07/08/2026 - Edición Nº1277

Internacionales

Marea marrón

El Caribe enfrenta su segundo mayor año de sargazo pese a la baja de julio

06/08/2026 | La biomasa empezó a disminuir, aunque los arribos costeros seguirán durante los próximos meses en la región.



Al 6 de agosto de 2026, el Caribe había dejado atrás el pico anual de sargazo sin cerrar una temporada que permanece entre las más intensas desde el inicio del seguimiento satelital en 2011. La estimación de julio ubicó en 25,5 millones de toneladas la biomasa flotante del conjunto formado por el Atlántico oriental y occidental, el mar Caribe y el golfo de México. Dentro de ese total, el Caribe concentró 3,5 millones de toneladas, un volumen menor que el de junio pero todavía capaz de alimentar nuevos arribos. La caída mensual describe una reducción en el océano, no la desaparición inmediata del alga en las costas.

El balance de la Universidad del Sur de Florida estableció que la cantidad comenzó a disminuir en todas las regiones observadas durante julio, mientras la distribución general se mantuvo estable. El golfo de México conservó un máximo histórico para ese mes y las restantes áreas quedaron únicamente por debajo del récord de 2025. Con el período de mayor abundancia ya concluido, la serie permite proyectar que 2026 será el segundo año con más sargazo registrado, detrás de 2025, aunque la trayectoria descendente podría extenderse hasta noviembre.

El mapa ubica el mar Caribe, cuenca central del desplazamiento de sargazo hacia las costas insulares y continentales.

La baja no elimina los varamientos

La reducción de la biomasa en mar abierto no corta de forma automática los varamientos, término que describe la llegada y acumulación del alga sobre playas y bordes costeros. Las masas ya presentes continúan desplazándose bajo el efecto de corrientes, vientos y oleaje, por lo que una playa puede recibir sargazo aun cuando el total regional esté bajando. El seguimiento de CARICOOS prevé que los episodios continúen durante los próximos meses en el Caribe y el sudeste de Florida. La intensidad probable será menor que la registrada entre junio y julio, pero no uniforme entre destinos.

Las Antillas Menores, distintas islas caribeñas y el sudeste de Florida mantuvieron inundaciones costeras durante julio, una persistencia que explica por qué la mejora estadística todavía no se traduce en playas despejadas. El boletín regional ofrece una perspectiva amplia y no permite anticipar el estado de una localidad específica, porque cada tramo costero responde de manera distinta a la orientación del viento, las corrientes cercanas y las tareas de recolección. La evolución deberá leerse con mapas de mayor resolución y observación local. Un descenso en millones de toneladas puede convivir con impactos severos y concentrados durante varios días.


El volumen flotante comenzó a bajar, pero el Caribe aún afronta su segundo mayor año.

Turismo y gestión costera

La continuidad de los arribos obliga a los destinos turísticos a sostener limpieza, información diaria y vigilancia ambiental más allá del pico anual. Cuando grandes acumulaciones se descomponen en la costa, pueden reducir el oxígeno del agua y liberar sulfuro de hidrógeno, un gas que causa mal olor e irritación respiratoria, además de afectar fauna, corales y pastos marinos. Para economías de playa como la de República Dominicana, la gestión del sargazo también incide en costos hoteleros, percepción del visitante y funcionamiento de servicios costeros. El desafío combina ambiente, salud y competitividad turística.


USF prevé arribos costeros hasta noviembre, aunque menos intensos que en junio y julio.

El segundo mayor año de la serie deja un margen de alivio estacional, pero no habilita a dar por terminada la emergencia costera. La respuesta más efectiva dependerá de alertas cercanas al territorio, retiro temprano antes de la descomposición, protocolos seguros para trabajadores y coordinación entre municipios, hoteles y organismos ambientales. También exige comunicar que el panorama regional no funciona como pronóstico para una playa determinada. Hasta que la biomasa complete su descenso, el Caribe deberá administrar una marea marrón menos extensa que en el pico, aunque todavía activa y móvil.