15/08/2026 - Edición Nº1285

Entretenimiento

El Living de NewsDigitales

30 años de A jugar con Hugo: la magia detrás del clásico de Magic Kids

15/08/2026 | Gaby Roife fue la cara al frente de esta producción nacional que tuvo más de 6.700 programas entre 1996 y 2006.



“Sos mi infancia”. Eso es lo que le repiten una y otra vez a Gabriela Roife, que bromea con hacerse un tatuaje al respecto que también incluya a esa invención danesa que argentinizamos a mediados de los 90: el trol que le dio el nombre a A jugar con Hugo, ese programa infantil que fue la primera producción original de Magic Kids y que este año celebra sus tres décadas. Fueron más de 6.700 programas los que niños de todo el país intentaron derrotar los niveles en la montaña, el avión, el bosque o el skate, entre otros más, y liberar a la familia de Hugo.

“Hay un rango etario en el que yo digo que no pueden no saber que fue el Magic, nos cuenta “Gaby”, como la conocemos todos, en su paso por El Living de NewsDigitales. Y así pasa a contarnos todos los secretos detrás de ese programa al que llegó con tan solo 24 años y del que se despidió una década después, transitando hasta un embarazo de por medio. Y nunca se cansó. “Nunca, nunca”, afirma, para después recordar que llegó un momento en el que hacían 14 episodios por semana, con uno hecho como “falso vivo”, porque el domingo salía grabado.

“Cuando arranca A jugar con Hugo, es el primer programa que Magic Kids pone de producción propia. Y la verdad que fue una apuesta superadora, ¿viste? O sea, no fue un programa de los que estaban acostumbrados a ver los chicos. Era una cosa que capturaba mucho la atención. Y después era muy distintivo también el anime, ¿no?”, cuenta Gaby Roife cuando habla del secreto del éxito para Magic Kids. Ella llegó al canal con la experiencia de Power Games pero con su mayor recorrido hecho en el mundo de la educación, como maestra jardinera.

Dice que el “histrionismo” la caracterizó desde muy chica, cuando se ofrecía para todo: actuar, cantar y bailar para el acto escolar que fuera. Estudió algo de teatro pero la mayor parte formativa vino del mundo del ballet, danza que practicó de los 5 a los 18 años. “Siempre hubo una faceta así medio de esa sensibilidad para con el arte”, cuenta la conductora que no tuvo el mejor de los comienzos con un casting al que respondió a través de un aviso de diarios y que la convocó en un departamento turbio en Mataderos, donde el hombre que le tomó su primera foto la quería para hacer publicidades de ropa interior y hasta intentó darle un beso en ese primer encuentro. “Yo me fui ofendida, dije, ‘Listo, esto es principio y fin’”, recuerda Gaby, que a los 10 días tuvo una segunda oportunidad, esta vez con una entrevista más seria, en un canal, que le sirvió como puente para terminar en Power Games.

Hizo microprogramas en el Magic Club, el canal infantil de Cablevisión que fue la génesis de Magic Kids y de ahí terminó en el casting de A Jugar con Hugo, al que acudió todavía como maestra en dos jardines (en los que se mantuvo durante por lo menos un año, en simultáneo con las emisiones de Magic Kids), y donde tuvo que hacer aproximadamente 5 pruebas. Todo a partir de algunas grabaciones que le mostraron de la versión de A jugar con Hugo hechas en Chile, con el que le explicaron que el objetivo del juego era rescatar a la familia del trol usando los botones del teléfono. Algo que en ese momento parecía increíble.

Cómo funcionaba A jugar con Hugo

Exportado de Dinamarca al mundo, A jugar con Hugo venía con un sistema revolucionario: una máquina que tomaba el teléfono de los usuarios como mando y que a partir de los botones clickeados, tomaba decisiones. Y era real. “Si hubiera sido mentira, yo ya a esta altura diría, ‘No, bueno, sí, jugaba un productor’. Todavía hoy me lo preguntan y cuando yo explico más o menos cómo era, se quedan como… Me hacen como una cara como que no me lo terminan de creer, como que todavía a la gente le resulta increíble que alguien desde su casa movía el muñeco que todos estaban viendo en sus casas”, cuenta Gaby Roife.

¿Cómo funcionaba entonces A jugar con Hugo? Porque algunas versiones sostenían que el 5 que Gaby pedía presionar y se convirtió en el gesto que hace con la mano en cada foto que se toma con sus fans, era para calcular el delay. Pero no. “El 5 era para ver si el teléfono era apto, porque todavía había mucha gente que tenía el teléfono no con tono sino con pulso”, recuerda Gaby Roife. Era “simplemente para chequear que el teléfono fuera apto”

Pero, entonces, ¿cómo funcionaba el delay? Porque al programa llamaban de todo el país. “Tengo un posgrado en delay”, dice Roife entre risas. “Cuando empezaba a hablar con el chico ya se me hacía, no sé, era automático, ya lo tenía incorporado. Pero mientras yo ya hablaba con el chico, ‘hola, ¿qué tal? ¿Qué hiciste hoy?’, con lo que el chico tardaba en contestar, sabía lo que iba a tardar en apretar los botones más o menos”, explica, para después aclarar que se encargaba de ir “llevándolos” para que superaran los niveles.

La primera semana jugamos al juego de la montaña, ese fue el primer juego que jugamos y nadie daba pie con bola, o sea, nadie llegaba a la cueva de la bruja. Entonces, si bien había millones de llamados, nadie llegaba a la cueva, o sea, no veíamos cómo se rescataba la familia. Necesitamos resolver eso. Entonces, Jorge Contreras inventa al profesor Frederiksen. El profesor Frederiksen, teóricamente, era uno que este había creado Hugo y que no sé qué de Dinamarca. Entonces, él iba a jugar y jugó él, de hecho, para que los chicos vean cómo era el juego. A partir de ahí empiezan a mejorar”, recordó sobre los comienzos.

A jugar con Hugo y la verdad detrás de la Bruja Scylla

“El primer programa fue como un testeo de ver qué onda y bueno, bien, hay imágenes en YouTube. Todo mucho más rígido. Vos ves el primer programa y ves uno del medio y ves los del final y ya era todo desestructurado. Pero el primer día hicimos el programa, a ver qué pasaba. Sabíamos que iba a ser un éxito, imaginábamos por el tipo de propuesta, ¿no? Porque era algo muy novedoso. Y me acuerdo llegar al día siguiente al estudio y que me digan, ‘No, explotaron los teléfonos, o sea, es una locura’. Estaba totalmente colapsado el el sistema”, recuerda Gaby Roife.

La conductora asegura que si bien cada tanto aparecía algún “acomodado” por la producción (solo para participar, lo que no garantizaba que ganara), los jugadores de cada programa eran elegidos al azar. Gaby los instaba a llamar durante el día en donde una máquina los atendía y les hacía un juego de prueba para chequear que el teléfono fuera apto, para después dejarlos en una lista en la que los podían llamar para ser parte del programa del mediodía o del de la tarde. Y así hubo casos de gente que se perdió encuentros con amigos a la espera de esos llamados. Que a veces llegaban y a veces no. Era azar puro.

Como también lo era el final del juego. Una vez completado el nivel de turno, los jugadores accedían a la mítica cueva de la bruja Scylla en donde debían elegir un número entre tres que representaban las sogas, para poder liberar a la familia de Hugo. Y acá también operaba el azar. “De hecho, la máquina tenía la opción de setearlo de alguna manera o cambiar los finales, pero siempre estaba puesta en el final era el de azar, el de las sogas. Tuvimos alguna época donde fallaba y usábamos el del cofre con las llaves, pero en general siempre el final era las sogas. Era azar puro. Todos nos sorprendíamos con eso”, cuenta Roife.

La conductora también recuerda cómo era el sistema de los ganadores, que una vez al mes participaban en la final por un viaje a Disney financiado 100% por la producción, sin canje de por medio. “Se hacía siempre un día sábado. Todos los ganadores del mes se dividían en cuatro grupos y todos jugaban al mismo juego. De cada grupo quedaba un ganador. Y esos cuatro participaban en el programa de las 7 de la tarde por un viaje a Disney. También era una fiesta la final para nosotros. Conocíamos a los chicos que habían ganado el mes. Era lindo”, sostiene la conductora, que también subraya: “Era otra época igual, la época dorada de la tele”

El final de A jugar con Hugo y Magic Kids

“Hoy tenemos un grupo de WhatsApp que se llama Magic Kids en el que está el productor, los productores, los asistentes, hay camarógrafos, está Chucho (Ariel Rodríguez) de Kito Pizzas porque compartíamos el mismo equipo. Entonces para mí estar en el piso era ir a divertirme con amigos. Yo iba a jugar. De hecho yo siempre decía el día que se den cuenta, me están pagando por venir a divertirme no me van a querer pagar más”, cuenta Roife.

Alguna que otra vez le tocó ser la mala de la película. ¿Cuándo? Cuando tenía que comunicar que Dragon Ball se reiniciaba porque Magic Kids no tenía compradas las nuevas latas con episodios. “No había más capítulos, esa era la realidad. Y como Dragon Ball venía inmediatamente después de Hugo, terminaba Hugo y yo decía, ‘Bueno, ahora se quedan viendo Dragon Ball, qué sé yo. A partir de hoy se está por convertir en Super Saiyan’. Aparecía el productor y me decía, ‘tenés que decir que empieza de nuevo’. Yo tenía que anunciar que para no había más capítulos, entonces era, ‘bueno, a pedido del público, como les gusta tanto. Bueno, lo vamos a volver de entrada’”, señala.

A jugar con Hugo fue un antes y un después en la vida de Gaby Roife, a la que también le tocó vincularse con algunos acosadores. “Había gente que se fijaba todo y te aparecía en la puerta del estudio. Después sí, me pasó que apareció gente muy rara que me seguía hasta mi casa o que me esperaban me dejaban cosas en el auto, identificaban cuál era mi auto y me dejaban cosas, desde preservativos hasta flores, hasta dibujos”, empieza. Y luego, procede a contar la historia más complicada que le tocó, con un chico de 16 o 17 años que la seguía hasta la casa en bicicleta: “Ya había nacido mi hija. Entonces, era una movida que asustaba. Hasta que un día lo encaré, le dejé la nena a mi vecina, voy y lo encaro, le digo, ‘Escuchá, una cosa. ¿Qué querés? ¿Por qué me seguís? Dejá de seguirme’. No había manera. ‘No, porque yo soy muy fanático…’. Le dije: ‘No me sigas’”, recuerda e inmediatamente lo pone en contraste con las veces que se cruzaba  con niños en la costa argentina, donde vacacionaba y los saludaba, se “divertía” con ellos evocando su pasado como maestra jardinera.

Y como todo lo que empieza tiene que terminar, así fue para A jugar con Hugo, que sufrió el mismo destino que Magic Kids: se terminó la plata. “A veces cuando me preguntan cómo fue el final, bueno, yo amaba… yo hubiera seguido, o sea, realmente para mí era soñado hacerlo”, explica Roife. Al día de hoy se mantienen en contacto por WhatsApp no solo con los integrantes de su equipo sino con otros conductores como Lionel Campoy y Natalia Dim (de Nivel X). 

“Éramos un equipo de gente que realmente disfrutaba un montón. Cuando me dicen que termina, para mí fue desgarrador, fue horrible. Yo amaba hacer el programa. Mi primera hija nació mientras yo hacía el programa”, recuerda la conductora que hasta tuvo que ser “obligada” a tomarse una licencia porque no quería dejar de conducir A jugar con Hugo

Entonces, ¿qué pasó con Gaby Roife después? La vida. Nació su hija y tiempo después vinieron dos varones más. Y a partir de ahí, el foco pasó a ser la familia, compartir tiempo con ellos, dedicarle la vida a sus hijos. “Y lo pude hacer por suerte, porque no todo el mundo puede, no todo el mundo quiere”, cuenta Gaby Roife, que empezó a considerar A jugar con Hugo como una etapa cerrada hasta que un día, en 2016, la llamaron un grupo de chicos que empezó a llevar adelante Proyecto Magic Kids, un stream especial dedicado al canal, y la invitó para hacerle una entrevista. A partir de ahí, su teléfono no paró de sonar, con pedidos de notas de todos lados, incluso fuera de Argentina, y con invitaciones que hoy se volvieron la norma: conducir eventos retro y jugar en vivo con algunos fans.

¿Qué es lo primero que piensa cuando piensa en el Magic Kids y en A jugar con Hugo? “Nostalgia y felicidad, ¿viste? Disfrute. Fue equipo. Felicidad. Y hoy con este plus que me da la vida de hacer lo mismo, pero con la gente, que es palpable, viajando por todo el país en eventos y tener la devolución de aquellos niños es como un broche de oro. La verdad que es como un premio, un broche, un algo que da la vida, no sé cuánto va a durar, pero lo agradezco, lo disfruto”, cierra.