Una camioneta cargada con verduras, un pequeño puesto callejero y un hombre que intenta encontrar refugio. La escena registrada en Jersón, en el sur de Ucrania, recorrió el mundo esta semana y volvió a poner el foco sobre las denuncias por ataques deliberados contra civiles mediante drones.
Las imágenes muestran a Yurii, un vendedor de 52 años, mientras corre alrededor del vehículo con el que había llegado al mercado. El aparato lo sigue a baja altura, modifica su trayectoria y finalmente explota cuando el comerciante se arroja detrás de la camioneta.

El hombre sobrevivió, pero sufrió heridas de metralla en ambas piernas y en la espalda, además de conmoción por la detonación. Su esposa, que lo acompañaba cuando comenzó el ataque, logró escapar sin lesiones.
El video fue difundido por la Policía ucraniana. Su ubicación pudo ser verificada mediante los edificios, la distribución de la calle y la vegetación del lugar, aunque la fecha exacta de la grabación no fue comprobada de manera independiente. Las autoridades de Kyiv aseguraron que el episodio ocurrió el martes 4 de agosto.
El Gobierno ucraniano atribuyó el ataque a las fuerzas rusas y sostuvo que la trayectoria del aparato demuestra una persecución intencional contra una persona desarmada. El canciller Andrii Sybiha calificó el episodio como un crimen de guerra y pidió una condena internacional.
El presidente Volodímir Zelenski también se refirió al caso y denunció que los habitantes de Jersón son víctimas de un “safari de drones”, una expresión utilizada para describir los ataques de aparatos capaces de localizar y seguir personas en calles, mercados y zonas residenciales.
El Ministerio de Defensa ruso no respondió específicamente a la acusación. Moscú y Kyiv niegan atacar deliberadamente a civiles, aunque ambos países se responsabilizan mutuamente por operaciones que provocaron muertes fuera de objetivos militares.

Jersón fue ocupada por Rusia durante los primeros meses de la invasión iniciada en febrero de 2022 y recuperada por Ucrania en noviembre de ese año. Sin embargo, la ciudad continúa expuesta por su cercanía con posiciones rusas situadas al otro lado del río Dniéper.
Investigaciones internacionales documentaron desde 2024 ataques repetidos contra peatones, ciclistas, automovilistas, ambulancias y trabajadores humanitarios. Una comisión de Naciones Unidas concluyó que las operaciones sistemáticas con drones contra civiles en la provincia podían constituir crímenes contra la humanidad.

El caso aparece, además, en un momento de fuerte aumento de las víctimas. Durante el primer semestre de 2026 fueron registrados 1.396 civiles muertos y 7.978 heridos en Ucrania, un 37% más que durante el mismo período del año anterior.
La persecución contra Yurii resume así una de las transformaciones más inquietantes de la guerra: dispositivos pequeños y relativamente económicos capaces de observar, seleccionar y seguir a una persona antes de lanzar el ataque.