28/09/2026 - Edición Nº1329

Internacionales

Alerta sísmica

Terremotos en cadena: ¿pueden los sismos de Sudamérica despertar a San Andrés?

11/08/2026 | El terremoto de Colombia volvió a poner una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿puede un gran sismo alterar una falla ubicada a miles de kilómetros?



Hay terremotos que duran segundos y dejan una ciudad paralizada durante semanas. Y hay otros que, además del daño inmediato, abren una pregunta que viaja mucho más lejos que las ondas sísmicas.

El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia volvió a poner el foco sobre la actividad sísmica de Sudamérica. El movimiento tuvo epicentro en el departamento de Chocó y provocó daños graves en distintas zonas del país. También fue percibido en países vecinos.

La cercanía temporal con otros movimientos registrados en la región alimentó una inquietud inevitable: ¿están conectados estos terremotos? ¿Y podrían tener alguna consecuencia sobre otras grandes fallas del continente americano?

La respuesta científica es bastante más interesante que un simple sí o no.


San José del Palmar se encuentra en el oriente del Chocó, junto a Risaralda y Valle del Cauca; el mapa muestra su contexto nacional.

No todos los terremotos que ocurren cerca están conectados

Cuando varios terremotos fuertes aparecen en el mapa con pocas semanas de diferencia, es inevitable buscar un hilo conductor. La sensación de que algo está pasando debajo de nuestros pies es casi inmediata.

Pero la Tierra no funciona como una fila de fichas de dominó.

Venezuela, Colombia y Ecuador no están atravesados por una única falla, ni cada movimiento que ocurre en uno de esos países tiene necesariamente relación con el anterior. La región reúne distintos límites de placas y sistemas de fallas, por lo que los terremotos pueden responder a mecanismos tectónicos diferentes.

Colombia, además, se encuentra en una zona especialmente compleja, donde interactúan las placas de Nazca, Sudamericana y Caribe. Por eso, la existencia de varios sismos importantes en un período relativamente corto no alcanza, por sí sola, para demostrar que forman parte de una misma secuencia.

Y hay algo más importante todavía: que dos terremotos ocurran cerca en el tiempo no significa que uno haya provocado al otro.

Eso no vuelve menos inquietante lo que está ocurriendo. Al contrario. Significa que estamos mirando una región geológicamente muy activa.

Pero la historia cambia cuando la pregunta se mueve miles de kilómetros hacia el norte.

Hacia California.

 


Para entender la dimensión del terremoto: el sismo de Colombia no fue un movimiento menor. El impacto sobre distintas ciudades y la cantidad de réplicas posteriores muestran por qué volvió a abrirse la discusión sobre la actividad sísmica de la región.

La falla de San Andrés entra en escena

El nombre San Andrés tiene una capacidad casi cinematográfica para despertar temor. Es una de las fallas más conocidas del planeta y atraviesa California siguiendo el límite entre las placas del Pacífico y Norteamérica.

Pero hay una cuestión menos conocida que vuelve relevante la pregunta después de un terremoto como el de Colombia.

Un terremoto grande puede hacer sentir sus efectos mucho más lejos de su epicentro.

El USGS reconoce el fenómeno conocido como dynamic triggering: las ondas sísmicas generadas por un gran terremoto pueden modificar temporalmente las condiciones de esfuerzo en fallas situadas a grandes distancias y, en determinadas circunstancias, desencadenar pequeños eventos sísmicos.

Eso no significa que un terremoto en Colombia pueda recorrer el continente como una especie de dominó tectónico y provocar automáticamente otro en California.

La cuestión es mucho más sutil.

Una falla que ya se encuentra bajo determinadas condiciones de tensión puede responder a las ondas que llegan desde un terremoto distante.

Y San Andrés ya mostró que puede responder a esa clase de estímulos.

Investigaciones científicas detectaron episodios de actividad sísmica en la falla después de grandes terremotos ocurridos lejos de California. Ese fenómeno puede incluir tremor y otros movimientos que no equivalen a un gran terremoto, pero que permiten observar cómo una falla puede reaccionar a perturbaciones externas.

La diferencia es fundamental.

Que una falla responda a un terremoto distante no significa que ese terremoto haya puesto en marcha el próximo gran terremoto.

El punto donde la ciencia pone un freno

Acá es donde una historia fascinante puede transformarse fácilmente en una noticia falsa.

En las redes sociales ya circulan desde hace años versiones que vinculan cada gran terremoto con la supuesta inminencia del llamado “Big One” en California.

Pero la ciencia no permite hacer esa afirmación.

El USGS sostiene que los terremotos individuales no pueden predecirse con precisión, es decir, no es posible determinar de antemano el día, el lugar exacto y la magnitud de un gran sismo. Lo que sí pueden hacer los especialistas es estudiar las fallas, reconstruir su historia y calcular probabilidades de ocurrencia a largo plazo.

San Andrés no es una excepción.

La falla acumula tensión y tiene segmentos con historias sísmicas diferentes. Eso permite estudiar el riesgo, pero no establecer una fecha de vencimiento.

Una falla no funciona como una bomba con un reloj.

Puede pasar tiempo acumulando energía sin que eso permita saber cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto.

Por eso, afirmar que el sismo de Colombia “activó” San Andrés sería ir mucho más allá de lo que los datos científicos permiten sostener.

Entonces, ¿por qué tantos terremotos?

La pregunta original sigue siendo válida.

Si Colombia, Venezuela y Ecuador aparecen repetidamente en las noticias por sus terremotos, ¿qué está pasando debajo de la superficie?

La explicación está en la propia geografía de Sudamérica.

La región se encuentra atravesada por una enorme zona de interacción entre placas tectónicas. Frente a la costa del Pacífico, la placa de Nazca se introduce por debajo de la Sudamericana, un proceso que genera una enorme cantidad de actividad sísmica.

Pero hacia el norte la situación se vuelve todavía más compleja. Colombia, Ecuador y Venezuela tienen estructuras geológicas diferentes y distintos sistemas de fallas.

Por eso, no existe una única explicación para todos los terremotos recientes.

Puede haber coincidencias temporales. Puede haber actividad sísmica agrupada en determinadas zonas. Y en circunstancias específicas, un terremoto grande puede generar cambios dinámicos en fallas lejanas.

Lo que no existe, al menos con la evidencia disponible, es una señal que permita decir que todos esos movimientos forman una única cadena destinada a terminar en San Andrés.

La Tierra sí puede hablar a distancia

Y acá aparece la parte más fascinante de toda la historia.

Las fronteras no existen para las ondas sísmicas.

Un terremoto ocurre en un punto determinado, pero su energía se propaga por el interior y la superficie terrestre. En el camino puede atravesar enormes distancias y producir pequeñas modificaciones en sistemas de fallas que, hasta ese momento, parecían completamente desconectados.

Eso no significa que una falla distante vaya necesariamente a romperse.

Significa que la Tierra es un sistema mucho más interconectado de lo que vemos desde la superficie.

Un terremoto en Colombia no puede utilizarse hoy como pronóstico de un gran terremoto en California. Tampoco los movimientos recientes de Venezuela y Ecuador permiten anunciar que San Andrés está a punto de despertar.

Pero sí existe una pregunta científica válida detrás de ese temor.

¿Qué ocurre cuando una falla que ya acumula tensión recibe el impacto de las ondas producidas por un terremoto gigantesco ocurrido a miles de kilómetros?

Esa pregunta todavía se estudia.

Y quizás sea justamente eso lo que vuelve tan fascinante a San Andrés: no que alguien pueda saber cuándo va a romperse, sino que una de las fallas más famosas del planeta todavía guarda preguntas que la ciencia no terminó de responder.

Porque debajo de nuestras ciudades, de nuestras fronteras y de nuestros mapas hay un territorio que nunca permanece completamente quieto.

Y cuando la Tierra se mueve, a veces la pregunta más importante no es dónde empezó el terremoto.

Es hasta dónde puede sentirse.

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