06/08/2026 - Edición Nº1276

Internacionales

Dominio orbital

SpaceX acapara lanzamientos: sus rivales se quedan sin lugar en el espacio

06/08/2026 | Starlink absorbe capacidad mientras contratos militares y fallas ajenas prolongan la escasez de vuelos hasta 2029.



SpaceX ya no solo compite por dominar el mercado espacial: también controla buena parte del camino que sus rivales necesitan para llegar a órbita. La expansión de Starlink ocupa cada vez más vuelos del Falcon 9 y deja a otras compañías frente a una espera que puede extenderse hasta 2028 o 2029.

En lo que va de 2026, cerca del 79% de las misiones del Falcon 9 fueron destinadas a satélites propios. En 2020 representaban el 54%. Al menos siete empresas recibieron durante los últimos meses la advertencia de que el cohete está completo para distintos tipos de operaciones durante los próximos dos o tres años.


La multiplicación de satélites permite ampliar la cobertura global de Starlink, pero también alimenta el debate sobre la concentración de infraestructura espacial en manos de una sola empresa.

La situación coincide con otra señal de dependencia. A fines de julio, la Fuerza Espacial estadounidense adjudicó a SpaceX un contrato de 1.600 millones de dólares por 18 despegues, previstos antes de terminar 2027, para colocar sistemas de detección, seguimiento y comunicaciones militares.

Por qué Starlink tiene prioridad

La explicación es económica. Starlink ya desplegó más de 10.000 satélites y generó 11.400 millones de dólares durante 2025. Esa unidad aportó alrededor del 60% de los ingresos de la empresa, mientras el negocio de transporte espacial produjo 4.100 millones.

Cada viaje utilizado para ampliar la constelación puede generar servicios e ingresos durante años. En cambio, llevar la carga de un tercero deja un pago único. La propia compañía advirtió a inversores que podría priorizar sus cargas antes que nuevos contratos comerciales o gubernamentales.


Los satélites Starlink son transportados juntos dentro del cohete y luego desplegados en la órbita terrestre baja, donde forman parte de una de las mayores constelaciones comerciales del mundo.

Una ventaja construida durante años

El Falcon 9 debutó en 2010. En 2015, su primera etapa logró el primer aterrizaje de un cohete de clase orbital y, en 2017, SpaceX volvió a utilizar por primera vez uno de esos propulsores. Esa reutilización redujo tiempos, aceleró la frecuencia de vuelo y dejó atrás a gran parte de la competencia.

Hoy un servicio estándar cuesta unos 74 millones de dólares, frente a aproximadamente 54 millones en 2013. Las alternativas continúan limitadas: New Glenn quedó detenido tras una explosión en su plataforma, Vulcan permanece en tierra por una falla y Neutron todavía está en desarrollo.


SpaceX mantiene un ritmo de despegues que sus competidores todavía no pueden igualar. Varias empresas deben esperar años o buscar alternativas más caras para poner sus proyectos en órbita.

Qué puede pasar sin contrapesos

El riesgo comprobable es que, si la concentración continúa sin suficientes opciones, las empresas pequeñas deban afrontar mayores costos, años de demora y pérdida de inversiones antes de colocar sus proyectos en órbita.

SpaceX prepara además la transición hacia Starship, que deberá atender compromisos lunares, nuevas generaciones de Starlink y futuros centros de datos para inteligencia artificial. El interrogante ya no es solamente quién fabrica el mejor cohete, sino qué sucede cuando una misma compañía transporta satélites, ofrece conectividad y decide cuánto lugar queda para quienes compiten contra ella.