15/08/2026 - Edición Nº1285

Policiales

Perfiles genéticos

ADN, delitos e impunidad: cómo funciona la herramienta que busca cambiar las investigaciones criminales

15/08/2026 | La posibilidad de cruzar rastros obtenidos en diferentes escenas y conectar delitos abre un nuevo escenario para las investigaciones.



Un pelo, una gota de sangre, saliva o cualquier otro rastro biológico encontrado en una escena pueden permanecer durante años sin un nombre detrás. El problema no siempre está en obtener el ADN: muchas veces la dificultad aparece cuando los investigadores no tienen contra qué compararlo.

Los bancos de perfiles genéticos buscan precisamente reducir ese vacío. La posibilidad de almacenar y cruzar muestras permite que un rastro obtenido en un delito pueda ser contrastado con perfiles incorporados previamente y, eventualmente, conectar a una misma persona con investigaciones que hasta ese momento avanzaban por separado.

La discusión volvió a cobrar fuerza después de que la Ciudad de Buenos Aires avanzara con la creación de un banco de datos genéticos, una herramienta que cuenta con un antecedente de más de una década en Mendoza.

El objetivo supone ir más allá de la utilización tradicional del ADN como una prueba destinada principalmente a investigaciones por delitos sexuales y extender su capacidad de comparación a otro tipo de hechos.

La “huella digital del siglo XXI”

Ricardo Ferrer Picado, abogado, analista en seguridad y ex director nacional de Inteligencia Criminal, abordó el alcance de esa herramienta durante una entrevista con NewsDigitales. Su definición fue contundente: “El ADN es la huella digital del siglo XXI”.

La comparación sirve para entender el cambio. Así como una huella encontrada en una escena puede cotejarse con registros existentes, un perfil genético permite buscar coincidencias con muestras almacenadas previamente.

Según explicó Ferrer Picado, durante años la utilización de muestras en la Ciudad estuvo mucho más restringida y vinculada especialmente con delitos de índole sexual. La ampliación del universo de perfiles permitiría aumentar las posibilidades de encontrar coincidencias en otras investigaciones.

El especialista destacó en ese sentido la experiencia de Mendoza y aseguró que su banco cuenta con alrededor de 85.000 muestras, con elevados niveles de efectividad. También señaló que el modelo mendocino se convirtió en una referencia regional.

Pero la cantidad de perfiles es apenas una parte del problema.

El desafío de conectar las bases

Uno de los puntos centrales pasa por la interoperabilidad. Una muestra obtenida en una jurisdicción pierde buena parte de su potencial si no puede ser contrastada rápidamente con información almacenada en otra.

Ferrer Picado planteó el ejemplo de las 23 jurisdicciones restantes y sostuvo que una integración con el sistema mendocino permitiría generar nuevos avances en las investigaciones.

La dificultad se vuelve especialmente visible en el Área Metropolitana de Buenos Aires: una persona puede desplazarse de una jurisdicción a otra en pocos minutos, mientras que el intercambio formal de información entre sistemas judiciales puede demandar muchísimo más tiempo.

Por eso, el desafío no consiste solamente en que cada distrito tenga su propia base, sino en desarrollar mecanismos que permitan realizar comparaciones entre ellas bajo reglas comunes.

¿Un banco de ADN afecta la privacidad?

La expansión de estas herramientas también abrió una discusión sobre sus límites y sobre el tratamiento de información genética.

Ferrer Picado rechazó que el sistema analizado implique por sí mismo una afectación de la privacidad. Según explicó, el perfil utilizado para la comparación no aparece inicialmente asociado al nombre de una persona, sino identificado mediante un número, y su obtención debe estar vinculada con una investigación que la justifique. No es que va a andar la Policía juntando ADN de ciudadanos por la calle”, graficó.

El especialista diferenció ese esquema de la creación de una base genética universal de la población y remarcó que la incorporación de muestras debe realizarse dentro de los límites establecidos por la legislación.

También reconoció que puede existir un uso indebido o una manipulación de la información, aunque sostuvo que una conducta de ese tipo debería ser investigada y sancionada como un delito.

Otro debate aparece con las muestras de personas que finalmente son declaradas inocentes y con los criterios para conservarlas o eliminarlas. Es uno de los puntos sensibles de cualquier sistema que busque combinar eficacia investigativa con protección de derechos.

Una carrera contra el tiempo

La utilidad de una base genética no se limita a identificar al responsable de un delito grave. También puede permitir detectar antes a una persona que comienza a reiterar conductas delictivas.

Ferrer Picado sostuvo que es excepcional que alguien inicie una trayectoria criminal directamente con un homicidio y planteó que contar con mejores herramientas de identificación podría permitir una intervención más temprana.

La capacidad del ADN, sin embargo, tampoco es absoluta. Una muestra puede estar contaminada, haber sido recogida incorrectamente o pertenecer a alguien que estuvo legítimamente en el lugar. Por eso, la coincidencia genética debe incorporarse al resto de las evidencias y analizarse dentro de la línea temporal de cada investigación.

Incluso existe una discusión acerca de los integrantes de las fuerzas de seguridad que ingresan a las escenas: una muestra puede corresponder a un policía o investigador y generar una coincidencia que después deberá ser explicada a partir de los registros sobre quién estuvo en el lugar y en qué momento.

En definitiva, un banco genético no reemplaza la investigación tradicional ni convierte al ADN en una prueba infalible. Su potencia está en otra parte: darle a los investigadores una posibilidad de comparación que antes no tenían y transformar un rastro anónimo en una pista capaz de conectar casos, personas y escenas.

Ferrer Picado lo resumió con una de las frases más contundentes de la entrevista: “Cada muestra que no se toma es una ventaja que se le da a la impunidad.