El nuevo Gobierno de Colombia anunció este 8 de agosto de 2026 el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. La decisión fue comunicada después de la posesión de Abelardo de la Espriella y del primer encuentro de su nueva administración con la delegación marroquí en Cali. En esa reunión participaron el vicepresidente José Manuel Restrepo, el canciller Omar Bula Escobar, el ministro marroquí Nasser Bourita y responsables del área comercial. El giro convirtió la relación con Rabat en una de las primeras definiciones internacionales del gobierno que asumió el 7 de agosto.
Con el giro, Bogotá deja atrás la orientación que había retomado en agosto de 2022 hacia la República Árabe Saharaui Democrática. Colombia había establecido relaciones con la representación saharaui en 1985, las mantuvo congeladas desde 2001 y las reactivó durante el inicio del gobierno de Gustavo Petro. La nueva posición vuelve a acercar al país a la tesis marroquí sobre el territorio y reorganiza una relación bilateral con casi medio siglo de antecedentes. El cambio es nacional y diplomático, pero se inserta en una controversia internacional que sigue abierta.
En el plano multilateral, el reconocimiento colombiano no modifica por sí solo el estatus internacional del Sáhara Occidental. Las Naciones Unidas mantienen al territorio en la lista de territorios no autónomos y el Consejo de Seguridad prorrogó la misión MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026. La resolución vigente toma la propuesta marroquí de autonomía como base de discusión y conserva dentro del proceso la referencia a la autodeterminación de la población saharaui. La decisión de Bogotá redefine su postura estatal, mientras la salida definitiva continúa dependiendo del proceso internacional.
Además del expediente territorial, la reunión abrió una agenda política y económica más amplia entre los dos gobiernos. La presencia de autoridades de comercio mostró que el acercamiento busca avanzar en inversión, intercambio empresarial y mecanismos estables de cooperación. También quedó planteada la posibilidad de explorar un tratado de libre comercio, aunque esa discusión todavía no equivale a una negociación formal. El contenido económico será una prueba concreta para medir si el giro diplomático se traduce en acuerdos operativos y no queda limitado a una declaración política.
Para Colombia, Marruecos ofrece una vía de proyección hacia el norte de África y un socio con infraestructura comercial conectada con Europa y el continente africano. Esa ventaja geográfica puede servir para ampliar contactos empresariales, cooperación consular y proyectos sectoriales si ambas administraciones fijan reglas y prioridades. Rabat, por su parte, obtiene un nuevo respaldo latinoamericano a su posición sobre el Sáhara y refuerza una relación que había perdido intensidad política. La profundidad del acercamiento dependerá de resultados medibles en comercio, inversión y coordinación institucional.
Colombia reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.
— Cancillería Colombia (@CancilleriaCol) August 8, 2026
El anuncio se dio durante el primer encuentro del vicepresidente José Manuel Restrepo (@jrestrp) y el canciller Omar Bula (@omarbula) con el Ministro de Asuntos Exteriores del país africano.
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A partir de ahora, el alcance real del giro dependerá de las decisiones administrativas y diplomáticas que sigan al anuncio. Una nueva postura exterior puede fijarse con rapidez, pero una relación estratégica exige continuidad, instrumentos oficiales, presupuesto y coordinación entre ministerios. Bogotá deberá separar los avances bilaterales de la discusión jurídica y multilateral que continúa alrededor del Sáhara Occidental. La prueba decisiva será si el reconocimiento produce una agenda estable capaz de sobrevivir al impacto político de los primeros días de gobierno.