegó apenas diez meses después de la crisis de los misiles de Cuba, cuando el mundo estuvo cerca de una guerra atómica. También respondió a una amenaza menos visible: la lluvia radiactiva que las pruebas al aire libre dispersaban sobre ciudades, cultivos y océanos, incluso a miles de kilómetros del lugar de la explosión.

Un antecedente decisivo fue Castle Bravo, el ensayo realizado por Estados Unidos en 1954 en las Islas Marshall. La bomba tuvo una potencia muy superior a la prevista y contaminó comunidades, embarcaciones y territorios del Pacífico. Casos como ese mostraron que una detonación no terminaba cuando desaparecía el hongo nuclear: sus partículas podían ingresar al agua, la leche y otros alimentos.

Qué habría pasado sin el acuerdo

Sin el pacto, las potencias probablemente habrían seguido probando armas cada vez más poderosas a cielo abierto. Eso habría aumentado la exposición mundial a materiales como el estroncio 90, capaz de acumularse en huesos y dientes, y ampliado los daños sanitarios y ambientales. El tratado no eliminó las bombas, pero cerró una de las formas más contaminantes de perfeccionarlas.

El aniversario llega en un momento inquietante. En enero de 2026 se estimaban 12.187 ojivas nucleares en el mundo y los nueve países que poseen este armamento continuaban reforzando sus arsenales. Además, el 5 de febrero venció el último acuerdo que imponía límites obligatorios a las fuerzas estratégicas de Estados Unidos y Rusia.


La prueba termonuclear Castle Bravo, realizada en 1954 en el atolón Bikini, expuso el alcance de la contaminación provocada por las detonaciones atmosféricas.

Al mismo tiempo, el planeta atraviesa el período más largo sin ensayos nucleares declarados o detectados desde 1945. El último fue realizado por Corea del Norte en septiembre de 2017. Sin embargo, la prohibición completa aprobada en 1996 todavía no entró plenamente en vigencia.

El pacto de 1963 dejó una lección que vuelve a resultar urgente: incluso en medio de una rivalidad extrema, las potencias pudieron acordar un límite porque comprendieron que la radiación no reconoce fronteras. Sin aquella decisión, el aire, los mares y los alimentos de varias generaciones habrían quedado mucho más expuestos.