16/08/2026 - Edición Nº1286

Opinión


La interna oficialista

El enigma Villarruel: ¿la vicepresidenta prepara una candidatura presidencial?

16/08/2026 | Entre la ruptura con Milei y sus vínculos con gobernadores, Villarruel construye un perfil propio mientras mantiene abierto su futuro electoral.



Victoria Villarruel ocupa uno de los lugares más extraños de la política argentina. Es vicepresidenta de un gobierno que la considera opositora, preside un Senado donde carece de bloque propio y recorre el país como una posible candidata sin haber construido todavía un partido que pueda sostenerla.

Javier Milei dejó de disimular la ruptura. La Casa Rosada la acusa de colaborar con sus adversarios, algunos funcionarios llegaron a pedirle la renuncia y el oficialismo ya discute quién acompañará al Presidente en una eventual reelección. Villarruel respondió que permanecerá en el cargo hasta el 10 de diciembre de 2027.

La decisión permite despejar una incógnita institucional, pero abre otra política: qué piensa hacer durante ese tiempo.

La vicepresidenta evita una definición completa. No confirma una candidatura, aunque tampoco la descarta. Habla de unidad nacional mientras profundiza sus diferencias con el Gobierno. Se presenta como garante de las instituciones y al mismo tiempo utiliza cada aparición pública para construir una identidad separada de Milei.

La ambigüedad puede expresar falta de un plan. También puede ser el plan.

Un poder sin gobierno

Villarruel perdió muy temprano la disputa por ocupar un lugar dentro del Poder Ejecutivo. Durante la campaña aspiraba a influir sobre Defensa y Seguridad, dos áreas vinculadas con su trayectoria. Milei terminó entregando esos espacios a otros dirigentes y la vicepresidenta quedó reducida a su función constitucional en el Senado.

En otros tiempos se abrazaban: Javier Milei, Karina Milei y Victoria Villarruela

Desde allí construyó su principal recurso. Cultivó vínculos con gobernadores, senadores peronistas, radicales y fuerzas provinciales. Su relación con esos dirigentes no constituye una alianza, pero le permite moverse en un territorio al que el oficialismo suele ingresar con dificultades.

Villarruel presenta esa conducta como respeto institucional. La Casa Rosada la interpreta como una forma de conspiración. Cada sesión conflictiva vuelve a colocarla bajo sospecha, aunque la vicepresidenta no tenga facultades para impedir que los senadores se reúnan ni para ordenar cómo deben votar.

La discusión por la Ley de Tierras mostró esa tensión. Villarruel cuestionó el capítulo que flexibilizaba la compra de territorio rural por extranjeros, habilitó el pedido de participación remota de Anabel Fernández Sagasti y dejó trascender que podía votar contra la propuesta en caso de empate.

El Gobierno terminó retirando los artículos más resistidos y consiguió aprobar el resto de la ley. Villarruel no controló el resultado, pero logró ubicarse del lado de una sensibilidad que crecía fuera del Congreso: soberanía territorial, Malvinas y protección de los recursos nacionales.

Una derecha más nacionalista

Allí aparece la primera posibilidad para su futuro. Villarruel puede intentar construir una derecha distinta de la que representa Milei.

Comparte con el Presidente posiciones conservadoras, una mirada dura sobre la seguridad y una interpretación revisionista de la violencia política de los años setenta. Las diferencias aparecen en la relación con la Nación, la producción y el lugar de la Argentina en el mundo.

Milei organizó su identidad internacional alrededor de Estados Unidos, Israel, la apertura comercial y la reivindicación del mercado. Villarruel coloca en primer plano a las Fuerzas Armadas, Malvinas, la industria nacional, el campo y una idea más tradicional de soberanía.

Este sábado volvió a mostrar ese perfil en ExpoVenado. Reclamó el fin de las retenciones para el agro y la industria y convocó a pensar el futuro por encima de las candidaturas y los partidos. El mensaje económico todavía puede convivir con el programa libertario. El lenguaje de unidad nacional y producción argentina empieza a separarse de él.

Esa combinación podría atraer a votantes de derecha decepcionados con Milei, sectores militares, conservadores provinciales y una parte del peronismo que rechaza al kirchnerismo, pero tampoco se identifica con la apertura irrestricta de la economía.

La vicepresidenta podría ofrecer orden sin anarcocapitalismo, nacionalismo sin kirchnerismo y conservadurismo sin subordinación a los hermanos Milei.

Por ahora, esa oferta es apenas una identidad discursiva.

La vía de los gobernadores

La segunda alternativa consiste en vincularse con una construcción federal. Villarruel intensificó sus viajes al interior, participó de actos con gobernadores de distintos partidos y buscó mostrarse cerca de las economías regionales.

Su presencia en Tucumán durante el 9 de Julio fue especialmente significativa. Milei no viajó y Villarruel ocupó el centro de la escena junto con Osvaldo Jaldo. Allí dejó abierta la posibilidad de competir en 2027 y reforzó su defensa de la industria nacional.

Los gobernadores dialoguistas también buscan una posición entre el kirchnerismo y La Libertad Avanza. Necesitan una figura nacional, mientras Villarruel necesita territorio, partidos y candidatos. La complementariedad parece evidente.

Victoria Villarruel mantuvo una reunión con gobernadores para abordar la agenda federal y la situación de las provincias.

El problema es que los gobernadores no suelen invertir en proyectos presidenciales débiles. Jaldo, Raúl Jalil, Gustavo Sáenz y otros mandatarios negocian con todos, pero no entregan fácilmente su estructura. Pueden recibir a Villarruel, compartir una crítica al Gobierno y luego acordar una ley con la Casa Rosada.

La vicepresidenta funciona hoy como una interlocutora útil. Convertirse en la candidata de ese universo requeriría algo más que buenas fotografías.

Una candidatura para dividir a Milei

La tercera posibilidad resulta menos ambiciosa y, al mismo tiempo, más inquietante para el Gobierno. Villarruel podría presentarse en 2027 aun sin posibilidades claras de ganar.

Una candidatura suya disputaría una parte del electorado que Milei considera propio. No necesita llegar al balotaje para resultar decisiva. Alcanzaría con restarle algunos puntos al oficialismo, especialmente entre los votantes nacionalistas, conservadores y desencantados con la conducción de Karina Milei.

Esa hipótesis explica una parte de la violencia con la que la Casa Rosada responde a cada movimiento suyo. El Gobierno busca definirla anticipadamente como traidora, asociarla con el kirchnerismo y evitar que conserve la identidad libertaria con la que llegó a la vicepresidencia.

Villarruel intenta lo contrario. Se presenta como una de las fundadoras del triunfo de 2023 y sostiene que fueron otros quienes abandonaron las promesas originales. La disputa ya no consiste solamente en quién acompañará a Milei. También se discute quién tiene derecho a representar a los votantes que llevaron a La Libertad Avanza al poder.

El problema de la estructura

La mayor debilidad de Villarruel sigue siendo evidente. Tiene imagen pública, una agenda reconocible y un cargo institucional, pero carece de una organización nacional.

No controla legisladores, gobernadores ni intendentes. Tampoco posee un partido consolidado. Los dirigentes que alguna vez le respondieron se alejaron, fueron absorbidos por La Libertad Avanza o conservan estructuras demasiado pequeñas para una elección presidencial.

Su popularidad puede crecer como consecuencia del enfrentamiento con Milei. Eso no significa que pueda transformarla automáticamente en votos. Una cosa es ser la vicepresidenta maltratada por el Gobierno y otra muy diferente encabezar una campaña, financiarla, presentar listas y fiscalizar en todo el país.

Villarruel parece consciente de esa limitación. Por eso evita lanzar una candidatura demasiado pronto y conserva abiertas distintas conversaciones. Puede acercarse a los gobernadores, dialogar con sectores del peronismo no kirchnerista, seducir a una parte del PRO o esperar que las dificultades del Gobierno produzcan dirigentes disponibles.

Milei la trata como opositora. La oposición la observa como una posible herramienta para dividir al oficialismo. Los gobernadores la reciben sin comprometerse. Ella permite que todos imaginen un futuro diferente.

Ese es el enigma Villarruel. Puede estar construyendo una candidatura presidencial, buscando un espacio dentro de una coalición federal o simplemente acumulando poder para sobrevivir después de 2027.