En la actualidad, el negocio del biodiésel en Argentina no logra despegar, a partir del cierre de mercados externos, el bajo uso de la capacidad industrial instalada y una legislación que mantiene en niveles bajos los porcentajes de mezcla con combustibles.
En Argentina, la Ley 27.640 ocupa un lugar central, al tratarse de la normativa regula la actividad y establece las condiciones de participación de las empresas y el porcentaje de biodiésel que debe mezclarse con el gasoil. Si bien a nivel legislativo existen una serie de propuestas para modificar esta normativa -entre ellas una iniciativa impulsada por Patricia Bullrich- la realidad es que esta cadena de valor no logra repuntar.
En este contexto, el caso de Brasil es un ejemplo en la vereda opuesta, en donde exprimen al máximo toda la potencia de su cadena sojera. Al comparar los porcentajes de mezcla de biocombustibles en nafta y gasoil, las diferencias entre ambos países es por demás evidente.
En Argentina, el gasoil contiene un 7,5% de biodiésel y las naftas un 12% de etanol, mientras que en Brasil los porcentajes son 15% y 32%, respectivamente. Pero además de esta mejora, el vecino país avanza en la elaboración de alternativas sustentables, orientadas a la elaboración de biocombustibles para aviación.
Ayer, el Gobierno de Brasil reglamentó el Programa Nacional de Combustible Sustentable de Aviación (ProBioQAV), previsto en la Ley del Combustible del Futuro, mediante un decreto firmado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La medida establece el marco regulatorio definitivo para la producción, certificación, comercialización y utilización del combustible sostenible de aviación (SAF).
Este programa establece metas obligatorias y graduales de reducción de emisiones para la aviación doméstica brasileña, que comienzan en el 2027. La meta aumentará progresivamente hasta alcanzar una reducción del 10% en 2037 y con este panorama, esperan que para 20230 la producción anual de SAF se ubique en 2.100 millones de litros.
Tras conocerse este anuncio, desde la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC), consideraron que "la experiencia brasileña demuestra que la transición energética puede transformarse en una política de desarrollo productivo de las cadenas agroindustriales".
En este punto, remarcaron que "los biocombustibles representan una oportunidad estratégica para agregar valor a materias primas agrícolas como los aceites vegetales, estimular inversiones industriales, crear empleo calificado y fortalecer las economías regionales, así como beneficiar al consumidor".
Argentina cuenta con una de las mayores capacidades de procesamiento de soja del mundo. El desafío es crear las condiciones para aprovecharla.
— Cámara de la Industria Aceitera Argentina (CIARA) (@CamaraAceites) July 1, 2026
Durante el Seminario de @ACSOJA_Arg , Luis Fontán (@AGDagro ), representante de CIARA, analizó cómo Estados Unidos y Brasil potenciaron… pic.twitter.com/2AMQnThtAF
Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, es uno de los impulsores más visibles para el cambio en la normativa que regula los biocombustibles. Ante una consulta de este medio, reconoció que “mientras Brasil construye futuro nosotros vivimos en el pasado, con una ley vigente de estilo soviética y un proyecto de ley en el Senado que no tiene interés legislativo en ser sancionado".
El directivo advirtió que "el futuro de Argentina pasa por generar bioenergías basadas en materia prima agrícola con alta calidad y sustentabilidad, y fomentando la libre competencia. Es el momento de sancionar una Ley en Argentina que genere futuro”.