Noche redonda en Turdera. Temperley goleó 3-0 a Los Andes en el estadio Alfredo Beranger por la 25ª fecha de la Primera Nacional y se quedó con el clásico N° 100 de la historia entre ambos equipos de Lomas de Zamora.
Los celestes coronaron la fiesta con un gesto que emocionó a los más chicos: los jugadores repartieron juguetes en las tribunas, en el marco de las celebraciones por el Día de las Infancias.
El equipo dirigido por Nicolás Domingo golpeó temprano. A los 13 minutos del primer tiempo, Gabriel Hauche anticipó a Sebastián López y capitalizó una bajada de cabeza de Lucas Angelini tras un centro de Marcos Echeverría para abrir el marcador.
A los 2 minutos del complemento llegó el segundo: centro de Lorenzo Monti y Pedro Souto apareció por el segundo palo para el 2-0. Los Andes se quedó con diez por la expulsión de Mauricio Asenjo y sobre el final, Fernando Brandán ganó una corrida y liquidó el partido con el 3-0 definitivo.
Con la victoria, Temperley cortó una racha de dos derrotas y se subió al tercer puesto de la Zona B. Los Andes, en cambio, acumuló su tercera caída al hilo en el arranque de la segunda rueda y quedó fuera del Reducido.

El arquero Ezequiel Mastrolía fue una de las figuras del partido con varias intervenciones clave, sobre todo en un primer tiempo en el que la visita mereció el empate. El árbitro Felipe Viola condicionó el encuentro con la roja a Asenjo.
Además del festejo deportivo, la jornada dejó una postal para guardar. Los jugadores del Gasolero, tras el pitazo final, repartieron juguetes entre los chicos que colmaron el Beranger, en el marco de las actividades organizadas por el club por el Día de las Infancias.
Un ida y vuelta que combinó pelota, aliento y solidaridad, y que puso el moño a una tarde inolvidable para la parcialidad Celeste. Los menores de 12 años, además, habían ingresado gratis con el bono "Día del Club" que la institución dispuso para el clásico.
El duelo tuvo doble carga simbólica: fue el clásico N° 100 entre las dos instituciones y volvió al Beranger después de más de una década. Para Temperley, se transformó en una tarde perfecta.
Para Los Andes, en una jornada para el olvido que obliga a replantearse cosas de cara al tramo decisivo del torneo.