El 10 de agosto de 1792, París vivió una de las jornadas más decisivas de la Revolución Francesa. Miles de insurgentes avanzaron sobre el Palacio de las Tullerías, residencia de Luis XVI y María Antonieta, y protagonizaron un violento enfrentamiento que terminó con el rey suspendido de sus funciones. A 234 años de aquel episodio, la fecha sigue marcando el momento en que la monarquía francesa perdió, en los hechos, el control del país.
La Revolución había comenzado en 1789, pero Francia todavía conservaba una monarquía constitucional. Luis XVI continuaba en el trono, aunque con poderes cada vez más limitados.
Su situación se agravó en junio de 1791, cuando la familia real intentó escapar de París durante la llamada fuga de Varennes. El intento fracasó y fortaleció las sospechas de que el monarca buscaba recuperar su antigua autoridad.
En 1792, además, Francia entró en guerra contra Austria y Prusia. Las primeras derrotas militares aumentaron la tensión y alimentaron el temor de que las potencias extranjeras intentaran restaurar plenamente a Luis XVI. El clima se volvió explosivo después del Manifiesto de Brunswick, que amenazaba con represalias contra París si la familia real sufría algún daño.
Durante la madrugada del 10 de agosto, revolucionarios parisinos, sans-culottes y federados llegados desde diferentes regiones marcharon hacia las Tullerías. Entre ellos se encontraban voluntarios procedentes de Marsella, responsables también de popularizar una canción que años después se convertiría en el himno nacional: La Marsellesa.

El palacio estaba protegido por centenares de soldados, entre ellos unos 800 a 900 Guardias Suizos. Ante el avance revolucionario, Luis XVI abandonó el edificio junto con María Antonieta y sus hijos y buscó refugio en la Asamblea Legislativa. La retirada de la familia real no evitó el combate. Los insurgentes atacaron el palacio y los enfrentamientos dejaron cientos de muertos. Gran parte de los Guardias Suizos fueron asesinados durante o después de la lucha, mientras los revolucionarios terminaron controlando las Tullerías.
Después del levantamiento, la Asamblea decidió suspender al rey de sus funciones. Tres días más tarde, Luis XVI y su familia fueron encarcelados en la prisión del Temple. Aunque la monarquía todavía existía legalmente, el rey había perdido definitivamente su autoridad.

El desenlace llegó pocas semanas después. El 21 de septiembre de 1792, la Convención Nacional abolió oficialmente la monarquía. Francia inició entonces la etapa de la Primera República. Luis XVI fue posteriormente juzgado, declarado culpable y condenado a muerte. El 21 de enero de 1793 fue ejecutado en la guillotina en París. María Antonieta corrió la misma suerte meses después.
El Palacio de las Tullerías sobrevivió hasta el siglo XIX: fue incendiado durante la Comuna de París de 1871 y sus ruinas fueron demolidas en 1883. Por eso, aunque la monarquía no terminó oficialmente aquel 10 de agosto, la toma de las Tullerías fue el punto de no retorno que dejó a Luis XVI sin poder y aceleró el nacimiento de la República francesa.