Yemen atraviesa su momento más peligroso desde la tregua alcanzada en 2022. La intensificación de ataques, movimientos militares y tensiones regionales amenaza con devolver al país a una guerra de gran escala, mientras más de la mitad de la población sufre inseguridad alimentaria aguda y seis millones de personas enfrentan niveles de emergencia cercanos a la hambruna.
La advertencia coincide con nuevas ofensivas de los hutíes, el movimiento respaldado por Irán que controla Saná y amplias zonas del norte. La actividad militar aumentó en Marib, Hadramaut, Mocha y otros sectores, con víctimas civiles y militares.
En las últimas horas también se registraron combates en la provincia montañosa de Taiz, donde murió al menos un soldado de las fuerzas gubernamentales y otro resultó gravemente herido. El Ejército yemení sostiene que decenas de sus efectivos murieron durante los ataques registrados desde la semana pasada.
La escalada ya había golpeado con fuerza al puerto de Mocha. Un ataque con misiles y drones dejó siete muertos y alrededor de 30 heridos, además de graves daños en infraestructura. Los hutíes aseguraron que apuntaron contra posiciones sauditas y depósitos de armas.

La guerra comenzó a tomar su forma actual a fines de 2014, cuando los hutíes ocuparon Saná. Arabia Saudita encabezó al año siguiente una intervención militar en respaldo del gobierno reconocido internacionalmente. La tregua impulsada por Naciones Unidas en abril de 2022 redujo los grandes enfrentamientos, pero nunca desembocó en un acuerdo político definitivo.
La nueva ofensiva tiene además una dimensión internacional. Los hutíes retomaron los ataques contra embarcaciones comerciales en el mar Rojo y el golfo de Adén y en julio anunciaron un bloqueo naval contra Arabia Saudita.
Esta semana, el carguero Tihamah fue atacado cerca del estratégico estrecho de Bab el-Mandeb. Murieron cuatro tripulantes y posteriormente dos rescatistas yemeníes cuando las fuerzas hutíes volvieron a atacar. Otras diez personas resultaron heridas. La violencia amenaza una vía fundamental para el comercio entre Asia y Europa y podría vincular todavía más el conflicto yemení con la crisis regional alrededor del estrecho de Hormuz.

El deterioro militar encuentra a la población en condiciones extremas. Naciones Unidas aseguró que más de la mitad de los yemeníes enfrenta inseguridad alimentaria aguda y que seis millones están en niveles de emergencia que bordean la hambruna.
La asistencia también enfrenta obstáculos. Los hutíes mantienen detenidos a 73 trabajadores de Naciones Unidas, además de empleados humanitarios, integrantes de organizaciones civiles y personal diplomático. Al mismo tiempo, avanza lentamente un acuerdo alcanzado en mayo para liberar a más de 1.600 detenidos vinculados con el conflicto.
La posibilidad de negociar todavía existe, pero se reduce con cada nuevo ataque. Naciones Unidas pidió una desescalada inmediata y un alto el fuego sólido. Otra guerra abierta encontraría a Yemen con una sociedad exhausta después de más de una década de hambre, desplazamientos y violencia.