14/08/2026 - Edición Nº1284

Internacionales

Rendición imperial

Japón anunció su capitulación y puso fin a la Segunda Guerra Mundial en Asia

14/08/2026 | La decisión de Hirohito llegó tras las bombas atómicas y la ofensiva soviética, pero una rebelión intentó impedir el histórico mensaje.



Japón aceptó el 14 de agosto de 1945 las condiciones de rendición de los Aliados y abrió el camino al final de la Segunda Guerra Mundial. La decisión llegó después de seis años de conflicto global, la destrucción de Hiroshima y Nagasaki mediante bombas atómicas y la entrada de la Unión Soviética en la guerra contra el imperio japonés.

Un gobierno dividido ante la derrota

El gobierno estaba dividido. Algunos dirigentes aceptaban que continuar significaba la destrucción del país; sectores militares pretendían combatir para obtener mejores términos o causar tantas bajas que una invasión resultara imposible. El emperador Hirohito intervino en reuniones decisivas y respaldó la aceptación de la Declaración de Potsdam.

El texto aliado exigía la rendición incondicional de las Fuerzas Armadas, la ocupación temporal, el desarme y el juzgamiento de criminales de guerra. Tokio buscó preservar la institución imperial. La respuesta recibida evitó garantizar expresamente el poder del emperador y estableció que quedaría sometido a la autoridad del comandante aliado.

La voz del emperador y el intento de golpe

Durante la noche, Hirohito grabó un mensaje para comunicar la decisión a la población. Era la primera vez que la mayoría de los japoneses escucharía la voz de su emperador. Habló en un lenguaje formal y no utilizó directamente la palabra rendición, pero explicó que la situación bélica no favorecía al país y pidió soportar lo insoportable.


Japoneses se inclinan frente al Palacio Imperial tras conocer la decisión de aceptar las condiciones aliadas. La histórica transmisión de Hirohito marcó el final de años de guerra y ocupación en Asia.

Un grupo de oficiales intentó impedir la transmisión. En el llamado incidente de Kyūjō, rebeldes ocuparon sectores del Palacio Imperial, asesinaron al comandante de la guardia y buscaron las grabaciones para destruirlas. Los discos habían sido ocultados y el golpe perdió apoyo. El mensaje salió al aire el 15 de agosto al mediodía.

Las bombas sobre Hiroshima, el 6 de agosto, y Nagasaki, el día 9, mataron decenas de miles de personas de manera inmediata y muchas más posteriormente por heridas y radiación. Ese mismo 9 de agosto, fuerzas soviéticas invadieron Manchuria y destruyeron las esperanzas japonesas de utilizar a Moscú como intermediario.


Douglas MacArthur, comandante supremo de las fuerzas aliadas, firma el documento de rendición japonesa el 2 de septiembre de 1945. Detrás aparecen oficiales aliados que presenciaron el acto.

El final de la guerra y las heridas de la paz

La capitulación terminó la guerra, pero no cerró sus heridas. Millones habían muerto en Asia por ocupaciones, matanzas, hambre, trabajos forzados y combates. Japón quedó bajo ocupación, adoptó una Constitución pacifista y renunció formalmente a la guerra, mientras los debates sobre responsabilidad histórica continúan afectando sus relaciones regionales.

La firma oficial ocurrió el 2 de septiembre a bordo del acorazado Missouri. Sin embargo, el 14 de agosto representa el momento político en que Tokio aceptó que la guerra estaba perdida. A 81 años, aquella decisión recuerda tanto el alivio del final como el costo humano que precedió a una paz alcanzada después de la destrucción nuclear.