La histórica relación entre religión, política e identidad nacional atraviesa uno de sus momentos más delicados en Armenia. El jefe de la Iglesia Apostólica Armenia, Karekin II, y otros seis altos clérigos comenzaron a ser juzgados por presuntamente desobedecer una orden judicial, en un proceso que profundiza el enfrentamiento con el primer ministro Nikol Pashinyan.
La primera audiencia, sin embargo, terminó casi inmediatamente. El juez encargado del expediente decidió apartarse al revelar que había recibido originalmente su licencia profesional como abogado de parte del actual representante legal del líder religioso. Por el momento, no se informó cuándo continuará el proceso ni quién quedará al frente del tribunal.

Karekin II, que dirige la institución religiosa desde 1999, está acusado junto con otros miembros del clero de no cumplir una resolución civil que ordenaba reincorporar temporalmente al obispo Gevorg Saroyan, expulsado después de que las autoridades eclesiásticas lo acusaran de abuso de poder. Los imputados podrían recibir penas de hasta dos años de prisión.
El caso adquiere una dimensión especial por el lugar que ocupa la Iglesia Apostólica en el país. Armenia vincula su conversión oficial al cristianismo con el año 301, por lo que tradicionalmente es considerada la primera nación que adoptó esa religión como fe estatal.
La propia Constitución establece la separación entre organizaciones religiosas y Estado, pero al mismo tiempo reconoce la misión excepcional de la Iglesia Apostólica Armenia en la vida espiritual, la cultura y la conservación de la identidad nacional.
Por eso, dirigentes opositores, representantes religiosos y organizaciones civiles cuestionan el proceso y sostienen que existe una interferencia política sobre una institución constitucionalmente autónoma.
El enfrentamiento también está atravesado por el giro geopolítico impulsado por Pashinyan. Reelegido en junio, el primer ministro busca estrechar relaciones con Europa y reducir la dependencia histórica de Rusia, tradicional aliado de Ereván y país que todavía mantiene una importante base militar en territorio armenio.

Pashinyan acusó a sectores de la Iglesia de actuar como instrumentos de potencias extranjeras, especialmente de Moscú, aunque no presentó públicamente pruebas que respalden esa acusación. Karekin II y las autoridades religiosas lo rechazan.
La tensión se intensificó además por las negociaciones de paz con Azerbaiyán después de décadas de enfrentamientos y de las traumáticas disputas territoriales que marcaron la política armenia desde finales de los años 80. En 2024, el clérigo Bagrat Galstanyan encabezó multitudinarias protestas contra Pashinyan por las concesiones territoriales realizadas a Bakú. Actualmente permanece bajo arresto domiciliario mientras espera ser juzgado.
El proceso contra Karekin II se convierte así en mucho más que una disputa judicial. En juego están la relación entre Iglesia y Estado, el futuro político de Pashinyan y la dirección geopolítica de un país que intenta alejarse de la órbita rusa sin romper todavía los profundos vínculos económicos y militares con Moscú.