La posibilidad de una devaluación volvió a instalarse en el centro de la discusión económica.
En un contexto en el que distintos sectores industriales y exportadores reclaman un tipo de cambio más competitivo para recuperar rentabilidad, el economista Ricardo Arriazu rechazó esa alternativa y aseguró que, en la Argentina, un movimiento del dólar termina trasladándose rápidamente a los precios.
Durante un encuentro organizado por la Cámara de Bolsas, Arriazu cuestionó los pedidos de una devaluación y utilizó una metáfora para explicar su postura.
"Pedir devaluar es como si un petiso pidiera cambiar el metro para medir el doble", sostuvo. Para el economista, el problema de fondo no es el valor del dólar, sino la falta de competitividad de la economía argentina.
Su posición coincide con la que viene sosteniendo el presidente Javier Milei. Desde el Gobierno aseguran que una devaluación termina afectando el poder adquisitivo.

El reclamo de un dólar más alto proviene principalmente de empresas exportadoras y de industrias que compiten con productos importados.
Con una inflación que desaceleró significativamente durante el último año, muchas compañías sostienen que sus costos en pesos crecieron más rápido que el tipo de cambio. Eso redujo sus márgenes de rentabilidad y, en algunos casos, complicó las exportaciones.
Una devaluación permitiría que quienes venden al exterior reciban más pesos por cada dólar exportado y también encarecería los productos importados, mejorando la competitividad de la producción local frente a la competencia extranjera.
Sin embargo, los economistas advierten que ese beneficio suele ser transitorio si los precios internos vuelven a acelerarse.
Uno de los principales efectos de una devaluación es el traslado a los precios de la economía.
En Argentina, una parte importante de los bienes de consumo utiliza insumos importados o toma al dólar como referencia para fijar valores. Por ese motivo, un salto cambiario suele impactar rápidamente en alimentos, medicamentos, electrodomésticos, automóviles, materiales para la construcción y otros productos.
Ese fenómeno, conocido como "pass through", explica por qué históricamente las devaluaciones terminaron impulsando la inflación, aunque el traslado no siempre es inmediato ni de la misma magnitud.

Cuando los precios aumentan más rápido que los ingresos, el salario pierde poder de compra.
Ese es el principal argumento que utiliza el Gobierno para rechazar una devaluación. Javier Milei sostiene que el tipo de cambio no puede ser la herramienta para resolver los problemas de competitividad porque, en el corto plazo, termina licuando los ingresos de trabajadores y jubilados.
A su vez, un salto del dólar también suele afectar el consumo, ya que las familias destinan una mayor parte de sus ingresos a cubrir gastos básicos.
Otro efecto inmediato es el encarecimiento de las importaciones.
Las empresas que necesitan maquinaria, repuestos, componentes o materias primas del exterior enfrentan mayores costos, que en muchos casos terminan trasladando a los precios finales.
Por ese motivo, aunque algunos sectores industriales se benefician porque disminuye la competencia de productos importados, otros ven incrementados sus costos de producción.

Para Arriazu, la solución no pasa por modificar el tipo de cambio sino por mejorar la productividad de la economía.
El economista sostuvo que la Argentina necesita reducir el denominado "costo argentino", avanzar con una reforma tributaria y generar condiciones para que las empresas ganen competitividad sin recurrir a una devaluación.
"Lo que tiene que pedir es hormona de competitividad y crecimiento. Hay que bajar el costo argentino; si no, vamos a tener los mismos problemas", afirmó.
En definitiva, el debate vuelve a enfrentar dos visiones sobre cómo mejorar la competitividad de la economía. Mientras algunos sostienen que un dólar más alto ayudaría a la producción y las exportaciones, otros consideran que ese alivio sería temporal y que el costo terminaría pagándose con más inflación y una pérdida del poder adquisitivo de los salarios.