Detuvo una guerra, pero nunca consiguió imponer la paz. La Resolución 1701 puso fin en 2006 a 34 días de enfrentamientos entre Israel y Hezbollah, aunque varias de las condiciones que debía garantizar quedaron incumplidas. Veinte años después, ese acuerdo aprobado por unanimidad en el Consejo de Seguridad sigue siendo la principal referencia para cualquier intento de estabilizar la frontera sur del Líbano.

El conflicto había comenzado el 12 de julio, cuando combatientes de Hezbollah cruzaron la frontera, mataron a soldados israelíes y capturaron a otros dos. Israel respondió con una ofensiva aérea y terrestre de gran escala sobre territorio libanés. Los bombardeos destruyeron rutas, puentes, viviendas e infraestructura, mientras los cohetes disparados desde el Líbano alcanzaron ciudades del norte israelí.
La guerra dejó más de un millar de muertos, en su mayoría libaneses, y desplazó a cientos de miles de personas en ambos países. Después de semanas de negociaciones, la comunidad internacional consiguió cerrar un texto que exigía el cese total de las hostilidades: Hezbollah debía detener sus ataques e Israel, sus operaciones militares ofensivas. La tregua comenzó a aplicarse el 14 de agosto.
El objetivo central del acuerdo era que el Estado libanés recuperara el control efectivo del sur del país. Para eso se dispuso el despliegue de las fuerzas armadas nacionales junto con una misión internacional reforzada y se pidió que no hubiera armas ni grupos armados fuera de la autoridad gubernamental entre el río Litani y la Línea Azul.
La Resolución 1701 amplió hasta 15.000 efectivos el máximo autorizado para la fuerza internacional creada originalmente en 1978. También reclamó respetar la Línea Azul, facilitar el regreso de los desplazados, apoyar la reconstrucción y avanzar hacia el desarme de todas las milicias. Ese último punto fue, desde el comienzo, el más difícil de concretar.
Hezbollah mantuvo su estructura militar y reconstruyó durante los años siguientes un amplio arsenal. El Gobierno libanés, condicionado por divisiones políticas internas y crisis sucesivas, nunca logró ejercer un control total sobre la fuerza armada en esa región. Israel, a su vez, sostuvo que la presencia de combatientes y armamento cerca de su frontera representaba una violación permanente del acuerdo.

Aun con esas limitaciones, la resolución permitió crear mecanismos de coordinación que ayudaron a contener numerosos incidentes. La misión internacional funcionó durante años como enlace entre dos partes sin relación diplomática directa y documentó violaciones registradas de ambos lados.
La gran contradicción de la Resolución 1701 es que logró frenar una guerra, pero no resolvió las causas del enfrentamiento. A veinte años de su aprobación, sus principales exigencias siguen pendientes: soberanía plena para el Líbano, seguridad para las comunidades fronterizas y ausencia de armas fuera del control estatal.
Su vigencia demuestra tanto la importancia del acuerdo alcanzado en 2006 como la profundidad de un conflicto que, dos décadas después, continúa buscando una salida definitiva.