El tablero de Medio Oriente podría cambiar de manera profunda si prospera la propuesta negociada entre Irán y Omán para reabrir el Estrecho de Ormuz. El borrador otorgaría a Teherán autoridad sobre los buques que ingresen al Golfo Pérsico, una concesión que antes de la guerra parecía inaceptable para Estados Unidos y sus aliados.
La iniciativa aparece tras cinco meses de enfrentamientos y luego de que las operaciones militares no lograran quitarle a Irán su capacidad de condicionar el tránsito marítimo. Aunque Donald Trump aseguró que un entendimiento está cerca, todavía quedan diferencias capaces de hacer fracasar las conversaciones.
El esquema contempla que los barcos comerciales entren por aguas iraníes. Aún se discute qué ocurrirá con las embarcaciones que salgan, quién podrá inspeccionarlas y qué países supervisarán el mecanismo.
La otra disputa gira alrededor del dinero. Irán pretende cobrar entre 5% y 7% del valor de las cargas, mientras Omán plantea una tasa cercana al 3%. Washington rechaza cualquier pago obligatorio y sostiene que la navegación debe continuar sin peajes.
Hasta el inicio del conflicto, el paso estaba abierto sin tarifas. Por eso, aceptar algún grado de control iraní no sería solamente una solución técnica: representaría un reconocimiento del peso militar y político que Teherán consiguió conservar durante la guerra.

Ormuz es una franja angosta entre Irán y Omán por la que circula cerca de una cuarta parte del petróleo comercializado por vía marítima. También atraviesa el lugar alrededor de una quinta parte del gas natural licuado mundial, principalmente procedente de Qatar.
Cualquier inspección, demora o cobro podría elevar los costos de transporte, seguros y combustibles. Ese impacto terminaría trasladándose a la inflación, los alimentos, los fertilizantes y la actividad económica de países muy alejados de Medio Oriente.

Las expectativas de una salida diplomática ya provocaron fuertes bajas en el precio del crudo, después de que Trump suspendiera nuevos ataques. Sin embargo, la estabilidad dependerá de que vuelvan los viajes regulares, bajen las primas de riesgo y cesen las agresiones contra barcos civiles.
Irán también advirtió que responderá contra infraestructura energética regional si Estados Unidos vuelve a atacar su territorio. Esa amenaza mantiene bajo presión a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y otros socios de Washington.
El eventual pacto podría frenar la guerra, pero dejaría una pregunta central: si el paso vuelve a abrirse, ya no funcionaría bajo las mismas reglas que antes.