Hubo una época en la que fuimos felices con muy poco. ¿Te acordás de Supermatch? Tapes de no más de 60 minutos había en las bóvedas de Telefe cuando Gustavo Yankelevich le dijo a Marcela Duarte que se armara un equipo y le dieran forma a un nuevo programa de entretenimiento. Ese programa creció tanto que se le fue de la mano, y todo gracias a la magia de la televisión y la edición.
Marcela ordenaba, cortaba y montaba una y otra vez para darle forma a los juegos que nosotros veíamos y a los que les agregaban puntajes y colores para dar cuenta de una competición que, si bien era real, nada tenía que ver con lo que nosotros veíamos. Primero porque las copias que veíamos de It's a Knockout de Australia y de Telematch de Alemania mostraban competencias entre poblaciones que no estaban conectadas entre sí; pero aun cuando el color ni siquiera se parecía entre los dos programas, en Telefe se encargaron de compaginar estas dos cosas para hacernos creer que estábamos viendo una sola competencia. Además, porque esos episodios, gracias a la magia de la edición y a la improvisación de Pichuqui Mendizábal y de Ronnie Arias, parecían muchos más que los que en realidad eran.
El origen del proyecto se dio por una necesidad directa de la grilla del canal y la búsqueda de una fórmula de bajo costo que replicara éxitos previos. Al recordar el encargo inicial del director de contenidos de la emisora, la productora relató en el living de NewsDigitales: "Me llama un día Gustavo Yankelevich y me dice: 'Bueno, tenemos que hacer un programa' y quería que fuera como Videomatch, digamos, que era con todas latas viejas que había". La tarea principal consistió en rescatar esos cintas de archivo para transformarlas en un producto totalmente renovado.
El equipo tuvo que hacer verdaderos milagros en la sala de edición para generar volumen. Las competencias australianas y alemanas, grabadas con años de diferencia y sin conexión entre sí, fueron reestructuradas desde cero para hacerlas pasar por un único torneo continuo. Según detalló Duarte en la entrevista: "Había que reeditarlo todo y sacar un montón de cosas, aggiornarlo... Eran 12 tapes los que tenían y al editarlo encima, al sacarle pedazos, te va quedando menos material. Armamos eso que empezó a tener un éxito bárbaro y después fui mechando los capítulos para tratar de hacer más cantidad, porque era diario. La magia de la televisión".
Uno de los pilares fue la convocatoria a dos personalidades diametralmente opuestas: Juan Carlos "Pichuqui" Mendizábal y Ronnie Arias, para invitarlos a relatar. Sobre esta decisión, la productora explicó: "Buscamos las voces, una era Pichuqui Mendizábal y el otro Ronnie Arias. Que eran polos opuestos, ¿entendés? Y era un poco la idea del juego, lo que surgía ahí en las charlas, ir comentando esto que editábamos. Le pusimos música nueva, letras, los colores como para llamar un poco la atención porque íbamos a ir a la tarde".
Con el programa posicionado de forma diaria en la pantalla, la exigencia de emitir nuevos episodios obligó al equipo de producción a manipular de forma creativa el orden y el desenlace de los juegos. Los puntajes y el desarrollo de la tabla de posiciones quedaban supeditados a la edición técnica y no a los resultados reales de las pruebas originales. Duarte recordó sobre esta dinámica: "Editábamos, entonces quedaban competencias diferentes. Tenías que ver que quedaran en un resultado bien... Igual los puntos los poníamos nosotros. Nosotros jugábamos un poco con todas las piecitas y armábamos y desarmábamos".

El magnetismo del show residía también en la química espontánea que se generaba en la cabina de locución, donde las intervenciones humorísticas muchas veces sobrepasaban los límites del horario apto para todo público. Respecto a la cuota de improvisación que aportaban los conductores, Duarte estimó un 80%, “casi 90%”. Claro, había un poco del relato de lo que se veía en la competencia, pero “después era toda la charla entre ellos”. En este sentido, era Ronnie Arias el que solía “desbarrancar” y obligaba a cortar y retomar las grabaciones.
A pesar del éxito sostenido que llevó a Supermatch a repetirse ininterrumpidamente durante años en la grilla televisiva, el formato terminó encontrando un límite biológico e industrial. La sobreexplotación del mismo material audiovisual llevó a un agotamiento paulatino que imposibilitó su continuidad. Como argumentó la productora en NewsDigitales: "Se terminó porque ya no medía y además ya tenía un desgaste del material, o sea, no desgaste en sí, sino que ya no teníamos… Habíamos sacado mucho el jugo".
Consultada sobre la posibilidad de haber producido una versión local de los juegos en lugar de depender de latas extranjeras, Duarte remarcó los altísimos costos operativos que implicaría una realización de esa escala. "Es que es muy costoso porque tenés que armar todos los juegos. Y eso ocupa mucho espacio. Como cuando se hacía Jugate Conmigo u otro tipo de programas que hemos hecho que llevaban esos juegos gigantes que son muy costosos y llevan tiempo. Además, cambiarlos, ¿entendés?", concluyó. Así, con creatividad, astucia en el montaje y locuciones memorables, Supermatch quedó marcado en la memoria colectiva como un clásico de la televisión argentina.