Irán advirtió que abandonará su postura defensiva y pasará a una estrategia “completamente ofensiva” si Estados Unidos no cumple en las próximas semanas el acuerdo provisional destinado a detener la guerra. La amenaza incluye operaciones en el estrecho de Ormuz y un posible ataque para romper el bloqueo naval que asfixia la principal fuente de ingresos de Teherán.
Un alto funcionario iraní sostuvo que la respuesta sería “oportuna y precisa” si fracasan las gestiones diplomáticas. El ultimátum eleva el riesgo sobre la ruta por donde circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados mundialmente. Cualquier choque puede trasladarse con rapidez a los combustibles, el transporte y los alimentos.

Las dos partes alcanzaron en junio un entendimiento transitorio, pero la tregua se desarmó rápidamente. Irán acusa a Washington de incumplir compromisos vinculados con sanciones, activos congelados y navegación comercial. Estados Unidos sostiene que Teherán utiliza el control del estrecho como presión y mantiene fuerzas navales para impedir movimientos iraníes considerados hostiles.
El tránsito por Ormuz permanece muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra. Numerosos buques modificaron itinerarios, apagaron transmisores o quedaron a la espera de condiciones más seguras. Las aseguradoras aumentaron primas y varias refinerías asiáticas comenzaron a buscar suministros alternativos, aunque ninguna ruta puede reemplazar completamente el volumen del Golfo.
El estrecho separa a Irán de Omán y tiene unos 33 kilómetros en su punto más angosto. Sus canales navegables son todavía menores, lo que permite vigilar y amenazar embarcaciones con misiles, drones, minas o lanchas rápidas. Esa geografía convierte al paso en una herramienta estratégica mucho más poderosa que su tamaño.
La presión económica también golpea a la sociedad iraní. Los ataques contra infraestructura, la pérdida de exportaciones, la inflación y las sanciones deterioraron el valor de la moneda y el poder adquisitivo. Las autoridades temen que nuevas restricciones alimenten protestas como las reprimidas en enero.

Washington, por su parte, amenaza con profundizar el aislamiento económico. Esa política puede debilitar al gobierno iraní, pero también reducir los incentivos para negociar si Teherán concluye que solamente una demostración militar puede modificar la situación.
La próxima etapa dependerá de si los mediadores convierten el acuerdo provisional en obligaciones verificables. Sin un calendario para aliviar el bloqueo y garantizar la navegación, cada parte puede interpretar la espera como una derrota. En Ormuz, donde barcos militares y comerciales operan en espacios reducidos, un error puede transformar una amenaza calculada en una guerra regional todavía más amplia.