Durante la madrugada del 13 de agosto de 1961, soldados y policías de Alemania Oriental cerraron calles, estaciones ferroviarias y pasos entre los sectores de Berlín. Extendieron rollos de alambre de púas, levantaron barricadas y apostaron guardias armados. En pocas horas, una ciudad quedó partida y comenzó la construcción del Muro de Berlín.
Este jueves se cumplen 65 años de aquella operación. La capital alemana realizará ceremonias, recorridos y actividades en lugares vinculados con la frontera, incluida la Bernauer Strasse, donde edificios situados sobre la línea divisoria produjeron algunas de las imágenes más impactantes: residentes que saltaban desde ventanas para alcanzar el sector occidental y familias que se observaban sin poder encontrarse.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania había quedado dividida en cuatro zonas controladas por Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia. Berlín, aunque estaba dentro del territorio administrado por Moscú, siguió la misma distribución. En 1949 surgieron dos Estados: la República Federal de Alemania en el oeste y la República Democrática Alemana en el este.
Entre 1949 y 1961, unos 2,7 millones de habitantes abandonaron Alemania Oriental, muchos de ellos a través de Berlín. La salida de trabajadores jóvenes, profesionales y técnicos dañaba la economía socialista y cuestionaba su legitimidad. El gobierno oriental llamó a la barrera “protección antifascista”, pero su finalidad principal era impedir que su propia población escapara.

El alambre inicial fue reemplazado gradualmente por muros de hormigón, torres, reflectores, caminos para patrullas, obstáculos y una franja conocida como “corredor de la muerte”. La frontera rodeaba Berlín Occidental y se conectaba con la extensa división interna alemana. Intentar atravesarla podía terminar en arresto, prisión o muerte. Más de 140 personas murieron relacionadas directamente con el Muro, según los registros conmemorativos.
También hubo fugas extraordinarias: túneles excavados bajo tierra, vehículos modificados, globos caseros y saltos desde edificios. Cada historia mostraba que la barrera no separaba simplemente dos sistemas políticos, sino hogares, empleos, amistades y proyectos personales. El 9 de noviembre de 1989, una conferencia de prensa confusa aceleró la apertura de los puestos fronterizos. Miles de berlineses cruzaron y comenzaron a derribar la estructura. Alemania se reunificó al año siguiente.
El Muro permaneció 28 años, pero su huella continúa visible en diferencias económicas, memorias familiares y debates sobre la antigua dictadura comunista. Recordar el 13 de agosto no celebra una construcción: advierte sobre el costo humano de encerrar a una sociedad para impedirle elegir dónde vivir.