Selva tiene 56 años y lleva dos décadas trabajando en PAMI. Dice que siempre sostuvo su carrera laboral con esfuerzo y compromiso, pero que en los últimos dos años su situación económica cambió por completo.
Según relata a NewsDigitales, desde que comenzó la actual gestión recibió un aumento del 4,5% y luego su salario quedó prácticamente congelado, mientras aumentaban los gastos cotidianos y se acumulaban las obligaciones financieras.
Hoy enfrenta una deuda que, entre préstamos personales y tarjetas de crédito, ronda los $35 millones. Pero su historia no es solamente individual. Junto a otros trabajadores estatales creó el Movimiento de Trabajadores Públicos Endeudados y asegura que detrás de cada número hay familias que están haciendo malabares para llegar a fin de mes.
Selva trabaja en PAMI desde hace 20 años. Durante ese tiempo, asegura que fue creciendo dentro del organismo gracias a su compromiso y dedicación. Pero describe los últimos dos años como un período de fuerte deterioro de su poder adquisitivo.
La trabajadora asegura que comenzó a observar una realidad que antes no veía con tanta frecuencia: compañeros endeudados, preocupados y con dificultades para sostener sus gastos habituales: “Nunca vi a tantas compañeras y compañeros endeudados y deprimidos”.
Selva explica que durante años utilizó los productos financieros del Banco Nación como una herramienta habitual: préstamos para arreglar su casa, viajar o comprar determinados bienes en cuotas.
Sin embargo, el escenario cambió cuando los ingresos dejaron de acompañar sus obligaciones. Según sus números, tiene préstamos cuyo capital original suma unos $18 millones: uno de aproximadamente $1 millón y otro de $17 millones.
A eso se agregaron las tarjetas de crédito: “Supongamos que fueran $6 millones para pagar los resúmenes actuales, pero si quisiera cancelar el total de lo que debo de las tarjetas, son $17 millones”, explica.
De esa manera, calcula que el conjunto de sus obligaciones financieras ronda los $35 millones.
“Si fuera eso solo, quizás sería manejable. El problema es que además alquilo”, señala, y agrega: “Hay compañeros que ya tienen una deuda de $30 millones con el banco o más. Es algo que se torna impagable y que podrían estar pagando toda la vida, si es que eso es posible”.
La situación económica también se cruza con decisiones familiares. Selva cuenta que alquila una vivienda para poder ayudar a su hija y a su pareja, dos jóvenes emprendedores que utilizan su casa para vivir.
“El alquiler aumenta cada tres meses con el IPC, mientras mi salario sigue siendo el mismo”, explica.
En ese contexto, reconoce que llegó a una situación que nunca había imaginado: tomar nuevos créditos para cubrir compromisos anteriores: “Caí en la locura de pedir préstamos para pagar deudas”.
Ahora intenta generar ingresos adicionales para evitar caer en una situación de mora. “Tengo 56 años, pero no es tan sencillo. Trabajo nueve horas. A lo que nos lleva el sistema es a la autoexplotación. Tengo que conseguir algo extra”, sostiene. Y resume su preocupación con una frase: “Estoy haciendo malabarismos”.

La problemática llevó a Selva y a otros trabajadores a organizarse. Así nació el Movimiento de Trabajadores Públicos Endeudados, un espacio destinado a visibilizar las historias de quienes quedaron atrapados en deudas que consideran difíciles de afrontar.
Según cuenta Selva, 124 trabajadores de distintas partes del país firmaron un reclamo administrativo dirigido al Banco Nación.
Entre otros puntos, solicitaron la apertura de una mesa de diálogo, la suspensión de intereses punitorios y moratorios, el recálculo de las deudas con tasas acordes al carácter social de la banca pública, planes de pago con tasas reducidas para tarjetas de crédito y un límite del 30% sobre la afectación del salario neto.
También reclamaron que se suspendan los reportes negativos en bases de datos crediticias mientras las deudas se encuentren bajo impugnación y que se revisen determinadas cuotas adicionales vinculadas con créditos hipotecarios. “Pedimos que se tenga en cuenta el carácter alimentario del salario”, explica. Según su relato, la respuesta del banco fue negativa frente a los distintos pedidos.

Uno de los puntos que más cuestiona Selva es el argumento de que nadie obliga a una persona a tomar un crédito.
La trabajadora responde directamente a esa postura: “Sobre eso que dice Luis Caputo, es mentira porque la deuda ya es muy alta. Si los salarios no aumentan y siendo tan grandes las sumas que debemos, es imposible de afrontar”.
“¿Nadie nos obligó? Sí, nos obligó esta política a sacar préstamos”, afirma. En su interpretación, muchas personas recurren al crédito no desde una situación de comodidad, sino desde la necesidad: “Uno saca préstamos en la desesperación y también con la esperanza de que las cosas se van a resolver”.
Por eso considera que debería existir una intervención estatal para abordar el problema: “Tiene que haber una quita. Este gobierno o el que venga tiene que hacer una quita de todo esto porque esto es usura, es estafa”.
“Yo hace dos años que no me compro ropa, no salgo a comer. Con suerte, una pizza una vez por mes. Hay días que siento un bajón terrible. Es aplastante. Te dan ganas de llorar. Y yo creo que eso es lo que buscan”, lanza.
“Cada uno se tiene que hacer cargo del crédito que tomó. Es un tema entre privados”.
— si hay video hay clipeo (@PabloNavas92) August 1, 2026
Luis “Toto” Caputo
“Ni los bancos saben a ciencia cierta para qué fue cada crédito”.
“La mora irá cayendo”.
“Siempre va a haber gente que no llega a fin de mes”. https://t.co/7LZFsTnauB pic.twitter.com/35aTx7GLrb
Selva también expresa preocupación por las nuevas condiciones que, según señala, podrían permitir que el dinero que ingresa a las cuentas de trabajadores endeudados sea utilizado para cancelar obligaciones pendientes.
“Si vos tenés deudas, ellos van a sacar de ahí, van a descontarte las deudas de las tarjetas o de lo que tengas. No les importa el carácter alimentario del salario”, afirma. El banco les avisó que eso pasaría desde septiembre. Para ella, las refinanciaciones tampoco resuelven el problema de fondo. “Las refinanciaciones que ofrecen son a 60 cuotas, 96 cuotas, cosas así, pero te siguen comiendo el salario”, cuestiona, y reconoce: “Hay gente que pide la refinanciación y después no puede pagar las cuotas”.
Selva también cuestiona el modo en que, según entiende, se aborda el problema desde determinados sectores del poder.
“Detrás de cada persona endeudada hay una historia de vida, familiar, problemas, hijos que mantener, padres que ayudar, enfermedades que implican un costo”, plantea. Y agrega: “No pueden escuchar ni les interesa que detrás de cada persona endeudada hay una historia”.
En su mirada, el endeudamiento forma parte de un proceso más amplio que golpea especialmente a quienes dependen de un salario: “La cuestión del endeudamiento es parte de un mismo contexto: perjudicar a lo que queda de la clase media”.
E insisten en la crítica al gobierno de Javier Milei: “Viven en una burbuja que les impide ver al otro. Son los que hablan de ‘vagos’, ‘subsidiados’ y ‘agarrar la pala’, y no se dan cuenta de que no todos tienen las mismas posibilidades o recursos, y que es justamente el Estado el que tiene que intervenir para que las condiciones de vida de las mayorías sean justas”.
Y concluye sin rodeos: “Yo siento que ahora estamos luchando contra un monstruo”.