12/08/2026 - Edición Nº1282

Política

Historia

Reconquista de Buenos Aires: la lección que dejó la primera invasión inglesa

12/08/2026 | La resistencia reunió a soldados y milicianos, pero también a una población decidida a recuperar la ciudad.



El 12 de agosto de 1806, después de varios días de cruentos combates por las calles de Buenos Aires, el general británico William Beresford se rindió ante Santiago de Liniers. Terminaban así los 46 días de ocupación británica y la primera invasión inglesa al Río de la Plata.

La expedición había desembarcado con una fuerza militar entrenada y consiguió ocupar Buenos Aires ante la escasa capacidad de respuesta de las autoridades virreinales. Pero la victoria británica sería mucho más breve de lo que sus comandantes imaginaban.

La resistencia comenzó a organizarse rápidamente. Mientras los invasores intentaban consolidar su dominio sobre la ciudad, Liniers cruzó el Río de la Plata y comenzó a reunir hombres para recuperar Buenos Aires.

Liniers prepara la Reconquista

La posibilidad de un ataque extranjero no era desconocida. Desde 1805, las autoridades españolas estaban alertas ante una posible incursión británica sobre sus posesiones en el Río de la Plata. El virrey Rafael de Sobremonte había designado a Santiago de Liniers al frente de la defensa naval de Ensenada. La previsión no resultó exagerada: en junio de 1806, los británicos intentaron desembarcar en las cercanías de Punta Lara.

La defensa local consiguió impedir aquella primera operación y los invasores buscaron otro punto para desembarcar. El 27 de junio hicieron pie en Quilmes y desde allí avanzaron hacia Buenos Aires. Al ser notificado del hecho, Sobremonte emprendió viaje a Córdoba con el tesoro, con el objetivo de proteger el dinero público.

La ciudad terminó cayendo en manos británicas y William Beresford asumió el gobierno. Mientras algunos funcionarios aceptaban la nueva situación, Liniers comenzaba a preparar la contraofensiva.

Una primera derrota no detuvo la resistencia

Antes de la llegada de las fuerzas comandadas por Liniers se produjo un episodio que también forma parte de la historia de la Reconquista. El 1 de agosto, en Perdriel, Juan Martín de Pueyrredón encabezó un grupo de milicianos que intentó enfrentar a las tropas británicas. La fuerza local fue derrotada y dispersada.

Pero aquella derrota no significó el final de la resistencia. Por el contrario, mientras los británicos se encontraban ocupando Buenos Aires, continuaban multiplicándose los hombres dispuestos a combatirlos.

Liniers había cruzado el Río de la Plata y se había establecido en Colonia del Sacramento. Allí organizó y entrenó a las fuerzas que regresarían a Buenos Aires para enfrentar a los invasores.

La ciudad se convierte en un campo de batalla

Cuando las tropas de Liniers avanzaron sobre Buenos Aires, la resistencia dejó de ser solamente una cuestión militar. Los combates se trasladaron a las calles y buena parte de la población participó de la defensa de la ciudad.

Mientras soldados y milicianos enfrentaban cuerpo a cuerpo a las tropas británicas, los vecinos colaboraban desde balcones y terrazas arrojando piedras, cascotes y agua hirviendo sobre los invasores.

La resistencia fue creciendo hasta hacer imposible que Beresford pudiera sostener la ocupación. Después de varios días de combates, el comandante británico comprendió que continuar la lucha era inviable.

El día que cambió la historia

El 12 de agosto de 1806, William Beresford deja de pelear. La primera invasión británica había terminado y Buenos Aires volvía a quedar bajo control español. La noticia de la derrota fue recibida en Londres como un fracaso militar. La expedición que había conseguido ocupar la capital del Virreinato del Río de la Plata había terminado con su comandante rindiéndose y sus tropas capturadas, pero la importancia de aquella jornada excedió ampliamente el resultado de una batalla.

La Reconquista demostró que los habitantes de Buenos Aires podían organizarse y defender la ciudad incluso frente a una de las principales potencias militares de la época. También puso en evidencia las dificultades de las autoridades virreinales para responder ante una amenaza externa y otorgó un peso cada vez mayor a las milicias y a los propios habitantes del Río de la Plata.

Los británicos volvieron a intentarlo al año siguiente, pero encontraron una Buenos Aires mucho más preparada. La experiencia de 1806 había dejado una certeza: la ciudad podía defenderse por sí misma.