El futuro de Julián Álvarez es la situación que más concentra atención del fútbol español. El delantero se reincorporó al Atlético de Madrid tras las vaciones post-Mundial en un clima de tensión con la dirigencia y con Diego Simeone. La Araña quiere emigrar al FC Barcelona y no lo oculta.
Este martes, Álvarez se presentó nuevamente en la Ciudad Deportiva de Majadahonda. La particularidad: llegó acompañado por uno de sus representantes, quien iba en el asiento del conductor, según reportó el medio catalán Jijantes.
La compañía no fue casualidad. Buscaba destrabar una situación contractual que el entorno del delantero considera "insostenible". Álvarez cumplió con los protocolos médicos y las pruebas, pero se limitó a entrenar en soledad en el gimnasio, bajo la supervisión de médicos y preparadores físicos.
El propio Atlético publicó imágenes en sus redes con un mensaje corto: "Los últimos internacionales en incorporarse siguen con su puesta a punto".
El origen de este clima explosivo se dio el lunes. La Araña se había presentado con la intención concreta de mantener una reunión cumbre con Simeone y con el CEO Miguel Ángel Gil Marín para comunicarles su decisión de irse.
Sin embargo, ninguno de los dos estaba en Majadahonda: el Cholo apuraba sus últimos días de descanso tras la gira de pretemporada por Seúl, y Gil Marín permanecía de vacaciones en Marbella.
El pedido de reunión del futbolista había recibido previamente un seco "Nos vemos el día 10" por parte del CEO, según relató el periodista catalán Jota Jordi. La ausencia fue interpretada por el entorno del jugador como un desprecio. La reacción fue tajante: "No cuenten conmigo".

El malestar no es nuevo. Según Jota Jordi, arranca hace dos años: Julián aceptó llegar al Metropolitano con una ficha inferior a su valor real de mercado, en el marco del entonces costoso traspaso desde el Manchester City.
A cambio, la directiva le prometió actualizar sus emolumentos una vez estabilizado el Fair Play Financiero. Esa mejora nunca se materializó. Al mismo tiempo, el club le colocó una cláusula de rescisión de 500 millones de euros, cifra que en la práctica frena cualquier propuesta externa concreta.
En febrero de este año, tras nuevas presiones del entorno del jugador, el Atlético habría comprometido dejarlo marchar en caso de recibir una oferta. Barcelona hoy tiene sobre la mesa una propuesta cercana a los 100 millones de euros, considerada insuficiente por los despachos rojiblancos pero con capacidad de escalar si el futbolista se declara en rebeldía.
En el Camp Nou, Hansi Flick lo espera como pieza clave. Del otro lado, la comisión deportiva y el propio Gil Marín pidieron a través de medios afines que Julián "se disculpe y se ponga a trabajar".