El domingo 9 de agosto de 2015, hace once años, más de 32 millones de argentinos votaron en las PASO que definían quiénes competirían por la presidencia. Ganó Daniel Scioli, único candidato del Frente para la Victoria, con el 38,4%.
Pero la imagen que se repitió esa noche no fue la de un discurso. En el Luna Park, en el búnker de Cambiemos, en Tigre y en Santa Cruz, los cuatro dirigentes que festejaban terminaron besando a sus parejas delante de los fotógrafos.
La jornada dejó bastante más que eso: acusaciones de robo de boletas que nunca llegaron a la Justicia, un votante que metió dinero en la urna y dos intendentes con décadas de poder que quedaron afuera de la elección.
Cada uno tuvo su escena, y cada una en un lugar distinto del país.




La frase la dijo Macri, y resumió la polémica más fuerte del día.
Durante la tarde, referentes del PRO denunciaron el robo de boletas de Cambiemos en colegios del conurbano bonaerense, la zona más poblada del país. El Frente de Izquierda hizo un reclamo parecido.
Al cierre de las mesas, el macrismo les pidió a sus fiscales que dejaran asentados los problemas detectados. Macri llamó "héroes del día" a los fiscales que cuidaron "cada voto".
El desenlace fue otro. La justicia electoral informó que no había ninguna denuncia formal de irregularidades. Jorge Telerman, vocero de Scioli, dijo lo mismo. Y el ministro de Justicia de entonces, Julio Alak, destacó la "normalidad" y el "orden" de la jornada, sin mencionar problema alguno con las boletas.
Los besos de agosto se olvidaron rápido. El que quedó llegó el 15 de noviembre, en el debate del balotaje, en la Facultad de Derecho de la UBA.
Al terminar, el conductor Rodolfo Barili llamó a las esposas para la foto. Juliana Awada subió primero, vestida de blanco, y besó a Macri. Karina Rabolini todavía iba a mitad de camino, y Scioli saludó a Macri y a Awada antes de advertir que su mujer también había subido.
La imagen terminó en la propaganda de Cambiemos, y años después se supo que estaba preparada. Jaime Durán Barba, consultor de campaña de Macri, se lo confirmó al periodista Franco Lindner para su libro Juliana: "Fue idea de ella y salió muy bien. Claro, lo preparamos un poco".
Los números de esa madrugada resultaron un mal anticipo de lo que vino después:
Fue el primer balotaje presidencial de la historia argentina, y lo ganó el que había salido segundo en agosto. En la provincia pasó algo parecido: María Eugenia Vidal quedó diez puntos abajo en las PASO y en octubre ganó la gobernación.
Las PASO nacionales no se hicieron en 2025. La Ley 27.783, sancionada en febrero de ese año, las suspendió. Pero suspender no es eliminar: esa ley alcanzó solo a 2025.
En abril de 2026 el Poder Ejecutivo envió al Senado un proyecto de reforma electoral que las deroga de manera definitiva antes de la presidencial de 2027. El Gobierno las definió como "un experimento fallido" y calculó su costo en $45.000 millones en 2023.
El proyecto se discute en la Comisión de Asuntos Constitucionales y todavía no se votó. La resistencia mayor no viene de la oposición: dirigentes del PRO y de la UCR proponen mantener las primarias, pero sin obligatoriedad.
Si la reforma no avanza, las PASO vuelven a regir en 2027.
TM