Gianni Infantino atravesó su semana más compleja al frente de la FIFA, pero logró frenar el asedio político con una cumbre de emergencia en Rabat y una serie de respaldos que llegan desde África, Medio Oriente y América.
La reunión, convocada tras el fracaso de su plan para vender un 20% de una nueva sociedad de derechos comerciales por 4.200 millones de dólares, terminó con un pedido de disculpas del organismo a las 211 asociaciones miembro y con la ratificación del presidente por parte del Consejo.
Igualmente, la crisis no está cerrada: la UEFA mantiene su boicot y el sindicato mundial de futbolistas, FIFPRO, que conduce el argentino Sergio Marchi, salió con dureza contra su gestión.
El encuentro en Rabat contó con la participación de Infantino, el secretario general Mattias Grafström y miembros del Consejo. En un comunicado, la FIFA reconoció que la iniciativa "debió ser diferente" y anunció una revisión del proceso.
Al mismo tiempo, advirtió que ya no tolerará "ataques contra su integridad" y que tomará "todas las medidas necesarias" para proteger su reputación. Fue un ejercicio de autocrítica combinado con un cierre de filas.
En paralelo a la reunión llegaron respaldos claves. La Federación Mexicana de Fútbol (FMF) se pronunció públicamente en favor de Infantino y aclaró que no reconocerá ningún procedimiento fuera del marco institucional.
Desde África, varias federaciones nacionales enviaron mensajes de apoyo mientras que la Confederación Africana (CAF), en la que Infantino conserva su base política, se mostró alineada al proceso. También expresaron su respaldo Qatar, Kuwait, Líbano, Sri Lanka, Indonesia, Filipinas y la propia Federación Marroquí.

Desde América Latina, la Conmebol, que preside Alejandro Domínguez e integra la AFA que conduce Claudio "Chiqui" Tapia, llamó a la unidad y advirtió que "no se acompañará ningún procedimiento que desconozca los mecanismos institucionales", en clara advertencia al intento de la UEFA de forzar un congreso extraordinario, que requiere al menos 43 firmas y remover a Infantino
La UEFA fue tajante y volvió a subir la apuesta. El organismo europeo sostuvo que Infantino intentó "vender el alma del fútbol" y declaró que ya no confía en su conducción. La vicepresidenta Laura McAllister aseguró que el episodio llevó al liderazgo a un "punto crítico".
European Leagues, que agrupa a más de 1.300 clubes, exigió que la FIFA deje de tomar "decisiones unilaterales" y cuestionó el plazo de apenas cuatro semanas para debatir la ampliación del Mundial 2030 de 48 a 64 selecciones.
A eso se sumaron voces institucionales de alto voltaje. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, dijo: "No tengo confianza en el señor Infantino". El ex futbolista del Real Madrid Luis Figo pidió su renuncia. Y el príncipe Ali bin Hussein, presidente de la federación jordana, denunció "chantaje" tras asegurar que se le ofreció ayuda a cambio de respaldar al suizo.
En este cuadro se metió con dureza FIFPro, la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales, presidida por el argentino Sergio Marchi. En un comunicado directo, el gremio calificó el proyecto fallido como una expresión de "abuso de poder" y reclamó reformas urgentes en la gobernanza del organismo.
Marchi, ya conocido por su tono confrontativo con la FIFA, marcó una línea que se aleja del respaldo institucional que Infantino cosechó desde federaciones y confederaciones: los jugadores, dijo, no forman parte de una estructura que decide sin consultarlos.