12/08/2026 - Edición Nº1282

Judiciales

En Villa Ballester

Cayó de un inflable en una fiesta escolar, fue operado y le quedaron graves secuelas

12/08/2026 | El accidente ocurrió durante una peña organizada por una escuela. El juego tenía varios metros de altura. La Justicia condenó al establecimiento.



Una fiesta organizada por un colegio para reunir fondos terminó con un nene de cinco años gravemente herido. El chico cayó desde un tobogán inflable de gran altura instalado en el patio de la institución, sufrió una fractura en el brazo y tuvo que ser operado dos veces. Las consecuencias, según determinaron posteriormente las pericias, no fueron solamente físicas: el accidente también dejó secuelas psicológicas que se prolongaron en el tiempo.

El episodio ocurrió el 13 de julio de 2019 durante una peña realizada en el Instituto Nuestra Señora de la Merced, perteneciente a la Diócesis de San Martín. Era sábado y al encuentro habían asistido alumnos junto con sus familias.

Entre las propuestas recreativas había un inflable destinado a los chicos. Las fotografías incorporadas posteriormente al expediente permitieron establecer sus importantes dimensiones: tenía varios metros de altura y llegaba hasta las ventanas del primer piso del edificio escolar.

En determinado momento, el nene cayó desde el juego y sufrió una lesión en el brazo izquierdo.

Hay un detalle de aquella secuencia que años después también llamó la atención de la Justicia: quien fue a buscar a los padres para avisarles que su hijo se había accidentado fue la hermana del chico, también menor de edad.

Dos operaciones después de la caída

La lesión obligó a iniciar un tratamiento médico que se prolongaría mucho más allá de aquel sábado. De acuerdo con la pericia incorporada a la causa, el chico sufrió una fractura supracondílea del húmero izquierdo. Debido a la gravedad de la lesión tuvo que ser sometido a una cirugía para reducir la fractura y colocarle clavijas.

La escuela parroquial Nuestra Señora de la Merced de Villa Ballester, donde ocurrió el accidente.

Tiempo después debió regresar al quirófano para una segunda intervención destinada a retirar ese material.

La recuperación tampoco consiguió borrar completamente las consecuencias del accidente. El perito médico constató una angulación en el codo afectado y determinó que el chico quedó con una incapacidad física parcial y permanente del 12%, vinculada directamente con la caída.

Pero el expediente reveló que las consecuencias habían avanzado más allá de la lesión en el brazo.

El miedo que apareció después del accidente

Una evaluación psicológica detectó cambios en la conducta del chico posteriores a lo ocurrido en la fiesta escolar. La especialista diagnosticó un cuadro de estrés postraumático y estimó una incapacidad psíquica parcial y permanente del 20%.

Uno de los cambios más evidentes apareció precisamente frente a los juegos que hasta entonces formaban parte de su infancia. Después de la caída, el nene dejó de entrar a peloteros e inflables.

También comenzó a manifestar temores relacionados con la posibilidad de sufrir accidentes y atravesó episodios de angustia. Según quedó registrado en el expediente, incluso llegó a expresar por las noches su preocupación ante la posibilidad de morir mientras dormía.

Esas consecuencias físicas y psicológicas terminaron formando parte de la demanda iniciada por su familia contra la institución educativa.

La discusión por quién debía cuidarlo

El caso llegó a la Justicia con una discusión central: determinar quién tenía la responsabilidad sobre el chico en el momento de la caída.

El accidente había ocurrido un sábado, fuera del horario habitual de clases, y los padres se encontraban dentro del establecimiento participando de la peña. El colegio sostuvo que esas circunstancias modificaban su responsabilidad y que los menores no se encontraban bajo el control de la autoridad educativa.

La aseguradora también argumentó que, al estar los padres presentes, la vigilancia del nene correspondía principalmente a ellos. La Justicia llegó a otra conclusión.

La Cámara Civil tuvo en cuenta que la peña había sido organizada por el propio colegio y que fue la institución la que contrató el inflable o permitió su instalación para entretener a los menores.

También evaluó las dimensiones del juego y la edad del chico. Para los jueces, permitir que un nene de cinco años utilizara un inflable de esas características exigía extremar las medidas de prevención y disponer de personas que supervisaran a los menores.

La presencia de los padres tampoco alcanzó para liberar al establecimiento de esa obligación. “La presencia de los padres dentro del lugar bajo techo donde se celebraba el festejo, en el momento en que se produjo el accidente, no resulta argumento válido para responsabilizarlos”, concluyó el tribunal.

Finalmente, la Cámara confirmó la responsabilidad de la Diócesis de San Martín, titular del colegio, por aquel accidente ocurrido durante una jornada que había comenzado como una fiesta para recaudar fondos y terminó con un chico de cinco años trasladado para recibir atención médica.

Para él, las consecuencias continuaron mucho después: dos operaciones, una incapacidad física permanente y un miedo a los inflables que apareció después de aquella caída.