Cada 17 de agosto, la Argentina recuerda el paso a la inmortalidad del general José de San Martín, una de las figuras centrales de la historia nacional y del proceso independentista sudamericano. A 176 años de su muerte en Boulogne-sur-Mer, Francia, su legado continúa trascendiendo el homenaje protocolar y permanece atravesado por debates sobre su proyecto político, su dimensión continental y las consecuencias de las independencias que ayudó a consolidar.
San Martín es reconocido en Argentina como Padre de la Patria y ocupa un lugar fundamental en las historias de Chile y Perú como Libertador. Pero detrás de esa imagen consolidada existe una discusión historiográfica que continúa abierta: qué América imaginaban aquellos dirigentes, cuánto del actual mapa regional estaba previsto en sus proyectos y hasta qué punto la independencia significó no sólo emancipación política, sino también fragmentación territorial y económica.
Esa mirada fue uno de los ejes de la entrevista que el historiador Patricio Lons brindó en El Living de NewsDigitales, donde propuso revisar críticamente algunas de las interpretaciones tradicionales sobre San Martín y los demás protagonistas de las guerras de independencia.
José Francisco de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, en la actual provincia de Corrientes. Pasó gran parte de su juventud en España, donde desarrolló una extensa carrera militar, hasta regresar al Río de la Plata en 1812.
Desde entonces, su trayectoria quedó vinculada definitivamente al proceso revolucionario.

Creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, participó del combate de San Lorenzo y posteriormente asumió una estrategia militar que modificaría el rumbo de la guerra: en lugar de insistir con las campañas por el Alto Perú, propuso cruzar la cordillera, asegurar Chile y avanzar desde el Pacífico sobre Lima, principal centro del poder realista sudamericano.
La organización del Ejército de los Andes y el histórico cruce de la cordillera en 1817 convirtieron a San Martín en una de las mayores figuras militares del continente.
Las victorias de Chacabuco y Maipú fueron decisivas para consolidar la independencia chilena. Después, argentinos y chilenos organizaron conjuntamente la expedición al Perú.
El 28 de julio de 1821, San Martín proclamó en Lima la independencia peruana y posteriormente asumió como Protector de la Libertad del Perú.
Su recorrido había dejado definitivamente de ser exclusivamente argentino.
Es precisamente sobre esa construcción histórica donde Lons introduce una de sus principales controversias.
Durante la entrevista planteó: “A San Martín te dicen que independizó tres países, ¿no? Porque Argentina, Chile y Perú no eran Estados preexistentes.”
La frase resume buena parte de su interpretación.
Lons cuestiona la tendencia a proyectar sobre comienzos del siglo XIX las fronteras nacionales que conocemos actualmente. Según su mirada, aquellos territorios habían formado parte de una estructura política, económica y cultural mucho más amplia, que terminó fragmentándose después de las independencias.
“Éramos una sola cosa”, sostuvo durante la conversación, antes de enumerar el surgimiento posterior de distintos Estados en Sudamérica.
Su planteo no discute que San Martín haya tenido una participación determinante en la independencia de Chile y Perú. Lo que pone en discusión es cómo debe interpretarse el resultado histórico de ese proceso.
¿Libertador o protagonista de una fragmentación continental?
Ahí aparece el núcleo más incómodo de la mirada de Lons.
La historiografía tradicional considera a San Martín uno de los grandes libertadores de América porque su campaña permitió quebrar el poder militar español sobre una parte decisiva de Sudamérica y facilitó la construcción de Estados independientes.
Lons propone observar también lo sucedido posteriormente.
Según su interpretación, las independencias terminaron provocando la fragmentación de un espacio económico previamente integrado, la aparición de nuevas fronteras y monedas y una pérdida de escala frente a las grandes potencias internacionales.
Su cuestionamiento alcanza directamente a los próceres independentistas.
“Yo creo que todos los independentistas también están sobreevaluados”, sostuvo durante la entrevista. Según explicó, aquellos dirigentes no habrían llegado a dimensionar plenamente “el perjuicio que se iba a producir” después de la ruptura del espacio hispanoamericano.
En esa revisión incluyó expresamente a Bolívar, Sucre, San Martín y O'Higgins.

La afirmación entra de lleno en conflicto con la construcción tradicional del relato independentista.
Pero también abre otra pregunta: ¿es correcto juzgar a San Martín por aquello que buscó realizar o por las consecuencias políticas y económicas que tuvieron las independencias décadas después?
La patria de San Martín no tenía el mapa actual
La campaña sanmartiniana ayuda a comprender por qué esa discusión merece ser abordada.
San Martín organizó un ejército en Mendoza que cruzó hacia Chile. Después, soldados argentinos y chilenos combatieron juntos y emprendieron desde allí una expedición marítima hacia Perú.
Las fronteras nacionales actuales todavía estaban en construcción.
Lons utilizó durante la entrevista otro episodio para explicar esa idea. Recordó que durante las invasiones inglesas combatientes provenientes de Chile llegaron hasta Buenos Aires convencidos de estar defendiendo una patria común.
A partir de allí preguntó: “Si ellos vinieron a pelear a Buenos Aires porque decían ‘tenemos que ir a defender la patria’, y Buenos Aires era parte de su patria, ¿cómo es que ahora somos dos Estados separados?”
La pregunta es central para su interpretación.
No significa necesariamente que argentinos y chilenos conformaran una nación moderna idéntica a la que podría imaginarse actualmente. Sí refleja que las identidades políticas y territoriales del período eran mucho más complejas que las fronteras nacionales que terminaron consolidándose posteriormente.
Y San Martín actuó precisamente en medio de aquella transición.
Otro de los puntos que Lons coloca bajo revisión es la influencia británica sobre el proceso independentista.
Durante la entrevista recordó el regreso de San Martín desde Europa y señaló que llegó al Río de la Plata a bordo de una embarcación británica. A partir de ese episodio planteó interrogantes sobre la relación entre el proceso revolucionario americano y los intereses económicos y estratégicos de Gran Bretaña.
“Lo habían traído a San Martín en un buque de guerra”, sostuvo Lons al explicar dónde comenzaron sus propias dudas sobre el relato que había aprendido durante su infancia.
Aquí resulta indispensable establecer una diferencia.

Está ampliamente documentado el interés británico por ampliar sus mercados comerciales en América y debilitar el sistema mercantil español. Otra cuestión distinta es afirmar que San Martín haya actuado como instrumento de Gran Bretaña, hipótesis que requiere evidencias específicas y que no constituye la interpretación predominante de la historiografía especializada.
Pero el planteo permite introducir una discusión histórica mayor: las independencias americanas no se produjeron aisladas del conflicto mundial entre España, Gran Bretaña, Francia y las restantes potencias del período.
La dimensión geográfica de la campaña también obliga a superar una lectura exclusivamente argentina.
San Martín tuvo una participación decisiva en Chile, donde el Ejército de los Andes combatió junto con las fuerzas dirigidas por Bernardo O'Higgins.
Luego impulsó la expedición libertadora al Perú.
En Lima proclamó la independencia y asumió temporalmente la conducción política con el título de Protector. También promovió instituciones del nuevo Estado y creó la Biblioteca Nacional del Perú, a la que donó parte de sus propios libros.
Su proyecto militar tenía como objetivo terminar con el principal centro realista de Sudamérica.
Ese recorrido es uno de los motivos por los cuales su figura conserva simultáneamente una dimensión argentina, chilena, peruana y americana.
La campaña encontró uno de sus momentos decisivos el 26 y 27 de julio de 1822, cuando San Martín se reunió con Simón Bolívar en Guayaquil.

El contenido exacto de aquellas conversaciones ha sido objeto de discusiones historiográficas durante generaciones.
Poco después, San Martín decidió abandonar Perú y retirarse progresivamente de la escena política y militar.
Ese gesto se convirtió en otra pieza esencial de la construcción de su legado.
Había comandado ejércitos, intervenido en la organización política del Perú y acumulado un enorme prestigio militar. Sin embargo, no buscó convertirse en gobernante permanente de aquellos territorios.
Para la tradición sanmartiniana, allí aparece uno de los rasgos fundamentales del Libertador: su renuncia al poder personal una vez cumplida gran parte de su misión militar.
Para Lons, sin embargo, el interrogante decisivo aparece después.
Su interpretación sostiene que las independencias provocaron la ruptura de una estructura económica que conectaba diferentes territorios de Hispanoamérica y los relacionaba también con mercados internacionales.
Durante la entrevista vinculó esa fragmentación con la aparición de diferentes monedas, mercados nacionales más pequeños y una menor capacidad para competir con las grandes potencias.
Por eso su crítica no termina en el siglo XIX.
Lons plantea que algunos de aquellos problemas todavía pueden observarse en la actualidad y propone recuperar una mayor integración hispanoamericana.
Según sostuvo, la región debería avanzar hacia instrumentos comunes de desarrollo, infraestructura, comercio y eventualmente una moneda compartida.
“Hispanoamérica, si quiere desarrollarse, tiene que tener algún momento un banco central común y una sola moneda fuerte”, afirmó.
La discusión sobre San Martín termina así conectándose con una pregunta contemporánea: ¿la integración regional puede recuperar parte de la escala perdida después de la fragmentación del siglo XIX?
La vida del Libertador después de las campañas militares agrega otra dimensión a esa discusión.
San Martín abandonó Sudamérica y pasó gran parte de sus últimos años en Europa.
En 1829 intentó regresar al Río de la Plata, pero el profundo enfrentamiento político interno lo llevó a permanecer en Montevideo y finalmente volver a Europa.
Nunca regresaría definitivamente a la Argentina.

Sin embargo, siguió atentamente los acontecimientos de la región y mantuvo correspondencia con protagonistas políticos del período.
Una de sus decisiones más recordadas aparece en su testamento: dispuso que su sable fuera entregado a Juan Manuel de Rosas, a quien reconoció por su defensa de la soberanía argentina frente a las potencias extranjeras.
Ese gesto también alimentó posteriormente otra controversia.
Distintas corrientes políticas e historiográficas intentaron apropiarse simbólicamente de San Martín y encontrar en sus decisiones argumentos compatibles con sus propias posiciones.
Así, el mismo hombre que funciona como uno de los principales símbolos de unidad nacional ha quedado también en el centro de múltiples disputas sobre la interpretación del pasado argentino.
José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia. Tenía 72 años.
Habían transcurrido casi tres décadas desde su retirada del escenario militar sudamericano.
Su muerte estuvo lejos del territorio en el que había desarrollado las campañas que lo convertirían en una figura fundamental de la historia continental.
Décadas después, sus restos fueron trasladados a Buenos Aires y actualmente descansan en la Catedral Metropolitana.
La Argentina convirtió el 17 de agosto en una fecha de homenaje nacional y su figura quedó asociada definitivamente a la denominación de Padre de la Patria.
A más de un siglo y medio de su muerte, quizá una de las mayores demostraciones de la relevancia de San Martín sea precisamente que su figura continúa generando debate.
Para la interpretación tradicional es el Libertador que comprendió que la independencia argentina sólo podía asegurarse terminando con el poder realista en Chile y Perú.
Para miradas revisionistas como la de Patricio Lons, en cambio, resulta necesario revisar también las consecuencias de aquella independencia y preguntarse si la emancipación política terminó acompañada por una fragmentación económica y territorial que debilitó a Hispanoamérica.
Lons incluso anticipa que la revisión podría profundizarse.
“Tal vez las críticas a Bolívar, a Sucre, a San Martín, a O'Higgins empiecen a escribirse” desde otros lugares del mundo, sostuvo al discutir las consecuencias internacionales que atribuye a la desintegración del antiguo espacio hispanoamericano.
Puede discutirse su conclusión.
Lo que difícilmente pueda discutirse es la vigencia de la pregunta.
¿Qué proyecto tenía realmente San Martín para América? ¿Liberar naciones que ya existían o construir una nueva organización política sobre territorios que todavía buscaban su identidad? ¿La fragmentación posterior respondió a su proyecto o fue precisamente el fracaso de una unidad continental que nunca terminó de concretarse?
El próximo 17 de agosto volverán los homenajes, las imágenes del cruce de los Andes y las referencias al Padre de la Patria.
Pero a 176 años del paso a la inmortalidad de José de San Martín, su legado demuestra que sigue perteneciendo no sólo al bronce y a los monumentos.
También pertenece al debate.
Y quizá sea precisamente esa capacidad de obligar a cada generación a volver sobre su figura, discutir sus decisiones y preguntarse por el destino de la región la que explique por qué San Martín continúa tan presente en la Argentina, Chile, Perú y el resto de América.