María Florencia Arietto volvió a sacudir el escenario político con una comparación que remite a uno de los momentos más traumáticos de la historia reciente argentina. La dirigente sostuvo que el escenario actual no debería ser visto como un espejo de las protestas de 2017 contra el gobierno de Mauricio Macri y eligió como referencia la crisis de 2001.
En una publicación difundida en sus redes sociales -la abogada que visitó varias camisetas políticas a lo largo de su cambiante trayectoria- planteó la comparación en términos contundentes. “¿Por qué hablo de 2001 y no de 2017, cuando intentaron derrocar a Macri?”, escribió. A partir de allí, vinculó su interpretación de la actualidad con la actuación del vicepresidente y con sectores vinculados al peronismo.
Por que hablo de 2001 y no de 2017 cuando intentaron voltear a Macri? Porque hoy también hay un vicepresidente traidor que hace la maniobra de pinzas con los peronchos. Como Chacho con Duhalde se acuerdan? Hijos de puta golpistas. https://t.co/RkK5l8bSHo
— María Florencia Arietto 🇦🇷 (@florenciarietto) August 9, 2026
“Porque hoy también hay un vicepresidente traidor que está llevando a cabo una maniobra de pinza con los matones peronistas”, sostuvo Arietto en el mismo mensaje. La dirigente acompañó su planteo con una referencia directa a Carlos “Chacho” Álvarez y Eduardo Duhalde: “¿Recuerdan a Chacho con Duhalde?”.
La comparación remite a una etapa particularmente conflictiva de la política argentina. Álvarez había integrado junto con De la Rúa la fórmula presidencial de la Alianza que ganó las elecciones de 1999 y ocupó la vicepresidencia hasta su renuncia en octubre de 2000. Duhalde, por su parte, era entonces una de las principales figuras del peronismo opositor y posteriormente asumió la Presidencia tras la crisis institucional de diciembre de 2001.

Arietto utilizó esa referencia histórica para sostener su propia lectura del escenario actual. No presentó la comparación como un análisis académico de aquellos acontecimientos, sino como una advertencia política dirigida contra quienes, según su interpretación, estarían actuando para debilitar al Gobierno.
La elección de 2001 tampoco es casual dentro del planteo. La crisis que terminó con la salida de De la Rúa estuvo precedida por una fuerte conflictividad social y política, una profunda crisis económica y un deterioro acelerado de la autoridad presidencial. La renuncia del mandatario, el 20 de diciembre, abrió una sucesión de gobiernos que culminó con la llegada de Duhalde a la Casa Rosada.
El episodio de 2017 al que alude Arietto corresponde, en cambio, a un escenario completamente diferente: las protestas y los incidentes registrados durante el tratamiento de la reforma previsional impulsada por el gobierno de Mauricio Macri. La dirigente utiliza ambos momentos como referencias para discutir una cuestión política más amplia: cuándo una protesta o una confrontación institucional pasa a ser, según su interpretación, un intento de desestabilización.
La diferencia entre ambos episodios resulta relevante. La crisis de 2001 desembocó en una ruptura del gobierno constitucional y en una sucesión presidencial extraordinaria. El conflicto de 2017, aunque estuvo acompañado por graves incidentes y una fuerte tensión política, no produjo una interrupción del mandato presidencial.
El cierre de la publicación elevó todavía más el tono. “¡Malditos golpistas!”, escribió la ex jefa de seguridad de Independiente, luego de plantear la existencia de una supuesta maniobra contra el Gobierno.
No es un calificativo menor. Históricamente, la relación de los integrantes de la fórmula presidencial casi nunca fue buena en nuestro país. El vice es necesario para oficializar la candidatura del presidente y como relevo en caso de ausencia o incapacidad del jefe de Estado, pero la experiencia marca que para que el Gobierno no sufra sobresaltos, debe ser una figura políticamente irrelevante.
Cuando los vice quisieron tener protagonismo o vuelo propio, la relación terminó mal. Sobran ejemplos en la historia argentina: Alejandro Gómez -vice de Arturo Frondizi-; el propio "Chacho" Álvarez -citado por Arietto- y Julio Cobos, el vice de Cristina que votó en contra de la Resolución 125.