La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó el inicio del fenómeno de El Niño con proyecciones de una intensidad inusual para la primavera y el verano. Las estimaciones indican que las anomalías térmicas en el Pacífico ecuatorial superarán los 2 °C, lo que posicionaría a este evento como uno de los más fuertes registrado en los últimos 77 años.
Este calentamiento crítico del océano desencadenará alteraciones climáticas significativas en todo el planeta, con especial foco de atención sobre Sudamérica y el territorio argentino.

A pesar del calentamiento récord en las aguas del Pacífico, la magnitud del impacto directo en el país no dependerá únicamente de la temperatura oceánica. Expertos locales señalan que el factor determinante será el comportamiento de los vientos alrededor de la Antártida (conocido como el Modo Anular del Sur o SAM).
La interacción entre la humedad portada por El Niño y la circulación atmosférica antártica definirá qué zonas recibirán las mayores precipitaciones y con qué severidad se sentirán las tormentas. Entre los riesgos y escenarios previstos se destacan: anomalías térmicas > 2 °C en el océano Pacífico ecuatorial; lluvias abundantes y tormentas hacia el verano, alto riesgo de crecidas y saturación de desagües.
Las proyecciones anticipan un escenario marcado por lluvias abundantes y tormentas frecuentes hacia finales de la primavera y el verano.
El principal riesgo para los centros urbanos y las zonas rurales radica en la saturación del suelo y la capacidad de drenaje, lo que incrementa sustancialmente la posibilidad de:
*Inundaciones repentinas en áreas vulnerables.
*Crecidas y desbordes de arroyos y ríos.
*Saturación del red de desagües en ciudades con infraestructura comprometida.
Ante un pronóstico que pone a prueba la capacidad de respuesta y la resiliencia de la infraestructura, las acciones preventivas en todos los niveles resultan urgentes:
Gobiernos locales: Mantener la limpieza intensiva de sumideros y cauces de arroyos, sumado a la actualización de los protocolos de evacuación a cargo de Defensa Civil.
Vecinos y comunidad: Revisar techos, canaletas y desagües particulares, evitando estrictamente arrojar basura en la vía pública para no obstruir el escurrimiento del agua.
Sector productivo: Diseñar sistemas de canales de drenaje en campos y aplicar un manejo preventivo de suelos propensos a anegamientos.