Uganda dio un paso formal para convertirse en uno de los países africanos con presencia militar en la futura etapa de estabilización de Gaza. El Parlamento aprobó el 6 de agosto la autorización para que las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda, conocidas como UPDF, puedan integrarse a la Fuerza Internacional de Estabilización promovida dentro del plan estadounidense para el territorio. La iniciativa fue presentada por el ministro de Defensa, Kiryowa Kiwanuka, después de contactos entre Washington y el presidente Yoweri Museveni durante julio. La aprobación no significa que las tropas ya hayan ingresado a Gaza: hasta este 11 de agosto no existe un número público definitivo de soldados ugandeses ni una fecha oficial para el despliegue.
La elección de Uganda está vinculada principalmente con la experiencia internacional acumulada por sus fuerzas armadas. El país ha participado durante años en operaciones de seguridad y estabilización en Somalia y también desplegó personal en otros escenarios africanos, una trayectoria que Kampala presenta como preparación para trabajar dentro de estructuras multinacionales. El propio Gobierno ugandés destacó este martes la capacidad adquirida frente a grupos armados, en protección de instalaciones estratégicas y en coordinación con componentes civiles y humanitarios. Dentro del Parlamento surgieron preguntas sobre los riesgos y condiciones de la misión, aunque la resolución terminó obteniendo la autorización necesaria para avanzar con los preparativos.
La fuerza internacional tendrá un mandato de seguridad más amplio que el de una misión tradicional de observación. La Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada en noviembre de 2025, respaldó el plan integral para Gaza y dio reconocimiento a la Fuerza Internacional de Estabilización. Su diseño contempla contribuir a la protección de civiles, facilitar la asistencia humanitaria, asegurar determinadas zonas y apoyar la creación de condiciones para una administración estable. También incorpora la desmilitarización del territorio y el desarme de grupos armados no estatales, un punto central para construir un esquema de seguridad que pueda funcionar durante la transición.
Los soldados ugandeses operarían dentro de esa arquitectura y no como una fuerza independiente de Kampala. Estados Unidos designó al mayor general Jasper Jeffers como comandante de la Fuerza Internacional de Estabilización, con responsabilidades sobre las operaciones de seguridad, el apoyo a la desmilitarización y la circulación segura de ayuda y materiales destinados a la reconstrucción. La estructura forma parte del Board of Peace y del esquema de transición respaldado por Washington, por lo que no debe confundirse con una operación convencional de cascos azules administrada directamente por Naciones Unidas. Uganda, por su parte, estableció que su contingente deberá mantener neutralidad, respetar el derecho internacional humanitario y proteger a los civiles sin intervenir en disputas políticas.

La entrada efectiva de la fuerza dependerá también de cómo avance el desarme de Hamas y de las garantías de seguridad exigidas por Israel. El Gobierno israelí sostiene que una nueva fase en Gaza requiere un desarme real del grupo y la desmilitarización del territorio. El primer ministro Benjamin Netanyahu reafirmó el 9 de agosto que las Fuerzas de Defensa de Israel no realizarán una retirada mientras Hamas continúe armado, mientras que el presidente Isaac Herzog expresó respaldo a los esfuerzos del Board of Peace siempre que el desarme sea completo. Ese planteo convierte la secuencia entre desarme, retirada israelí y despliegue internacional en una de las cuestiones centrales que deberán coordinar Washington, Israel y los países participantes.

La autorización de Uganda amplía la base internacional del proyecto, pero todavía quedan decisiones operativas antes de que sus soldados puedan actuar sobre el terreno. Deberán definirse el tamaño del contingente, las reglas concretas de actuación, la logística y el momento en que la situación de seguridad permita avanzar con el despliegue. Para Kampala, participar significa trasladar al escenario de Medio Oriente una experiencia militar desarrollada principalmente en África; para la fuerza internacional, significa incorporar efectivos acostumbrados a misiones prolongadas y entornos complejos. La clave será si ese componente puede integrarse a un mecanismo que combine las necesidades de seguridad de Israel, la protección de la población civil, la asistencia humanitaria y la construcción de una administración estable para Gaza.