13/08/2026 - Edición Nº1283

Opinión


Cumbre en Misiones

Entre Milei y Cristina: los gobernadores del Norte ensayan una tercera línea

13/08/2026 | Mandatarios con legisladores propios, control territorial y capacidad para decidir qué leyes avanzan y cuáles deben modificarse.



La cumbre del Norte Grande en Posadas dejó una fotografía que empieza a adquirir peso propio en la política nacional. Gobernadores de procedencias distintas volvieron a sentarse con Diego Santilli para reclamar obras, energía y recursos, mientras una parte del peronismo eligió mantenerse al margen.

Ricardo Quintela y Gildo Insfrán no participaron. Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz estuvieron en primera fila. Esa diferencia resume una discusión que atraviesa al norte argentino: cuánto acercarse a Javier Milei sin quedar absorbido por La Libertad Avanza y cuánto conservar del vínculo con el peronismo sin regresar a una conducción kirchnerista.

Todavía no existe una tercera fuerza organizada. Existe algo más rudimentario y, por momentos, más eficaz: gobernadores con legisladores propios, control territorial y capacidad para decidir qué leyes avanzan y cuáles deben modificarse.

La reciente discusión por la Ley de Tierras volvió a demostrarlo.

El arte de acompañar y frenar

Los gobernadores dialoguistas aprendieron durante estos años a moverse en una zona que la polarización nacional intenta borrar. Pueden darle gobernabilidad a Milei en una reforma económica y plantarse una semana después cuando consideran afectados los intereses de sus provincias.

Jaldo ofrece quizás el ejemplo más claro. Tucumán acompañó distintas iniciativas centrales del Gobierno y construyó una relación directa con la Casa Rosada. Sin embargo, cuando Milei quiso flexibilizar la compra de tierras por extranjeros, el gobernador avisó que no acompañaría. También mantiene una diferencia con el oficialismo sobre la eliminación de las PASO.

La posición responde a una combinación de identidad y conveniencia. Jaldo sigue considerándose peronista y necesita las primarias para ordenar una interna tucumana donde Juan Manzur y Pablo Yedlin amenazan con disputarle el liderazgo. Colaborar con Milei le permite obtener interlocución nacional; acompañarlo en todo podría regalarle a sus adversarios provinciales el argumento de que dejó de pertenecer al PJ.

Su principal activo es justamente esa cintura. Puede recibir a Milei en Tucumán, negociar con Santilli y al mismo tiempo votar contra una iniciativa del Ejecutivo cuando detecta que el costo local supera cualquier beneficio nacional.

Raúl Jalil lleva el pragmatismo todavía más lejos. El gobernador de Catamarca permitió que sus diputados abandonaran el bloque de Unión por la Patria y contribuyó a que La Libertad Avanza se transformara en primera minoría. También respalda la eliminación de las PASO y mantiene una relación fluida con la Casa Rosada.

Pero Jalil nunca rompió completamente con el peronismo. Convive con un kirchnerismo catamarqueño que conserva poder propio y evita presentarse como un aliado ideológico de Milei. Su lógica es menos doctrinaria: negocia recursos, obras y condiciones para su provincia y preserva todas las puertas posibles para el escenario que aparezca después de 2027.

Sáenz, el que más se anima

Gustavo Sáenz juega una partida distinta. De los tres, es quien mantiene mayor distancia con el kirchnerismo y quien aparece más dispuesto a imaginar algún tipo de entendimiento electoral con La Libertad Avanza.

También es el más ruidoso. En Posadas volvió a advertir que la agenda del Norte no coincide necesariamente con la de la Casa Rosada ni con la de Buenos Aires. Reclama rutas, obras paralizadas, energía y fondos mientras mantiene abierta la negociación con el Gobierno.

Esa combinación lo convirtió en la cara más visible del grupo. Sáenz puede elogiar el rumbo económico de Milei y pocos días después amenazar con retirar votos si una ley perjudica a Salta. En el debate sobre Manejo del Fuego volvió a hacerlo.

Su futuro provincial también pesa. La posibilidad de buscar otro mandato necesita condiciones políticas y eventualmente judiciales que convierten al vínculo con la Nación en un elemento imposible de ignorar. Sáenz negocia con Milei desde una posición de cercanía, aunque procura hacerlo sin entregar autonomía.

Los tres comparten una regla: acompañar hasta donde permita la supervivencia provincial.

Misiones y el cuarto vértice

Hugo Passalacqua completa el esquema desde una tradición diferente. El oficialismo misionero construyó durante décadas una identidad provincial capaz de negociar con gobiernos nacionales de cualquier signo.

En la Ley de Tierras volvió a utilizar ese método. Sus senadores podían acompañar al Gobierno, pero Misiones rechazó flexibilizar las restricciones sobre territorio extranjero. Una vez retirado ese capítulo, los votos volvieron a aparecer para el resto de la iniciativa.

Es el manual de los gobernadores llevado al Congreso: cada artículo tiene un precio político diferente y ningún acuerdo implica fidelidad permanente.

La reunión de Posadas mostró esa lógica sobre cuestiones concretas. Los mandatarios reclamaron acelerar el Gasoducto del Norte, tarifas diferenciales para las zonas cálidas, reparación de rutas y recursos para infraestructura. Santilli necesita sus votos para la agenda del Gobierno. Ellos necesitan que la Nación vuelva a abrir una canilla de obras y fondos que permanece restringida.

El intercambio recupera una forma tradicional de la política argentina que Milei quiso reemplazar por alineamientos más rígidos.

El límite de la tercera vía

La posibilidad de construir una tercera línea aparece justamente allí. Milei conserva un electorado propio y una identidad nacional definida. El kirchnerismo mantiene estructura, dirigentes y una base electoral importante. Entre ambos quedan gobernadores que pueden considerar agotada esa polarización y que poseen algo que ningún dirigente porteño puede fabricar rápidamente: territorio.

El problema es que todavía carecen de una conducción común.

Sáenz mira el futuro de una manera, Jaldo de otra y Jalil calcula la suya. Ninguno reconoce al otro como jefe. Tampoco coinciden en todas las reformas nacionales ni tienen una candidatura presidencial capaz de ordenar el conjunto.

Quintela representa además otro límite. El riojano eligió una oposición frontal a Milei, volvió a tender puentes con el kirchnerismo y decidió no mostrarse con Santilli en Posadas. Insfrán mantiene una posición similar. El Norte Grande puede construir una agenda regional común sin transformarse automáticamente en un bloque político.

Por eso, la tercera vía todavía funciona mejor como método que como partido.

Los gobernadores dialogan con Milei cuando necesitan recursos, lo frenan cuando una medida amenaza sus intereses y conservan vínculos con un peronismo al que tampoco quieren entregarle nuevamente todas las decisiones.

La política nacional suele exigir definiciones binarias. Los gobernadores del Norte descubrieron que, mientras controlen votos decisivos en el Congreso, pueden darse el lujo de no elegir tan rápido.

Tal vez allí esté su principal fortaleza. La pregunta hacia 2027 será si esa cintura alcanza para negociar mejor o también puede convertirse en una alternativa de poder.

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