10/08/2026 - Edición Nº1280

Internacionales

Riesgo sísmico

Colombia y Venezuela: dos terremotos casi iguales con consecuencias muy distintas

10/08/2026 | La profundidad y el doble impacto explican por qué Venezuela sufrió una tragedia mucho mayor que Colombia.



El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia este 10 de agosto volvió a poner a prueba a una región acostumbrada a convivir con el riesgo sísmico. El movimiento se produjo a las 7:34 de la mañana, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y una profundidad de 96 kilómetros. La sacudida alcanzó Bogotá, Cali, Pereira, Manizales, Quibdó y otras ciudades, provocó colapsos estructurales y dejó víctimas mientras los equipos de emergencia continuaban evaluando daños. Su potencia lo ubica muy cerca de los terremotos que devastaron Venezuela apenas un mes y medio antes.

La comparación con Venezuela muestra, sin embargo, que una magnitud semejante puede esconder escenarios completamente diferentes. El 24 de junio, el norte venezolano recibió dos grandes terremotos casi consecutivos: uno de magnitud 7,2 y otro de 7,5, separados por apenas 39 segundos. El evento principal ocurrió a unos 10 kilómetros de profundidad, por lo que la energía alcanzó la superficie con mucha mayor intensidad en zonas pobladas de la franja central y costera. Aquella secuencia derivó en miles de fallecidos, edificios destruidos y una emergencia humanitaria que todavía condiciona al país.

 


Colombia es un país del extremo norte de Sudamérica. Su paisaje cuenta con bosques tropicales, las montañas de los Andes y varias plantaciones de café. 

La profundidad cambió el nivel de destrucción

Los casi 90 kilómetros de diferencia en profundidad ayudan a entender por qué Colombia, aun con una magnitud de 7,4, no reprodujo inmediatamente el nivel de devastación venezolano. La profundidad de un terremoto indica a qué distancia bajo la superficie se produce la ruptura: cuanto más superficial ocurre, mayor puede ser la intensidad de la sacudida cerca del epicentro. En Colombia, la energía tuvo que recorrer una distancia mucho mayor antes de alcanzar ciudades y construcciones, aunque eso también permitió que el movimiento fuera percibido sobre un territorio muy extenso. En Venezuela, en cambio, el foco superficial concentró movimientos mucho más violentos cerca de áreas densamente habitadas.

Venezuela además soportó un fenómeno especialmente destructivo porque no recibió un solo gran impacto, sino dos rupturas de enorme magnitud en menos de un minuto. Cuando comenzó el segundo terremoto, estructuras que ya habían sido sometidas al primero volvieron a recibir una carga sísmica extrema, reduciendo su margen de resistencia. Edificios, hospitales, carreteras, redes eléctricas y sistemas de comunicación quedaron expuestos al doble golpe en una zona donde además existían vulnerabilidades previas de infraestructura. Por eso la diferencia entre ambos desastres no puede explicarse simplemente comparando el 7,4 colombiano con el 7,5 venezolano.

Una magnitud parecida no significa un desastre igual

La escala de magnitud mide la energía liberada por un terremoto, pero no determina por sí sola cuántas víctimas o cuánto daño producirá. En el resultado intervienen también la profundidad, la distancia a los centros urbanos, el tipo de suelo, la calidad de las construcciones, la densidad poblacional y la capacidad de respuesta ante emergencias. Colombia sufrió derrumbes y daños graves en distintas ciudades y el balance continuaba modificándose durante la jornada, pero Venezuela acumuló una destrucción mucho más extensa y más de 5.000 muertes confirmadas tras la secuencia de junio. Esa distancia entre ambos resultados expone el peso que tienen las condiciones locales frente a un fenómeno natural de características similares.


Imagen de un edificio derrumbado en Caracas, Venezuela, luego del terremoto del 24 de junio del 2026. 

Los dos terremotos dejan una advertencia regional que excede las cifras de magnitud. Colombia enfrenta ahora rescates, inspecciones de edificios y posibles réplicas, mientras Venezuela continúa atravesando las consecuencias sociales y materiales del desastre ocurrido semanas atrás. No existe evidencia que permita afirmar que el terremoto venezolano haya provocado el colombiano: ambos responden a procesos tectónicos propios de una región donde interactúan grandes placas y sistemas de fallas. La comparación sirve para entender que el verdadero riesgo sísmico surge de la combinación entre la fuerza de la naturaleza, la ubicación del evento y la capacidad de las ciudades para resistirlo.


Registro del servicio geológico colombiano con respecto al temblor / 10/08/2026. 
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