El operativo para recuperar víctimas del naufragio en el lago Kariba entró en una fase mucho más compleja. El ferry Mbuya Nehanda, que volcó con más pasajeros de los permitidos, fue desplazándose por efecto del viento y terminó a unos 74 metros de profundidad, una posición que obligó a suspender temporalmente las tareas de los buzos.
Los equipos habían comenzado la jornada trabajando sobre el casco a unos 51 metros. Con el correr de las horas, las condiciones del lago modificaron la ubicación de la embarcación y aumentaron en más de 20 metros la profundidad necesaria para alcanzarla. Ese movimiento convirtió la recuperación en una operación de mayor riesgo y obligó a reorganizar el dispositivo.
Durante el miércoles fueron recuperados al menos 31 cuerpos. El balance oficial de la tragedia llegó a 44 muertos, mientras todavía existen diferencias sobre la cantidad exacta de personas que viajaban a bordo. La nave estaba habilitada para 90 pasajeros, aunque los registros disponibles indican que transportaba más de 120 personas y un tripulante sobreviviente aseguró haber contado 153, incluidos niños y bebés que no figuraban necesariamente en los boletos.
La nueva ubicación del ferry plantea dificultades adicionales. A mayor profundidad, los buzos disponen de menos tiempo efectivo de trabajo y deben enfrentar mayores exigencias de seguridad antes de regresar a la superficie. Los responsables del operativo evalúan alternativas para acercar la embarcación hacia una zona menos profunda antes de continuar con una recuperación más extensa.

El accidente ocurrió el martes, cerca de Long Island, después de que el ferry partiera desde Kariba hacia comunidades y asentamientos pesqueros. Sobrevivientes contaron que el oleaje empeoró poco después de la salida y que varios pasajeros pidieron regresar. También señalaron que agua comenzó a ingresar al barco y que parte de la carga cayó por la borda antes del vuelco.
El capitán murió en el naufragio. Las autoridades investigan ahora la sobrecarga, las condiciones de navegación y la decisión de continuar la travesía pese al deterioro del tiempo. El Gobierno declaró el episodio como desastre para movilizar recursos extraordinarios y reforzar la asistencia a las familias afectadas.
La tragedia también dejó expuesto otro problema: determinar el número definitivo de pasajeros. Los registros de boletos contabilizaban al menos 114 adultos y cinco tripulantes, pero no incluían necesariamente a todos los menores. Esa diferencia dificulta saber con precisión cuántas personas siguen desaparecidas.
La búsqueda deberá retomarse con un escenario distinto al de las primeras horas. El casco ya no se encuentra en el punto inicial y cada metro adicional de profundidad reduce el margen para los rescatistas. La prioridad será estabilizar o trasladar la nave antes de volver a ingresar, mientras las familias esperan que el operativo permita encontrar a quienes todavía no fueron localizados.