Termina el turno, pero para muchos trabajadores de Supermercados Toledo la jornada laboral no termina ahí. Algunos se suben al auto y comienzan a manejar para aplicaciones. Otros acumulan deudas con tarjetas, bancos e incluso prestamistas del barrio. El objetivo es el mismo: conseguir los ingresos que faltan para llegar a fin de mes.
“Los trabajadores de Toledo, la gran mayoría, hace Uber. Sale con plataformas después del trabajo para solventar las deudas que están teniendo”, contó a NewsDigitales Esteban Fraysse, secretario gremial del Sindicato de Empleados de Comercio de Mar del Plata y Zona Atlántica.
El testimonio aparece en medio de una crisis que mantiene en vilo a unos 1.800 empleados de la histórica cadena marplatense, a quienes todavía se les adeuda el 60% del salario correspondiente a julio.

La situación llegó a tal punto que la compañía vendió dos de sus sucursales para obtener fondos y poder afrontar el pago de los salarios atrasados. Según pudo conocer el gremio durante las negociaciones, el compromiso asumido por la empresa es completar el pago este viernes.
Los empleados que se desempeñaban en el establecimiento vendido, cuya ubicación no trascendió, serían reubicados en otras sucursales de Toledo.
El atraso salarial encuentra a muchos empleados con una economía doméstica que ya venía deteriorada.
“Son trabajadores sobregirados en deudas, con bancos, tarjetas, agentes de crédito usureros y prestamistas del barrio. Es un problema muy grande y no hay solución”, describió Fraysse.
En ese escenario apareció con fuerza el pluriempleo. Tener un trabajo registrado ya no necesariamente significa contar con un único empleo: después de cumplir su jornada, algunos trabajadores buscan sumar horas de manejo en plataformas para conseguir un ingreso adicional.
Para el dirigente sindical, el problema salarial no comenzó con el atraso actual. Recordó que durante el año pasado los empleados de comercio atravesaron “seis meses con el salario congelado” mientras aguardaban la homologación de los acuerdos paritarios.

La combinación entre salarios que perdieron poder adquisitivo, deudas acumuladas y demoras en los pagos terminó empujando a parte de los empleados a buscar una segunda fuente de ingresos.
La crisis de Toledo genera especial preocupación por el peso que tiene la compañía en Mar del Plata. Se trata de una firma con más de siete décadas de historia, estrechamente vinculada con el desarrollo del supermercadismo de la ciudad y con una estructura que no se limita a sus locales, sino que alcanza también a proveedores y otras empresas relacionadas con su actividad.
Fraysse diferenció, sin embargo, la crisis general del consumo de los problemas particulares que atraviesa la compañía. “Toledo tiene un problema particular”, sostuvo. Según su análisis, el cambio generacional en la conducción de la empresa estuvo acompañado por decisiones que complicaron su funcionamiento.
Desde el sindicato aseguran que observan “un estado de insolvencia”, aunque atribuyen parte de esa situación a decisiones tomadas por la propia compañía.
La preocupación ya excede a los empleados. “Hay proveedores que se comunican con nosotros preocupados por las deudas que tienen con ellos y por no saber cuál es el destino cercano”, señaló Fraysse.
La venta de una sucursal para conseguir liquidez encendió todavía más las alarmas. “Hay empresas satélites, granjas y proveedores en Mar del Plata. Si Toledo tiene que vender sucursales para pagar salarios, la preocupación es mucho más amplia”, advirtió.
El conflicto había escalado durante los últimos meses con atrasos salariales, asambleas y medidas de fuerza. Por la cantidad de trabajadores involucrados y el peso económico de la compañía en la ciudad, desde el gremio advirtieron que la resolución del conflicto era necesaria también para garantizar la paz social.

A los problemas propios de la compañía se suma un escenario que tampoco ayuda: el consumo masivo todavía no logra recuperarse.
“Cada vez vemos un problema más grande. Nos reunimos con empresarios del sector y el análisis es que el consumo masivo no va a pegar un rebote. Lo vemos con mucha preocupación”, aseguró Fraysse.
Los últimos números acompañan ese diagnóstico. Según Scentia, el consumo masivo cayó 2,7% interanual en junio, mientras que durante los primeros seis meses del año acumuló un retroceso del 2,9%.
La contracción atravesó buena parte de las categorías: desayuno y merienda retrocedió 7,7%; limpieza de ropa y hogar, 6,2%; perecederos, 5,7%; productos impulsivos, 5,3%; higiene y cosmética, 3,7%; y alimentación, 0,5%.
Para Fraysse, el fenómeno atraviesa toda la cadena comercial: “La caída del consumo masivo afecta al almacenero de la esquina, a la fiambrería, al que vende ropa y también a las grandes cadenas”.
Pero en Toledo esa crisis sectorial se mezcla con problemas propios. Y mientras la empresa busca fondos, negocia con el sindicato y promete ponerse al día con los salarios, para muchos de sus trabajadores la solución inmediata ocurre después de marcar la salida: terminar el turno, subirse al auto y empezar otra jornada de trabajo.