El desgaste político de Javier Milei volvió a quedar expuesto en una nueva encuesta nacional, pero esta vez el dato más significativo no aparece solamente en la evaluación negativa de su gestión. El estudio de Management & Fit muestra que una mayoría de los argentinos reclama un cambio profundo de políticas y de equipo, mientras más de la mitad asegura tener dificultades para cubrir sus gastos.
La medición, realizada entre el 20 y el 31 de julio sobre 2.600 casos efectivos en todo el país, registró un 58,6% de desaprobación de la gestión nacional frente a un 37,1% de aprobación. La imagen personal del Presidente también presenta un saldo negativo: 53,5% de valoración negativa contra 30,6% positiva.

Pero el dato que puede tener mayor peso político hacia 2027 aparece cuando se consulta qué debería ocurrir ante una futura elección presidencial. El 57% de los encuestados afirmó que votaría por un "cambio total de políticas y de equipo de gestión", mientras las distintas alternativas de continuidad no alcanzaron, en conjunto, al 40%.
La evolución respecto de junio muestra que no se trata de un deterioro aislado. En la medición anterior, Management & Fit había registrado 58,2% de desaprobación y 37,3% de aprobación. La diferencia entre ambos meses es pequeña, pero confirma la dificultad del Gobierno para recuperar respaldo.

También aumentó la proporción de quienes reclaman un cambio completo. En junio representaban el 55,4% y en julio llegaron al 57%. Al mismo tiempo, el apoyo a una continuidad con modificaciones quedó en 23,7%, mientras que quienes quieren mantener tanto las políticas como el equipo representaron el 16,1%.
El dato permite observar que el oficialismo todavía conserva un núcleo de respaldo, aunque no necesariamente se trata de un apoyo incondicional. Una parte de quienes acompañan al Gobierno considera que el rumbo general puede sostenerse, pero reclama cambios concretos en algunas áreas.
La imagen del Gobierno tampoco logra revertir esa tendencia. Cerca del 60% de los consultados manifestó algún grado de desconfianza, frente a un 37,8% que expresó confianza en la administración nacional.
La economía aparece como uno de los principales factores detrás del malestar. Los aumentos de precios y tarifas son señalados como el principal problema del país, mientras que las dificultades para llegar a fin de mes encabezan las preocupaciones personales.

El 53,6% de los encuestados afirmó que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos o que llega a fin de mes con algunas o muchas dificultades. En cambio, el 45,5% aseguró que llega sin grandes problemas o incluso consigue ahorrar.
La preocupación económica también aparece entre quienes todavía aceptan una continuidad del Gobierno. Al ser consultados sobre qué políticas deberían modificarse, el 30,3% mencionó la economía y el desarrollo económico; el 13,4%, el empleo; el 11,9%, las jubilaciones y la asistencia social; y el 11,5%, la producción.
Es decir, incluso dentro del universo que no descarta la continuidad de Milei, existe una demanda concreta de cambios vinculados con el ingreso, el trabajo y las condiciones materiales de vida.
La encuesta también permite observar una diferencia importante entre quienes respaldan el rumbo económico y quienes efectivamente sienten sus efectos en la vida cotidiana.
El 40,7% manifestó apoyar la política económica del Gobierno. Sin embargo, solamente el 15,3% del total combina ese respaldo con la percepción de una mejora concreta en su situación personal.
Otro 25,4% apoya el programa económico, pero reconoce que todavía no percibe beneficios en su propio bolsillo. Esa diferencia puede convertirse en uno de los principales desafíos políticos para la administración de Milei.
El Gobierno sostiene que la estabilización macroeconómica constituye la base para una etapa posterior de crecimiento. Sin embargo, la encuesta muestra que una parte importante de la sociedad todavía espera que esa mejora llegue a los ingresos, el empleo y el consumo.
La medición no constituye una encuesta de intención de voto entre candidatos y, por lo tanto, no permite afirmar que Milei perdería una eventual elección presidencial. Lo que sí muestra es un escenario en el que la demanda de cambio supera ampliamente a la voluntad de continuidad.

Ese dato adquiere relevancia a medida que el oficialismo comienza a mirar las elecciones de 2027. El Presidente todavía tiene tiempo para modificar la percepción social, pero necesitará que la estabilidad económica se transforme en resultados concretos para una parte mayor de la población.
La encuesta deja así una advertencia política: el problema del Gobierno ya no pasa únicamente por defender su programa económico, sino por convencer a quienes todavía no perciben sus beneficios. Si esa brecha entre los números macroeconómicos y el bolsillo persiste, puede convertirse en uno de los principales factores de la disputa electoral de 2027.