12/08/2026 - Edición Nº1282

Internacionales

Frontera oriental

Letonia halló un túnel bajo el límite con Bielorrusia y reforzó controles

12/08/2026 | Riga desplegará drones y más agentes para desarmar redes clandestinas que llevan migrantes hacia el espacio Schengen.



El descubrimiento de un paso subterráneo bajo la frontera entre Letonia y Bielorrusia encendió una nueva alarma en el extremo oriental de la Unión Europea. Las autoridades letonas sostienen que el túnel era utilizado por traficantes de personas y anunciaron un operativo especial para identificar a quienes organizan los cruces y les brindan apoyo dentro del país.

La línea limítrofe se extiende por unos 173 kilómetros y también constituye una puerta exterior del espacio Schengen, donde normalmente no existen controles entre los países integrantes. Por eso, una entrada irregular a Letonia puede facilitar posteriores desplazamientos hacia otros destinos europeos. Riga afirma que los migrantes no suelen tener al pequeño Estado báltico como objetivo final.


Agentes letones interceptan a un grupo de migrantes cerca de la frontera con Bielorrusia, una ruta que permanece bajo fuerte vigilancia desde la crisis iniciada en 2021.

El Gobierno dispuso una coordinación más estrecha entre la Guardia Fronteriza, la Policía, las Fuerzas Armadas y los servicios de seguridad. El plan contempla aumentar la vigilancia con drones, duplicar efectivos en puntos sensibles y golpear la logística local de los grupos clandestinos. La operación fue bautizada “Vilkatis”, término letón que puede traducirse como “hombre lobo”.

Una frontera bajo presión desde 2021

El túnel no aparece como un episodio aislado. Lituania había detectado estructuras similares en su propio límite con Bielorrusia, mientras que en diciembre de 2025 más de 180 personas atravesaron hacia Polonia por un corredor oculto en un bosque. En julio de este año, soldados letones utilizaron gas lacrimógeno y efectuaron un disparo de advertencia para frenar otro intento de ingreso.

La tensión se arrastra desde 2021. Letonia, Lituania y Polonia acusan al gobierno de Alexander Lukashenko de facilitar la llegada de personas procedentes de regiones en crisis y conducirlas hacia las fronteras comunitarias como represalia por las sanciones europeas. Minsk rechaza esa interpretación. Los países bálticos describen el fenómeno como una amenaza híbrida: una presión que combina migración, desinformación y desafíos a la seguridad sin llegar a un enfrentamiento militar convencional.

El endurecimiento también abre una discusión humanitaria. Quienes intentan cruzar suelen provenir de África, Medio Oriente o Asia y pueden necesitar protección internacional, aunque utilicen rutas ilegales o dependan de traficantes. Controlar una frontera no elimina la obligación de evaluar pedidos de asilo y evitar devoluciones que expongan a las personas a abusos.


Efectivos de seguridad letones vigilan a un grupo de migrantes en una zona boscosa próxima a Bielorrusia durante uno de los momentos de mayor tensión fronteriza.

Riga buscará ahora ampliar la cooperación con Estonia, Lituania y Polonia. El desafío será desarticular las redes criminales y contener una maniobra política atribuida a Bielorrusia sin convertir a los migrantes, atrapados entre dos sistemas fronterizos, en simples instrumentos de esa disputa.

El hallazgo, además, demuestra que las vallas por sí solas no resuelven el problema: las rutas clandestinas se adaptan y obligan a combinar tecnología, investigación financiera y coordinación judicial.