16/08/2026 - Edición Nº1286

Opinión


Fragmentación y deuda

El lado oculto de la destrucción económica con la independencia de América

16/08/2026 | La fragmentación de Hispanoamérica destruyó una economía integrada, eliminó su moneda soberana y sometió a los nuevos Estados a Londres.



Un aspecto central de toda campaña política que pueda llevar a la disgregación de un imperio, es el proyecto económico que pueda sostener esa decisión. Somos muy afectos a las pequeñas anécdotas de escaso valor histórico. Si llovía o no el 25 de mayo de 1810 o como eran las escarapelas, pero no nos preguntamos por qué se inicia una revolución en el talón de Aquiles de la corona española, como era el Río de la Plata y la implicancia geopolítica de buscar un cambio en una ciudad que tenía conexión fluvial con medio continente. Tampoco nos preguntamos cual era el proyecto económico de San Martín cuando llegó de Londres a Buenos Aires enviado desde allí en una fragata inglesa.

Los revolucionarios que acompañaban a San Martín, en un viaje organizado por el Conde de Fife, encumbrado masón británico y amigo de San Martín, llegaron con precisas indicaciones. La cuestión central es preguntarse como pensaban estos hombres, que iba a continuar la economía en el continente luego de separarse de España. El principal problema eran los medios financieros para respaldar la producción y el comercio. El mayor riesgo era perder la moneda de plata acuñada en México, Lima y el Potosí, conocida como Real de a 8 y que circulaba desde la Patagonia hasta más allá de California llegando incluso al Quebec francés en el actual Canadá y desde Filipinas se proyectaba a toda Asia. Esa moneda era el dólar o el euro de los siglos XVI al XIX y dominaba la mitad del circulante mundial. Era la primera moneda de reserva mundial y España tenía el mundo financiero a sus pies. Finalmente, esa moneda desapareció tras las secesiones hispano americanas, apenas las burguesías criollas de cada uno de los nuevos estados, arreglaron sus asuntos comerciales por separado con el nuevo actor dominante de la política internacional; Inglaterra y su poderoso brazo financiero, que quería ocupar el lugar de España en el dominio de los mercados mundiales.

Ese siempre fue el objetivo de la secesión de la América española. No otro. Inmediatamente se perdieron nuestros mercados asiáticos en India, China y Persia, hasta entonces clientes nuestros. La economía de Hispanoamérica era complementaria con la de Asia. ¿Qué mercados nos quedarían si ya nuestra moneda dejaba de representar una unidad política y también dejaría de acuñarse en parte de los nuevos estados americanos? ¿Pensaron los revolucionarios en general y San Martín en particular como iban a evitar que los nuevos países, cayeran en manos inglesas si justamente su moneda, la libra esterlina, se iba a imponer sobre las nuevas monedas nacionales? Las nuevas monedas eran de papel y sin respaldo alguno. El Real de a 8 era de plata con un valor intrínseco.

El proyecto económico de nuevos estados fragmentados era inviable.

Este variaba desde el Plan de Operaciones de Moreno que requería grandes confiscaciones y la fisiocracia de Belgrano, hasta las confusiones de Bolívar que protestaba porque España no le permitía tener esclavos, pasando por el endeudamiento con la banca de Londres provocada por los gobiernos republicanos de Chile. Debemos incluir el Protectorado de San Martín en Perú con el endeudamiento consiguiente a raíz del robo inglés del tesoro y el empréstito con la Baring Brothers realizado por Rivadavia.

Eran nociones vagas. Sin un proyecto de desarrollo que fuese sostenible en el tiempo. Nuestros nuevos países nacieron endeudados con la banca londinense cuando jamás habían necesitado tomar deuda en el extranjero. Para sellar ese sometimiento, las nuevas repúblicas entregaron nuestra minería (base de la emisión de nuestra moneda soberana), a Inglaterra. México incluso expulsó a los profesores de su Escuela de Minería que le daba los cuadros profesionales para la extracción de plata utilizada en la acuñación de moneda.

Ilustración conceptual de Alexander Baring y José de San Martín

San Martín conoció a Alexander Baring en Londres a fines de 1811, antes de zarpar hacia el Río de la Plata. La presentación fue gestionada por James Duff, Conde de Fife, quien financió el viaje de los revolucionarios en la fragata Canning, lo que sugiere que el primer contacto no fue casual sino canalizado por la élite financiera británica. La reunión inaugural ocurrió en las oficinas de Baring Brothers, en Bishopgate Street 8, lo que coloca a San Martín físicamente dentro del epicentro del capitalismo londinense antes incluso de pisar suelo americano.

Tras el exilio de San Martín a Europa en 1824, la relación con Baring se fortaleció; San Martín buscaba estabilidad lejos de las convulsiones sudamericanas y Baring representaba una red de protección política y financiera en Londres.

San Martín describió a Alexander Baring como "un hombre de espíritu noble, cuya comprensión de los asuntos internacionales va más allá del mero interés económico", lo que revela una admisión explícita de que Baring operaba con una agenda geopolítica, no solo comercial.

Las tesorerías de Argentina, Chile y Perú giraron pagos adeudados a San Martín directamente a Baring Brothers & Co., transformando al banco del amigo en el receptor efectivo de las deudas de los nuevos estados; esto vinculó simbióticamente la independencia con la maquinaria crediticia londinense.

¿Cuáles fueron las consecuencias económicas?

A partir de la separación, no existió más el respaldo comercial del Galeón de Manila, que permitía dominar los mercados asiáticos ni la protección de la flota española. Desaparecieron varios elementos de poder; el prestigio mundial de la corona española, el elemento unificador de la Iglesia, y la fuerza de las universidades americanas antes basadas en Salamanca y Valladolid. Ahora había que arreglarse solos y separados. Las veinticinco universidades legadas por las Españas al Nuevo Mundo, ya no responderían más a un proyecto civilizador común, sino a los caprichosos dictados de las nuevas oligarquías criollas que no trajeron nunca prosperidad alguna a los pueblos de América.

Se había producido un cambio copernicano. Ahora existían a causa de la fragmentación que imprudentemente celebramos, veinte estados nuevos, debilitados con guerras internas y que empezaron a ver a sus vecinos como enemigos y no como hermanos.

Con la mal llamada independencia, se terminaron tres siglos de paz interna en el Nuevo Mundo. El espíritu de Lutero, Westfalia y de la Bastilla, habían penetrado nuestras defensas. Luego les siguieron los vientos revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX. El frío de la codicia recaló en nuestros puertos. El erario público americano se vació. La economía peruana se redujo a la decimoquinta parte. Desde entonces, no pudimos construir un proyecto civilizador y unificador de un continente que antes, había respondido a uno solo. No debemos renunciar a algún tipo de alianzas y de reunificación de pueblos que sumamos seiscientos millones de hispanohablantes. No es poco con lo que contamos, la fe y la resistencia de nuestros pueblos.