14/08/2026 - Edición Nº1284

Política

Carrera tecnológica

Revolución con inteligencia artificial: ¿qué planea el gobierno de Milei para el futuro?

13/08/2026 | La especialista Adriana Baravalle asumió en un área estratégica y tendrá entre sus desafíos profundizar la agenda tecnológica del Estado.



La llegada de Adriana Baravalle a la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología no representa solamente un cambio de nombres dentro del Gobierno. Su desembarco coloca a una especialista en inteligencia artificial, ciencia de datos y ciberseguridad al frente de un área desde la que se definirán políticas vinculadas con algunas de las tecnologías que están transformando la economía mundial.

Baravalle fue designada por el jefe de Gabinete, Diego Santilli, para reemplazar a Darío Genua. La decisión abre, al mismo tiempo, una incógnita: hasta qué punto el perfil de la nueva funcionaria puede traducirse en un cambio de prioridades para el área y darle mayor peso a la inteligencia artificial dentro de las políticas públicas.

El interrogante resulta especialmente relevante porque Baravalle no llega desde una trayectoria exclusivamente administrativa. Su carrera estuvo atravesada por la investigación y aplicación de inteligencia artificial, ciencia de datos, ciberseguridad y tecnologías emergentes, tanto desde la universidad como desde el sector privado.

Darío Genua, el funcionario saliente.

La inteligencia artificial entra en el centro de la agenda

Su llegada puede darle un peso particular a cuestiones que exceden el uso cotidiano de herramientas de inteligencia artificial. Entre ellas aparecen la utilización de IA dentro del Estado, el desarrollo de capacidades locales, la seguridad de los datos y sistemas, la formación de profesionales especializados y la vinculación entre universidades, empresas y sector público.

El perfil de Baravalle muestra antecedentes directamente relacionados con esos desafíos. Actualmente dirige el Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral, donde trabaja sobre inteligencia artificial, computación cuántica y otras tecnologías emergentes.

También desarrolló investigaciones y proyectos relacionados con ciencia de datos, detección de anomalías, ciberseguridad, identificación de malware y aplicaciones de inteligencia artificial en diferentes sectores.

Su recorrido combina además la actividad académica con experiencia en empresas tecnológicas y de ciberseguridad, un cruce que puede resultar relevante para una Secretaría que deberá articular el desarrollo científico con las necesidades del Estado y del sector productivo.

Sin embargo, sus antecedentes no permiten anticipar automáticamente qué medidas adoptará. Será la nueva gestión la que deberá definir cuáles de esas áreas se convertirán efectivamente en prioridades de política pública.

De usar IA a desarrollar capacidades propias

Uno de los principales desafíos será definir qué lugar pretende ocupar la Argentina frente a una transformación tecnológica que avanza a escala global.

La discusión no pasa solamente por incorporar herramientas de inteligencia artificial desarrolladas en otros países. También involucra la posibilidad de generar conocimiento propio, contar con infraestructura tecnológica, formar especialistas, proteger información estratégica y conseguir que empresas y organismos públicos puedan aprovechar estas tecnologías.

En ese terreno aparece uno de los interrogantes centrales de la nueva etapa: si la Argentina buscará limitarse a incorporar soluciones disponibles en el mercado internacional o intentará fortalecer capacidades locales para desarrollar tecnología.

La formación y retención de talento será otra de las cuestiones relevantes. Argentina cuenta con universidades, investigadores y profesionales especializados, pero el carácter global del mercado tecnológico genera una competencia permanente por esos recursos humanos.

A esto se suma la necesidad de vincular la investigación científica con aplicaciones concretas. La experiencia de Baravalle entre universidades y empresas podría favorecer esa conexión, aunque dependerá de las políticas que finalmente impulse desde la Secretaría.

Ciberseguridad, otro frente estratégico

La especialización de la nueva funcionaria también pone en escena otra discusión: la relación cada vez más estrecha entre inteligencia artificial y ciberseguridad.

La expansión de sistemas automatizados y el crecimiento de los volúmenes de información plantean nuevos desafíos para la protección de datos, los sistemas estatales y las infraestructuras críticas.

Baravalle cuenta con experiencia en ese campo. Entre 2022 y 2024 fue directora de Data Science & Processing de Eclypsium, una compañía estadounidense especializada en ciberseguridad, y también desarrolló actividad académica relacionada con seguridad informática.

Su trayectoria alcanza incluso el ámbito de la defensa. Es docente de la Maestría en Ciberdefensa y Ciberseguridad de la Universidad de Buenos Aires y participa en la Facultad Militar Conjunta en contenidos e investigaciones vinculados con inteligencia artificial, minería de datos y seguridad.

Ese recorrido podría darle a la ciberseguridad un lugar relevante dentro de su gestión, especialmente frente al avance de tecnologías capaces de modificar tanto las herramientas de protección como las utilizadas para realizar ataques informáticos.

El desafío de convertir el conocimiento en política

El desembarco de una especialista en inteligencia artificial al frente de Innovación, Ciencia y Tecnología marca, al menos desde el perfil elegido, una señal sobre la importancia que esas herramientas pueden adquirir dentro de la agenda gubernamental.

El verdadero cambio, sin embargo, dependerá de las decisiones que comiencen a conocerse a partir de su llegada.

Desarrollar capacidades propias, conectar universidades con empresas, formar especialistas, incorporar inteligencia artificial al Estado y reforzar la ciberseguridad aparecen entre los principales desafíos de una carrera tecnológica que ya atraviesa a las principales economías.

La llegada de Baravalle abre así una nueva etapa para el área. La incógnita será si su experiencia en inteligencia artificial logra traducirse en una estrategia que permita a la Argentina no solamente utilizar las nuevas tecnologías, sino también generar conocimiento y capacidades para competir en ellas.

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