A casi 7.000 metros sobre el nivel del mar, donde el frío, la falta de oxígeno, la sequedad y la radiación ultravioleta convierten al ambiente en uno de los más extremos de la Tierra, científicos detectaron una sorprendente estrategia de supervivencia entre microorganismos del Aconcagua.
El estudio analizó muestras de suelo tomadas en distintos puntos de la montaña, entre aproximadamente 3.300 y 6.900 metros de altura, y descubrió que ciertos microbios pueden obtener energía utilizando pequeñas cantidades de hidrógeno presente en la atmósfera. El resultado más llamativo apareció cerca de la cumbre. Allí, la actividad vinculada con este mecanismo fue hasta 75 veces mayor que en los sectores más bajos estudiados.
La capacidad se basa en un proceso conocido como oxidación de hidrógeno en trazas. En términos sencillos, algunos microorganismos pueden aprovechar concentraciones mínimas de ese gas para generar la energía necesaria para mantenerse activos.

La importancia del descubrimiento está precisamente en las condiciones donde ocurre. En las zonas más elevadas del Aconcagua hay muy poca materia orgánica, escasez de agua líquida y temperaturas extremadamente bajas. Eso demuestra que la vida puede adaptarse a ambientes con recursos mucho menores de lo que tradicionalmente se consideraba necesario.
El hallazgo se suma a décadas de investigaciones sobre organismos extremófilos capaces de sobrevivir en desiertos, hielos, profundidades oceánicas o regiones con alta radiación.
Los Andes son especialmente interesantes para la astrobiología porque algunas de sus características permiten estudiar escenarios parcialmente similares a los existentes en otros planetas. Marte es mucho más extremo que cualquier sitio terrestre, pero comparte condiciones como bajas temperaturas, fuerte radiación, escasez de agua y ambientes pobres en nutrientes.
Por eso, conocer cómo sobreviven microorganismos en el Aconcagua puede ayudar a perfeccionar los criterios utilizados para buscar posibles rastros de vida fuera de la Tierra.
No significa que se haya encontrado evidencia de organismos marcianos. El verdadero aporte es mostrar que un ambiente aparentemente inhabitable puede contener formas de vida capaces de recurrir a fuentes energéticas inesperadas.
Este tipo de descubrimientos también puede tener consecuencias para la exploración espacial internacional.
Desde el comienzo de la carrera espacial existen normas destinadas a evitar que las sondas humanas lleven microorganismos terrestres hacia otros cuerpos celestes. El objetivo es impedir la contaminación y evitar que futuras misiones confundan vida transportada desde nuestro planeta con un verdadero descubrimiento extraterrestre.

Cuanto más resistente demuestra ser la vida terrestre, más estrictos pueden necesitar ser los protocolos de protección planetaria. Además, ambientes extremos como los Andes pueden convertirse en espacios estratégicos para investigaciones internacionales, pruebas tecnológicas y preparación de futuras misiones.
El estudio todavía no redefine por sí solo la búsqueda de vida extraterrestre. Pero sí modifica una pregunta fundamental: si microorganismos pueden encontrar energía incluso en condiciones tan hostiles, ¿cuántos lugares considerados inhabitables podrían no serlo realmente? Desde el Aconcagua, la ciencia acaba de sumar una nueva pista para intentar responderla.