El 11 de agosto de 1991 quedó marcado en la historia de la televisión como la fecha en que la animación infantil dio un giro decisivo. Ese domingo nacieron los Nicktoons, la marca de producciones originales animadas de Nickelodeon, señal que hoy forma parte de Paramount.
Los orígenes del canal se remontan a abril de 1979, cuando la educadora Vivian Horner lo concibió como una señal meramente educativa. En sus primeros años, el canal no lograba despegar financieramente, pero todo cambió a mediados de los 80 cuando los creativos Fred Seibert y Alan Goodman remodelaron la marca, introduciendo el icónico logo naranja con estética desenfadada para consolidarse definitivamente como “el primer canal infantil”.
Antes del surgimiento de este bloque animado, la programación de Nickelodeon dependía por completo de producciones de terceros traídas de países como Canadá, Reino Unido, Italia o Japón. La decisión de crear contenidos propios en sus estudios no solo revolucionó su catálogo, sino que transformó la forma de hacer televisión para chicos. El lanzamiento consecutivo de sus tres primeras series originales marcó una era dorada que definió la identidad del canal y sentó las bases para la animación moderna de las décadas siguientes.
La primera de estas creaciones en salir al aire fue Doug, la cual ostenta el título de ser oficialmente el primer Nicktoon de la historia. La serie seguía la vida de Doug Narinas, un tímido e imaginativo preadolescente que procesaba las vivencias de la escuela secundaria, sus amistades y su enamoramiento secreto de Patty Mayonaise escribiendo en su diario íntimo. La producción retrató de manera fiel los dilemas emocionales de la preadolescencia.

Ese mismo día se presentó Rugrats (Aventuras en pañales), una de las franquicias más exitosas y duraderas del canal. La historia se centraba en un grupo de bebés (encabezado por Tommy Pickles y su amigo Carlitos) que aprovechaban el descuido de los adultos para explorar el mundo a su alrededor. Lo fascinante del programa era cómo mostraba la perspectiva infantil, convirtiendo situaciones domésticas ordinarias en grandiosas odiseas a través de la imaginación de sus pequeños protagonistas.

Para completar el trío inaugural llegó Ren & Stimpy, una propuesta sumamente irreverente que rompió con todos los moldes de la época. Protagonizada por un perro Chihuahua neurótico y violento llamado Ren y un gato gordo e ingenuo de nombre Stimpy, la serie apostó por un humor grotesco, surrealista y lleno de sátira. Aunque generó controversia por su contenido, se convirtió en un objeto de culto que demostró que la animación infantil también podía explorar terrenos narrativos y visuales mucho más arriesgados.
